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MODO FONTEVECCHIA
Editorial de Jorge Fontevecchia

Día 1017: El sábado rojo y Kicillof, izquierda posible e imposible

De la «Marcha de la Bronca» a la «Organizar la esperanza»: Bregman y Kicillof encarnan dos formas opuestas de enfrentar al Gobierno. Entre el asedio de La Cámpora, el recelo de los mercados y las lecciones alemanas, el mapa de la oposición se debate entre reformar el sistema o acelerar sus contradicciones.

Día 1017 editorial JF
Día 1017 editorial JF | +Perfil

Durante el sábado, dos sectores de la izquierda desplegaron acciones políticas. Estas escenificaban su estrategia para ser alternativa al Gobierno de Milei. Por un lado, Myriam Bregman encabezó la “Marcha de la Bronca” junto al resto de la izquierda. Desde esa tribuna se planteó la necesidad de impulsar una resistencia activa en las calles a Milei. Además, se enfatizó la distancia respecto al peronismo y al resto de la oposición. Por otro lado, en Avellaneda, Axel Kicillof encabezó el encuentro federal de su organización, Movimiento al Futuro. Por eso titulamos esta columna “Sábado rojo”, término que acuñó Juan Rezzano, periodista de Letra P.

El kicillofismo hizo su acto bajo el lema “Organizar la esperanza”. Durante el encuentro, el gobernador bonaerense planteó que la alternativa al gobierno de Milei implica una salida colectiva. Por eso, llamó a conformar un frente amplio que defina sus candidaturas en las PASO. Un día después, el domingo, como ya anticipamos la semana pasada en Alemania, en medio de una ola de triunfos electorales de la extrema derecha, Die Linke (la izquierda alemana) salió primera en las elecciones regionales de Berlín. Ahora resta realizar negociaciones con el Partido Verde y la Socialdemocracia para formar gobierno. Su estrategia se basa en una izquierda de gestión. Propone respuestas concretas y muestra capacidad para negociar con otros espacios.

Linkeado con esto, Kicillof encaró su discurso desde la reivindicación del rol de gobernadores e intendentes frente a la motosierra de Milei.

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En la narrativa de Kicillof, el ajuste se siente menos gracias a gobernadores e intendentes que hacen malabares con la gestión para poder seguir haciendo obra pública, pagando los sueldos y cuidando a la población. En ese sentido se diferencia del kirchnerismo cuando este acusa a los gobernadores que votan con Milei intercambiando favores de coparticipación. Según Kicillof, estos simplemente están enfrentando los aprietes y la extorsión del Gobierno como pueden, mientras que según el kirchnerismo son traidores.

Decíamos entonces que durante el “sábado rojo” se escenificaron las diferentes perspectivas de la izquierda. Organizar la bronca, como era el eslogan de la marcha convocada por el Frente de Izquierda, implica, en el contenido que Bregman busca darle, una salida anticapitalista. Intenta sumar voluntades para que se entienda que el problema no es solo Milei. El problema es el capitalismo y todos los partidos que lo defienden. Su estrategia no apunta a resolver demandas en el mediano plazo. No hay una propuesta para solucionar los problemas inmediatos de la sociedad.

Según esta visión, no tienen solución dentro de los márgenes del actual sistema productivo, es decir, el capitalismo. En cambio, la “esperanza” de Kicillof plantea una mirada diferente. Tomando a Vaca Muerta como significante total de los recursos energéticos que ingresarán. A partir de allí, se sostiene que se puede avanzar en un capitalismo no excluyente, en el que quepan todos los argentinos. Esa salida incluye a la centroderecha y a los demás partidos de oposición.

Ante este panorama, la izquierda debe reevaluar su postura. Debe decidir si prefiere actuar como grupo de presión por conquistas inmediatas dentro de un proyecto kicillofista para derrotar a la extrema derecha, o si prefiere continuar su acumulación política acelerando las contradicciones para una meramente declamativa salida anticapitalista.

