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MODO FONTEVECCHIA
Editorial de Jorge Fontevecchia

Día 1032: ¿Cuál fue el error de campaña de Lula?

Apelar a la democracia y al sentimiento antiimperialista ya no alcanza para ganar elecciones. Cuando los grandes conceptos abstractos se alejan del precio de los alimentos y la vida cotidiana, la política corre el riesgo de hablarle a un electorado que ya no existe. ¿Por qué Lula y el progresismo regional se están volviendo extranjeros en su propia época?

Día 1032 editorial de Jorge Fontevecchia
Día 1032 editorial de Jorge Fontevecchia | +Perfil

Lula, en su campaña de 2022, reunió a casi toda la oposición a Jair Bolsonaro atrás de su figura y ganó en balotaje con tan solo el 1,8% de los votos. Su campaña se basó en defender la democracia y la soberanía de Brasil frente a los Estados Unidos. En la actualidad, utilizó la misma estrategia y perdió la primera vuelta contra el hijo de su anterior adversario, Flávio Bolsonaro, por casi los mismos 1,8 puntos porcentuales de diferencia. ¿Lula está apelando a valores y sentimientos mayoritarios?

Casi la mitad de los latinoamericanos preferiría un gobierno autoritario si este le generara mejores resultados económicos y casi el 60% valora como positiva la influencia de Estados Unidos en la región. Si bien Brasil tiene números más bajos en estos indicadores, al tratarse de un estudio llamado Latinobarómetro realizado en 2023, se presume que estos números se hayan radicalizado en todos lados.

Es decir, en 2022 Lula derrotó a Jair Bolsonaro, alguien que defiende abiertamente la dictadura militar brasileña e intentó hacer un golpe de Estado para no entregarle el poder, a la vez que promueve un alineamiento con Estados Unidos. En ese momento, la valoración democrática estaba cerca del 62% y la mitad de los brasileños valoraba la influencia de los Estados Unidos. Así y todo, Lula, apelando a estos elementos, solo ganó por 1,8%. Muy probablemente, estos indicadores empeoraron desde la perspectiva del líder del PT.

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De la misma manera sucedió en Argentina durante la elección de medio término del año pasado, en la que se vivió una directa injerencia de los Estados Unidos. Tanto el titular del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, como el presidente de ese país, Donald Trump, respaldaron económicamente al gobierno de Milei y el propio Trump aclaró que si Milei perdía, retiraría la ayuda económica, dando a entender que se vendría un descalabro económico. Cristina Kirchner, confiada en el sentimiento antiimperialista de la sociedad argentina, hizo un tuit interesante.

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Compartió una noticia con las palabras de Trump y dijo: “Argentinos, ya saben lo que tienen que hacer”. De alguna manera, apelaba a la propia estrategia de Braden o Perón llevada adelante en su primera elección por el líder del justicialismo. La respuesta fue lo contrario a lo que esperaba Cristina Kirchner y la enorme mayoría de los analistas. Lo sintetizó genialmente en ese momento Jorge Asís con una columna titulada: “Patria No, Colonia Sí”. Es decir, una inversión de los términos de la consigna antiimperialista del peronismo y la izquierda.

Volviendo a Brasil, ayer decíamos que probablemente Lula se esté volviendo extranjero en su época y esté apostando a movilizar ideas y sentimientos que no están tan presentes en la actualidad en la sociedad brasileña. Vamos a ver elementos de campaña en los que se centra en la defensa de la soberanía y la democracia.

La letra es una reversión en portugués de una canción de Bad Bunny, un artista latino de Puerto Rico que se hizo viral tras su aparición desafiante en el show del Super Bowl contra Donald Trump.

La letra en español dice textualmente: “Quieren tomar el río y también la playa. Quieren las tierras raras, quieren que nos vayamos. No, no, no sueltes la bandera, no olvides lo que viví. No quiero que hagan contigo lo que hacen por ahí”. Las imágenes claramente señalan como el enemigo a Trump. Y termina con la frase: “El único dueño de Brasil son los brasileños”.

Esto se conecta, además, con la frase de Lula en la ONU: “Brasil es demasiado grande para caber en el patio trasero de nadie”, en relación a la denominación de Latinoamérica como patio trasero de Estados Unidos.

Veamos ahora otro spot de Lula en el que combina la defensa de la democracia y la defensa de la soberanía.

Esto es interesante, porque tampoco hay que perder los equilibrios. Muy evidentemente, hay una mitad de los latinoamericanos que valoran la democracia, la soberanía, estas ideas y probablemente voten en consecuencia. Sin embargo, este sector Lula ya lo tenía, estas ideas ya las tenía ganadas; es decir, el segmento social que las defiende se identifica mayoritariamente con Lula. La campaña exitosa es la que convence a personas que no estaban convencidas de votar al candidato, no la que refuerza a los que lo iban a votar.

