El arresto de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos abrió una escena inédita para Venezuela y provocó reacciones inmediatas entre los millones de ciudadanos que abandonaron el país en la última década. Mientras un alto diplomático describió el momento como “un nuevo amanecer para Venezuela”, entre la diáspora el entusiasmo inicial convive con una fuerte prudencia frente a la continuidad del poder político y de las estructuras de seguridad.
Según reconstruyó la agencia AFP en un despacho firmado por la periodista Clare Byrne, la salida forzada de Maduro generó escenas de júbilo en comunidades venezolanas de distintos países. Muchos exiliados recordaron las penurias que los empujaron a irse y la posibilidad, largamente postergada, de volver a ver a sus familias. Sin embargo, la persistencia de las mismas autoridades en el gobierno interino moderó rápidamente ese clima.
“No hay transición”, afirmó a AFP la socióloga y defensora de derechos humanos Ligia Bolívar, radicada en Colombia desde 2019. “Nadie en esa circunstancia va a salir corriendo para Venezuela”, sostuvo, al destacar que la captura de Maduro no implicó un cambio inmediato en el poder real. En la misma línea, Alejandro Solórzano, de 35 años, resumió su percepción mientras aguardaba en un consulado venezolano: “Todo está igual”.
Entre los factores que sostienen la cautela aparecen la fragilidad económica y el temor al aparato de seguridad. Muchos exiliados señalaron que, desde el exterior, pueden trabajar y enviar remesas, mientras observan con preocupación el despliegue de fuerzas y grupos armados afines al gobierno en Caracas para contener celebraciones por la caída de Maduro.
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Las primeras señales políticas tras la captura también alimentaron la incertidumbre. El presidente estadounidense Donald Trump se mostró dispuesto a trabajar con la presidenta interina Delcy Rodríguez, quien asumió al frente de un gabinete que conserva a figuras clave como el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y el de Defensa, Vladimir Padrino. Cabello, en particular, es recordado por su rol en la represión de las protestas poselectorales de 2024, que dejaron miles de detenidos.
Desde Europa, la Unión Europea reclamó que cualquier proceso de transición incluya a la líder opositora María Corina Machado y a Edmundo González Urrutia, a quien la oposición atribuye el triunfo en las presidenciales de 2024. No obstante, dentro de la diáspora también hay quienes consideran que ese escenario aún no está maduro. Andrea, asesora de inmigración radicada en Buenos Aires, opinó que la definición política dependerá del control que logre Washington sobre la situación interna.
Otros analistas y activistas consultados por AFP coincidieron en que el proceso será gradual. El politólogo Luis Peche, sobreviviente de un atentado en Bogotá el año pasado, planteó la necesidad de una transición negociada que preserve parte del aparato estatal para evitar un colapso. En sintonía, la experta en derechos humanos Tamara Suju, desde España, describió la continuidad del elenco gobernante como un “mal necesario” en el corto plazo.
Mientras tanto, el regreso sigue siendo una promesa a futuro. Edwin Reyes, un trabajador venezolano que vive en Colombia desde hace ocho años, lo expresó con resignación: “¿Qué me cuesta esperar tres, cuatro o cinco meses más?”. Para buena parte de la diáspora, el amanecer anunciado todavía se percibe lejano.
GD CP