Francia se prepara para una nueva jornada de movilizaciones contra el aumento del costo de vida, con la participación de los chalecos amarillos, estudiantes y distintos sectores sindicales. Según explicó Juan Luis Francia, el Gobierno anunció un importante operativo de seguridad para contener las manifestaciones previstas para el 24 de octubre.
“Por momentos parecía que el Gobierno se estaba preparando para una guerra”, afirmó el periodista Juan Francia en Ronda de Corresponsales (RDC), por +Perfil, al describir el despliegue previsto, que incluiría unos 70.000 policías y gendarmes, además de helicópteros, drones y vehículos blindados.
Restricciones a las protestas y un amplio operativo de seguridad
Tras los incidentes registrados durante las protestas de la semana anterior, las autoridades decidieron restringir algunas movilizaciones y establecer toques de queda en determinadas zonas. Francia recordó que, aunque el derecho a manifestarse está protegido constitucionalmente, varias ciudades prohibieron las convocatorias de los chalecos amarillos, incluida París.
En cambio, las autoridades autorizaron una manifestación sindical en la capital. El contraste, explicó, responde también a la diferencia entre las organizaciones sindicales formalmente constituidas y un movimiento social espontáneo, sin una estructura institucional definida.
“Los chalecos amarillos no representan desde el punto de vista institucional a nadie. Es un movimiento social transversal, espontáneo”, señaló.
Pese a las restricciones, los estudiantes secundarios y otros manifestantes mantienen su intención de continuar con las movilizaciones. Para Francia, existe una voluntad firme de sostener las protestas, en un escenario donde confluyen reclamos económicos, laborales y políticos.
Una nueva convergencia de luchas y el llamado a la huelga general
El analista recordó que la falta de liderazgo centralizado fue históricamente una característica ambivalente de los chalecos amarillos. Durante las protestas de 2018 y 2019, esa organización horizontal dificultó los intentos oficiales de controlar el movimiento.
Francia también recordó la violencia de la represión de aquella etapa. Según relató, “más de 35 personas perdieron un ojo con el balance de la represión, más de 6 personas perdieron manos”.
Posteriormente, el Gobierno impulsó instancias de diálogo conocidas como los cuadernos de quejas, destinadas a recoger las reivindicaciones ciudadanas. Sin embargo, el periodista sostuvo que esos mecanismos no produjeron respuestas concretas a los reclamos.
“Ninguna de sus reivindicaciones fueron tomadas en cuenta”, afirmó, al explicar por qué considera que el movimiento vuelve a las calles con desconfianza hacia las promesas oficiales.
La tensión también alcanza a los sindicatos, que cuestionaron la falta de respuestas del primer ministro, Sébastien Lecornu, y amenazaron con profundizar las medidas de fuerza. La huelga general fue convocada para el 5 de noviembre.
Francia advirtió, además, sobre el endurecimiento del discurso político contra los manifestantes, con expresiones que justifican respuestas violentas. En ese contexto, sostuvo que “no se puede divorciar totalmente este atentado con el clima que está viviendo la sociedad francesa”, en referencia al atentado mencionado durante la entrevista.