INTERNACIONAL
Análisis

Venezuela y el nuevo orden internacional basado en la fuerza

La captura de Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, en el marco de una operación militar especial de los Estados unidos, abrió interrogantes sobre el futuro de Venezuela, de la región y del orden internacional.

Swearing In Ceremony For Venezuela's Constituent Assembly
Swearing In Ceremony For Venezuela's Constituent Assembly | Fotógrafo: Bloomberg

Nicolás Maduro fue un dictador despiadado, que se perpetró durante 15 años en el poder de Venezuela mediante fraudes electorales, represión y encarcelamiento de opositores, corrupción masiva, alianzas con cárteles del narcotráfico y violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Ahora bien, la captura y extracción de Maduro junto a su esposa, Cilia Flores, en el marco de una operación militar especial de los Estados Unidos, abre profundos interrogantes sobre el futuro de Venezuela, de la región y del orden internacional.

Primero, cabe preguntarse si es posible avanzar en una transición democrática en las condiciones actuales, con Estados Unidos tomando el control del país, estableciendo un gobierno provisional sin plazos y sin mayores detalles sobre cómo estará conformado y cómo funcionará.

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El presidente estadounidense, Donald Trump, no habló de democracia o derechos humanos tras la captura de Maduro. Incluso, ninguneó al presidente electo en 2024, Edmundo González Urrutia, y directamente despreció a su madrina política y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado: “Es una mujer agradable, pero no tiene el apoyo ni el respeto de la gente de Venezuela”. En cambio, EEUU decidió entablar negociaciones con la vicepresidenta de la dictadura, la tenebrosa Delcy Rodríguez.

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Transición en Venezuela

Todo indica que Trump apuesta a la continuidad provisoria del régimen chavista en vistas de asegurar el suministro petrolero lo antes posible y al menor costo posible. Luego, quien sabe cuándo, se impulsarían elecciones libres. El “narcoterrorismo” fue la excusa mediática y judicial para la intervención que, de todas formas, se hizo de espaldas a la Constitución y al Congreso de EEUU.

El otro escenario probable en Venezuela, de fracasar el proceso de supuesta transición democrática iniciado por EEUU, es el de una guerra civil, de alta o baja intensidad, de acuerdo con cómo se configuren los bandos en disputa y el grado de involucramiento que pueda mantener EEUU. Como sea, estaríamos ante una crisis humanitaria de enormes proporciones que alguien deberá resolver.

Por otra parte, el precedente político y jurídico que sienta esta intervención militar, a espaldas del Congreso norteamericano y del derecho internacional, retrotrae a la región a los tiempos más oscuros de la Guerra Fría. Pero sin bloques ideológicos con los que rivalizar, en un mundo altamente inestable y multipolar. Para colmo, en una región fragmentada y vulnerable al extremo.

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Nicolás Maduro.

La reciente votación dividida sobre el caso Venezuela en el marco de la reunión de urgencia convocada por la CELAC así lo demuestra. Lo mismo sucederá próximamente en la OEA y otros organismos regionales en los cuales se debata el tema. Y qué decir de Brasil, principal potencia regional que infructuosamente intentó contener la intervención militar de EE.UU. Lula da Silva ha quedado muy descolocado.

Cabe destacar que el denominado “Corolario Trump” o “Doctrina Donroe” no tiene componentes ideológicos. Bajo el amplio paraguas de la “seguridad nacional” hace gala del doble estándar moral en el plano internacional y se basa puramente en el interés estratégico y económico. En este caso, como los ha expresado el propio Trump, el interés primordial es “recuperar nuestro petróleo”. O sea, el de los venezolanos, que ahora pasaría a manos de EEUU. Y no importa si para lograr eso la vía más directa implique la subsistencia del régimen anterior o, cuanto menos, de algunos personajes clave que garanticen el proceso. “Estamos dispuestos a cooperar con EEUU”, dijo Delcy Rodríguez.

En ese contexto, que a Maduro le haya llegado la hora de la justicia, como muchos hoy celebran, está por verse. Ya siendo juzgado en los tribunales de Nueva York, ojalá que así sea. Mientras tanto, el hondureño Juan Orlando Hernández, capturado en 2022 por EEUU por vínculos con el narcotráfico, fue recientemente indultado por Trump por razones de conveniencia política. Así como persigue y captura, también perdona según su humor y circunstancias.

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Escenario próximo

El próximo objetivo de EE.UU. en la región seguramente sea Cuba, un régimen tambaleante y asfixiado económicamente. Trump también apuntó contra Colombia, México y Dinamarca, por Groenlandia. Pero cualquier país puede eventualmente ser el próximo objetivo de Trump. Incluida la Argentina, el día que dejemos de ser un gobierno “amigo” y haya intereses que lo ameriten. En nuestro caso, recordemos que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y otras figuras del gobierno norteamericano, como la generala Laura Richardson, ya hablaron sobre la importancia estratégica de los minerales críticos de la Argentina.

Finalmente, ¿qué actitud adoptarán China, Rusia, India, Turquía y otras potencias con intereses en Venezuela y la región? Por ahora, estos países han pronunciado duros rechazos diplomáticos a la intervención de EEUU. Más allá de lo que para ellos representa Venezuela, les preocupa el precedente para futuras intervenciones de EEUU, no sólo en América Latina. Asimismo: ¿Constituye Trump un incentivo para que estas potencias hagan lo propio en sus respectivas áreas de influencia? Un Trump que hasta incluso ha avalado públicamente la postura y “preocupaciones de seguridad” de Rusia en Ucrania.

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En ese sentido, la Unión Europea también ha reaccionado con extrema cautela y preocupación. Bruselas celebró la caída de Maduro, pero pidió respetar la Carta de las Naciones Unidas, que en la práctica ha quedado reducida a una mera hoja de papel. Por su parte, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, emitió un pedido desesperado a Trump para que revea su posición sobre Groenlandia, reivindicando la alianza histórica que ambos países han mantenido en el marco de la OTAN. “La necesitamos para nuestra seguridad nacional”, le replicó con frialdad Trump. Y se burló del poderío de la defensa danesa.

El mundo ha cambiado radicalmente. El derecho internacional ya no rige y la principal potencia militar global, otrora artífice del orden internacional de raigambre liberal y democrática de posguerra, ahora pregona abiertamente la vigencia de la ley del más fuerte hobbesiana en las relaciones internacionales. Ya no hay certezas ni barreras de contención normativas. Sólo prima la fuerza.

*Patricio Giusto. Analista internacional y docente universitario (UCA, UNLP y ZJU). Director Ejecutivo del Observatorio Sino-Argentino.

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