Diversos analistas políticos y sociólogos en Brasil han señalado que el énfasis excesivo de Lula en la defensa de la democracia y la soberanía nacional generó una profunda desconexión con las prioridades cotidianas del electorado. Carlos Melo, politólogo y profesor del Insper en São Paulo, sostiene que la narrativa sobre la institucionalidad republicana fue altamente efectiva para articular el frente amplio en 2022, pero que pierde fuerza como propuesta de futuro. Melo advierte que el votante promedio no experimenta la democracia o la soberanía de forma abstracta, sino a través del precio de los alimentos, el acceso al transporte y la seguridad en su barrio. Según el analista, cuando la comunicación política se vuelve hiperinstitucional, termina hablándole únicamente a las élites preocupadas por el Estado de derecho, descuidando a la mayoría de la población que evalúa la gestión a partir de su bolsillo y sus condiciones materiales directas.

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En esta misma línea, la socióloga Esther Solano, profesora de la Universidad Federal de São Paulo y especialista en estudios cualitativos de la periferia urbana, remarca los límites de la retórica soberanista y macroeconómica. En sus investigaciones de campo, Solano constata que las advertencias sobre presiones de potencias extranjeras o la defensa de los órganos judiciales no generan resonancia en los sectores populares empobrecidos. La investigadora argumenta que el electorado periférico exige respuestas urgentes a la inflación, la violencia urbana y la degradación de los servicios públicos, por lo que una agenda centrada en conceptos geopolíticos deja un terreno fértil para que la oposición capitalice el desencanto social con discursos más pragmáticos o punitivos.

Por su parte, el consultor político Thomas Traumann enfatiza la existencia de una brecha entre las grandes causas de Estado que promueve el gobierno y la experiencia inmediata de la clase media baja, señalando que los llamados a resguardar las instituciones suelen ser percibidos por un sector pragmático como una estrategia para eludir los debates presupuestarios que afectan de manera directa el ingreso familiar.

Ahora, si nos trasladamos a Argentina, a pesar de la elección del año pasado y la injerencia de Bessent y Trump, hay novedades que contradicen este fenómeno en Brasil. Desde que un hincha de la selección le pasó el trapo de “Las Malvinas son Argentinas” a los jugadores de la scaloneta, lo que se vivió fue un auge del nacionalismo y el soberanismo pop, por decirlo de alguna manera. Merchandising nacionalista y artistas pop manifestándose en contra de la llamada Extranjerización. De hecho, el repudio que se vivió contra la decisión de la Corte, que desautorizó a los excombatientes de La Plata para presentar un amparo contra esta medida, se vivió con mucha fuerza, a tal punto que la Corte misma salió a aclarar que era un fallo procesal, que no atendía a la cuestión de fondo.

El Gobierno mismo, que nunca tuvo una agenda soberanista, tuvo que virar y tomar un ángulo de soberanía nacional y defensa de la soberanía que lo dejó incómodo con el fallo de la Corte.

¿En qué quedamos entonces, entre la amenaza de Trump y la pelea contra la “extranjerización”? Probablemente sean fenómenos de índole distinta. El año pasado había un elemento de hecho consumado. Parecía que se venía una corrida por pérdida de confianza de los mercados y la sociedad argentina ha vivido muchas veces este tipo de descalabros. Sabe lo que es una corrida cambiaria, la inflación que genera y el impacto en la vida del día a día. Probablemente se vea como si Trump hubiese apuntado un arma contra el país y se hizo lo más racional que parecía posible. Un voto de estabilidad, anti 2001. Si en 2023 se votó a Milei para que cambie todo, es natural que en 2025 no se haya vuelto a votar que cambie todo de nuevo.

Lo de este año con la bandera de la scaloneta y la llamada Extranjerización es otra cosa, no hay un hecho consumado, es una legislación a discutir. “La teoría siempre es gris y el árbol de la vida siempre es verde”, dijo Lenin citando a Goethe. Es decir, las ideas son una cosa y su aplicación concreta, que es la política, es otra.

Por otro lado, estas definiciones son parte de una contienda política viva llevada adelante por actores vivos de una manera permanente. Es decir, todo está en continuo movimiento y lo que puede servir para interpelar a la sociedad en un momento determinado deja de servir en otro o, inclusive, se vuelve perjudicial.

Tal vez años de cultura norteamericana en el consumo audiovisual mejoraron la imagen del gobierno de Estados Unidos en las sociedades latinoamericanas o el éxito de China promovió la idea de la bonanza de un gobierno autoritario es algo plausible.

Volviendo al presente, esta disputa geopolítica entre Estados Unidos y China está atravesando las elecciones de la región. Bessent dijo que estaría dispuesto a ayudar a Argentina nuevamente para calmar a los mercados. Esto, sumado a la elección en Brasil, hizo caer el riesgo país y le dio aire a Milei en los mercados. El titular del Tesoro norteamericano había manifestado que intentaba bloquear la influencia de China en la región y el embajador Lamelas le planteó a la cooperativa eléctrica neuquina que no debía contratar a la empresa china Huawei y los amenazó con quitarle el visado de ingreso a los Estados Unidos a las autoridades de la compañía patagónica.

La democracia y la soberanía son valores e ideas indispensables para nuestras sociedades, pero cómo se defienden y cómo se articula una campaña electoral merece algún tipo de reflexión aparte. Las sociedades cambian a un ritmo imprevisto y la forma de interpelarlas, también.

Producción de textos e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi.

MEG