Por su parte, Kicillof debe medir bien sus pasos. Se asemeja a un equilibrista que camina por la cuerda floja entre dos edificios. En primer lugar, su identidad es la de alguien que proviene de la izquierda, no del peronismo tradicional. Él fue quien nacionalizó el 51% de YPF. También enfrentó a los llamados bonistas privados (holdouts) en 2015. Esto provoca que los mercados lo miren con resquemor. A su vez, busca independencia de Cristina Kirchner y apuesta por liderar su propio movimiento. Esta postura lo enfrenta abiertamente con la principal accionista electoral del peronismo. Esto genera que diferentes aliados de Cristina como Berni y Guillermo Moreno recuerden su procedencia izquierdista para criticarlo. Volvamos a ver clips de ellos al respecto.

A su vez, Moreno se apoyó en Berni para plantear que el resto del peronismo no debería ir en la misma lista que Kicillof. Recordémoslo.

Es interesante que La Cámpora, que en su nombre y en su concepción se plantea como la izquierda del peronismo con reivindicación setentista, se alíe a la derecha del peronismo contra Kicillof. Moreno pro-Trump y Berni declaradamente de derecha. ¿Por qué será? Es una pregunta que queda para que responda un representante de este espacio. También queda en el aire la llamativa cercanía entre las críticas de estos sectores y la del propio Milei. Vamos a escucharlo.

Como ven, Milei lo acusa de izquierdista, al igual que Berni y Moreno, los aliados de Cristina y La Cámpora.

Al mismo tiempo, Kicillof tiene a Bregman compitiendo por la izquierda. Cada vez que da señales promercado —ya sea en reuniones con empresarios del círculo rojo o dándole la mano a Mauricio Macri—, La Cámpora lo acusa de apoyar al establishment y no defender a Cristina. En simultáneo, Bregman crece criticándolo desde la izquierda.

Por otro lado, cada vez que plantea la necesidad de cambiar el rumbo económico, su eventual triunfo ante Milei genera incertidumbre en los mercados. Cada paso en falso puede hacerlo caer de ese delicado equilibrio sobre el que construye su poder.

Parte de este equilibrismo se evidencia en el viaje que realizará mañana. Kicillof irá a Nueva York y visitará tanto a inversionistas de Wall Street como al alcalde socialista Zohran Mamdani.

Asimismo, su principal bastión es la provincia de Buenos Aires. Se trata de un territorio loteado por intendentes con agenda propia. Si aspira a la candidatura presidencial, debe evitar las definiciones demasiado tajantes. Es algo que viene haciendo con bastante éxito. Guarda las partituras de las nuevas canciones. Probablemente las ejecute si logra consolidarse como el único candidato del peronismo. Mientras tanto, resiste el asedio económico de Milei, que intenta ahogar financieramente a la provincia con su ya recortada coparticipación. Frente a esto, Kicillof busca sostener la gestión y mostrar resultados concretos.

Desde el comienzo del capitalismo, la izquierda se debatió entre reformarlo o abolirlo. Con los años, se pudieron ver las dos experiencias. Socialdemocracias construyendo el Estado de bienestar más avanzado del mundo en Europa y luego estando al frente de planes de austeridad que sepultaron su legitimidad. En nuestro país, la izquierda se debate exactamente lo mismo, pero en concreto siempre la discusión se reduce a una aplicación de grados, de cuánto cambiar y cuánto conservar, en un contexto determinado.

Esto recuerda a la célebre máxima de Otto von Bismarck que define a la política como “el arte de lo posible”. Esta frase sintetiza el núcleo de la Realpolitik: la idea de que la construcción del poder no se rige por ideales abstractos, dogmas o voluntarismos, sino por la lectura fría de la realidad y la correlación de fuerzas del momento. Para el canciller prusiano, el verdadero estadista no busca imponer utopías inviables ni se estrella contra las circunstancias por terquedad ideológica, sino que calcula de forma quirúrgica los recursos disponibles, las oportunidades del contexto y los desvíos necesarios —incluso mediante alianzas pragmáticas o concesiones parciales— para alcanzar objetivos concretos dentro de los márgenes que el terreno real efectivamente permite.

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La política como el “arte de lo posible” permite tener dos acepciones. Es decir, la de la política como el arte de realizar lo posible antes que lo deseable y la de la política como arte para hacer posible lo imposible.

