Las declaraciones de Javier Milei sobre los indicadores económicos abrieron una nueva discusión sobre cómo interpretar el actual nivel de actividad. El Presidente sostuvo que los cambios estructurales de la economía pueden distorsionar particularmente las series desestacionalizadas y aseguró que por ese motivo el Gobierno observa con mayor atención la tendencia-ciclo. El planteo se produjo después de que el INDEC informara una caída desestacionalizada del 2,9% del EMAE en julio y un retroceso interanual del 5% de la producción industrial manufacturera.
“Está habiendo, producto de la ausencia de políticas productivas, o mejor dicho, de la exclusividad del RIGI, un cambio estructural donde se achica la estructura de pymes en Argentina y crece y volvemos un modelo más exportador, más extractivista”, sostuvo Gastón Alonso, economista de la Fundación Innovación con Inclusión, durante Ronda de Economistas en +Perfil.
“A mí me parece que efectivamente está habiendo un cambio estructural, lo que pasa que bajo mi perspectiva es un cambio malo para la sociedad argentina”, agregó Alonso. El economista señaló que observa una mayor incidencia del agro y la minería, sectores que también tienen una presencia importante entre los proyectos incorporados al RIGI, que incluye iniciativas de litio, cobre, oro, petróleo, gas y fertilizantes.
“Los números siguen siendo los que siguen diciéndolo, mostrando la realidad”, contrapuso Federico Poli, consultor de Sistémica y exjefe de Gabinete del Ministerio de Economía. Para el economista, una modificación en la estructura productiva puede obligar a interpretar de otra manera algunos indicadores, pero no constituye por sí misma una razón para descartar las estadísticas.
El debate sobre qué muestran los indicadores
“Decir que las estadísticas no están mostrando la realidad me parece demasiado”, afirmó Poli. Milei había sostenido en su entrevista con Luis Majul que “los indicadores están arrojando cualquier cosa” y atribuyó esa situación a los cambios estructurales que, según su diagnóstico, está atravesando la economía.
“Todos pueden haber trabajado una hora con aplicaciones o con changas y eso no significa nada”, ejemplificó Poli al trasladar la discusión hacia el mercado laboral. Su argumento fue que ningún indicador aislado alcanza para describir toda una realidad económica y que la tasa de desempleo debe analizarse junto con la calidad del empleo, las horas trabajadas, los ingresos y la informalidad.
“Hay que mirar qué está pasando adentro de los mercados”, fue el eje de su planteo. El INDEC informó una tasa de desocupación del 7,9% en el segundo trimestre de 2026, mientras que los economistas discutieron hasta qué punto ese dato permite captar transformaciones como el crecimiento del empleo por aplicaciones o de las actividades informales.
Los sectores industriales bajo presión
“La textil viene con números muy malos, por la apertura, también por el tipo de cambio, sobre todo más que nada por la apertura”, sostuvo Ezequiel Vega, analista de Mercados Internacionales. También mencionó dificultades en la industria automotriz, la metalurgia y la metalmecánica, actividades más expuestas a la competencia de productos importados.
“Si Brasil devaluara el tipo de cambio, te complica aún más todavía el escenario”, advirtió Vega. El razonamiento apunta al peso de Brasil como principal socio comercial de la Argentina y a cómo una modificación significativa del real podría alterar la relación de precios entre las producciones de ambos países.
“A este tipo de cambio real hay actividades que tienen muchas dificultades para competir”, fue uno de los ejes del intercambio. Para Vega, una combinación de apertura comercial y apreciación cambiaria puede acelerar la presión sobre aquellos sectores industriales cuyos costos domésticos se mantienen por encima de los de sus competidores externos.
El reclamo desde el sector minero
“Parte de lo que se está representando este tipo de cambio en el sector exportador es malísimo”, sostuvo Pablo Rutigliano, fundador de la Cámara Latinoamericana del Litio. El especialista planteó que el debate sobre la minería no debería concentrarse únicamente en el crecimiento de las exportaciones, sino también en cuánto valor permanece efectivamente dentro del país.
“Todo ese valor no ha quedado en Argentina”, afirmó al cuestionar la relación entre el incremento de la actividad minera y su impacto en las economías provinciales. Su planteo puso el foco en la localización de las casas matrices, la infraestructura, el empleo y la capacidad de transformar los recursos antes de exportarlos.
“Hay que mirar qué queda en las provincias donde se produce”, fue la idea que atravesó su intervención. El RIGI continúa sumando proyectos mineros durante 2026, entre ellos ampliaciones de producción de litio y desarrollos de cobre, oro y plata, por lo que la discusión sobre encadenamientos productivos y desarrollo regional gana peso a medida que avanzan esas inversiones.
“Efectivamente está habiendo un cambio estructural”, había señalado Alonso al comienzo del intercambio. La discusión entre los economistas quedó concentrada entonces menos en si la estructura productiva está cambiando que en qué consecuencias tendrá esa transformación y hasta qué punto los indicadores tradicionales necesitan nuevas lecturas para describirla.