El sociólogo y ensayista Eduardo Grüner analizó la posibilidad de recuperar la figura del “sujeto fuerte” asociada al pensamiento de Jean-Paul Sartre y repasó algunas de las tensiones políticas que atravesaron al filósofo francés. En diálogo con Osvaldo Quiroga, también abordó su relación con el Partido Comunista Francés, el estalinismo y la ruptura producida después de la intervención soviética en Hungría en 1956.
“Yo no sé si se puede. Creo que es una aspiración no solamente legítima, sino necesaria”, respondió Grüner ante la posibilidad de volver sobre aquella concepción del sujeto. Aclaró, sin embargo, que cualquier intento debería incorporar todo lo que ocurrió después, desde Freud y el psicoanálisis hasta el giro lingüístico y las críticas posteriores a las categorías tradicionales de subjetividad.
Recuperar a Sartre en otro contexto
Para Grüner, ese regreso no tendría que significar desconocer las transformaciones del pensamiento contemporáneo. “Creo que es el momento de cometer el disparatado anacronismo de traer de nuevo a un personaje como Sartre”, sostuvo al explicar por qué considera productivo volver sobre su obra.
La elección también tiene una dimensión personal, ya que Grüner se reconoce como lector de Sartre desde muy joven. “Es una aspiración no solamente legítima, sino necesaria”, insistió, al vincular esa recuperación con un presente que describió en términos de deterioro cultural, lingüístico e intelectual.
El sociólogo habló incluso de una “absoluta degradación y abyección de la cultura, de la lengua” para justificar ese movimiento hacia figuras clásicas del pensamiento crítico. En ese escenario, consideró que recuperar a Sartre puede funcionar como una provocación intelectual, aun aceptando sus límites y contradicciones.
Las tensiones con el Partido Comunista
La conversación avanzó luego sobre la relación de Sartre con el Partido Comunista Francés. Grüner reconoció la complejidad de aquel vínculo y señaló que “Sartre prefirió no polemizar con el Partido Comunista francés para no darle pasto a la fiera” durante el clima político de la posguerra.
Esa postura estuvo atravesada por el contexto de la Guerra Fría y el macartismo, cuando Sartre evitó en determinados momentos una confrontación frontal con el comunismo francés. “No darle pasto a la fiera” sintetizó, según Grüner, una estrategia política que no implicaba necesariamente una adhesión sin reservas.
Hungría y la ruptura definitiva
El punto de quiebre llegó con la intervención soviética en Hungría en 1956. “Pero vino la intervención en Hungría en 1956 y eso fue la ruptura absoluta”, afirmó Grüner al ubicar allí un giro decisivo en la trayectoria política del filósofo.
A partir de entonces, explicó, Sartre rompió con el Partido Comunista y profundizó sus críticas al estalinismo. “Sartre no quiso nunca más saber nada con el Partido Comunista y escribió un tremendo libro que se llama El fantasma de Stalin en contra de la invasión a Hungría”, señaló.
El hallazgo de una edición sobre Trotsky
Grüner también recordó un episodio personal que vinculó con ese desplazamiento político de Sartre. “Yo hice un descubrimiento hace dos o tres años nada más, muy sorprendente, en una librería de viejo de Montevideo”, contó.
Allí encontró los tres tomos de la biografía de León Trotsky escrita por Isaac Deutscher en una edición francesa vinculada a Sartre. Para Grüner, ese hallazgo sumó otra pieza a una trayectoria intelectual atravesada por tensiones y desplazamientos: “Fue un descubrimiento muy sorprendente”, recordó al vincularlo con el progresivo alejamiento del filósofo respecto del estalinismo.