Cuando Alfonsín impulsaba el Juicio a las Juntas Militares, los revolucionarios sandinistas decían que eso era imposible, porque los militares eran los que tenían las armas y nunca se iban a dejar juzgar por civiles desarmados. El presidente del retorno a la democracia leyó un momento de la sociedad, una determinada correlación de fuerzas y sumó voluntades para ir a por lo imposible. Luego, cuando ocurrió el levantamiento, trató de negociar y no perder lo conquistado. Que sigan juzgadas las cúpulas y no avanzar con el resto. En otras circunstancias, Menem mandó a reprimir el levantamiento militar, logró algo bastante difícil: que un militar le dispare a otro, pero luego dio los indultos. Todo eso generó las condiciones de posibilidad para que el kirchnerismo avanzara con los juicios. Lo que queremos decir con esto es que aun la lucha por lo que parecía imposible, inclusive para quienes habían hecho una revolución, se fue haciendo a través de pasos concretos, buscando avances en los escenarios posibles.

La tarea de Kicillof es muy difícil. Debe ofrecer una alternativa que despierte las esperanzas en la mayoría social que sufre por la motosierra de Milei, a la vez sin asustar demasiado a los mercados ni perder demasiados votos con la izquierda, utilizando parte de los votos del kirchnerismo sin subordinarse ni romper con Cristina. Ese delicado equilibrio le deja poco margen de acción, pero si lo logra, luego tendrá el Gobierno y si efectivamente lo logra en el marco de una coalición, estará atravesado por duras negociaciones.

Por su parte, Bregman parece que estuviese inscripta en la acepción de la política como arte de hacer posible lo imposible. Sin embargo, parte de la idea de que es imposible ofrecer realmente una alternativa a la sociedad dentro de los márgenes del capitalismo. Por eso, su candidatura es una propuesta voluntarista de largo plazo. Plantea una salida anticapitalista para cuando una mayoría de la sociedad busque un cambio revolucionario. En algún sentido, abandona la pelea por la solución real de los problemas concretos en el corto plazo.

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Si Kicillof estuviese a la izquierda de lo posible, es decir, si decimos que el gobernador bonaerense ofrece una salida más de izquierda frente a las alternativas posibles a Milei, podríamos decir que Bregman está a la derecha de lo imposible. Porque si tomamos la situación concreta de los sectores vulnerables como indicador de ser de izquierda, su perspectiva anticapitalista está por encima de un alivio real a sus padecimientos. Al menos así parece verse desde afuera de ese espacio. Lógica y abiertamente, Myriam Bregman está invitada al programa para aclarar esta pregunta: ¿Prefiere ganar en un frente con contradicciones y pelear por aliviar la situación de los más vulnerables en el mediano plazo o que efectivamente pueda ganar Milei y continuar preparando una salida anticapitalista a largo plazo? Las palabras del sábado rojo vuelven a colocarse: ¿Bronca o esperanza?

Siempre trazar un paralelo con otros países es complicado, pero en Alemania, Die Linke deberá formar gobierno con la socialdemocracia, que es equivalente al kicillofismo en Argentina. Si no lo hiciese, le daría una nueva oportunidad a la extrema derecha para que avance en esta ciudad también.

Hoy, los dirigentes con mejor imagen son Myriam Bregman y Axel Kicillof y el gobernador bonaerense pelea palmo a palmo la intención de voto con Milei. Evidentemente lo que sucede en la izquierda es trascendente para el futuro del país. Esto es esperable luego de un período de cuatro años con las ideas en boga de la derecha y un desengaño tan fuerte para quienes esperaban mejorar su situación con la gestión de Milei. Esperemos que el debate que se abrió al respecto pueda servir para que una salida que mejore la situación de los argentinos se haga realidad.

Hoy, 21 de septiembre, un frío día de comienzo de la primavera y a la vez Día del Estudiante, recuerda que Kicillof surgió como dirigente de un movimiento estudiantil, “TNT: Tontos pero No Tanto” (como Bullrich pero de grado), nombre de aquella agrupación que podría resonar hoy como advertencia a La Cámpora y al peronismo de derecha para que no lo subestimen. Hace un año también, el septiembre anterior, Kicillof había ganado las elecciones en la provincia de Buenos Aires, las que luego en octubre ganó Milei a nivel nacional. La moneda está en el aire.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

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