Perfil
MODO FONTEVECCHIA
Reemplazar instituciones democráticas

Día 780: El tecno-autoritarismo detrás del movimiento MAGA

En Estados Unidos crece una alianza entre grandes empresas tecnológicas y nuevas ideas políticas que empieza a cuestionar el funcionamiento de la democracia. A través de pensadores influyentes, se explora hasta dónde puede llegar ese poder cuando empieza a disputar el lugar de la política.

Día 780: El tecno-autoritarismo detrás del movimiento MAGA 29012026
Día 780: El tecno-autoritarismo detrás del movimiento MAGA | Producción Modo Fontevecchia

En 1955, Isaac Asimov publicó Democracia electrónica”, un cuento que imaginaba un Estados Unidos futurista en el año 2008, donde las elecciones ya no dependerían del voto de millones de personas sino de una supercomputadora llamada Multivac, que elige a un único ciudadano para representar a toda la nación. Mediante un cuestionario, la supercomputadora analizaría las respuestas del ciudadano, determinando finalmente quién sería el próximo presidente.

En un momento, el padre del hombre elegido paravotar”, el único miembro de la familia que vivió el sufragio universal, le relata a su nieta: “Antes se hacía el recuento de lo que opinaban unos y otros, a quién habían votado. Todo el mundo se impacientaba. Por ello se inventaron máquinas capaces de comparar los primeros votos con los de los mismos lugares en años anteriores. De esta manera, la máquina preveía cómo se presentaba la votación y quién sería elegido (...) Pero las máquinas fueron aumentando de tamaño y, al mismo tiempo, iban siendo capaces de indicar cómo iría la elección a partir de menos y menos votos. Por fin, construyeron Multivac, que puede preverlo a partir de un solo votante”.

La genialidad de Asimov, uno de los escritores que más se dedicó a analizar la inteligencia artificial y sus consecuencias, no es solamente que identificara el 2008 como año donde la tecnología irrumpiera en la democracia. El 4 de noviembre de 2008 fue electo Obama, cuya campaña fue la primera en utilizar análisis de big data y campañas algorítmicas mediante Facebook. Lo espectacular es la visión de las tensiones contradictorias entre democracia y tecnología.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Pero desde el 2008 hasta hoy esa tendencia se exacerbó completamente. Las redes sociales y las plataformas, así como la inteligencia artificial, están generando el mayor monopolio de la comunicación que jamás ha existido. Empresas como Google y Meta, a través de Whatsapp o el sistema operativo en nuestros teléfonos, mediatizan las comunicaciones de millones y millones de personas. No es casual la tendencia de políticos a comprar medios de comunicación, como el caso de Jeff Bezos con el Washington Post, Elon Musk con Twitter, o Trump montando su propia red social.

Además, estos monopolios chocan con las regulaciones que exige la democracia, porque sus plataformas, capaces de influir en todo el globo, e incluso de marcar una línea editorial mediante la moderación o potenciación de lo que se publica, chocan con las regulaciones nacionales. Chocan con los Estados Nación. Es por eso que en Silicon Valley han penetrado tan fuerte ideologías como el libertarianismo, que propone la disolución del Estado, o el aceleracionismo, que pugna por el desarrollo de la tecnología y el capitalismo tecnológico sin barreras.

Desde la elección de Donald Trump en noviembre de 2024, la riqueza de los multimillonarios estadounidenses se disparó a un ritmo inédito, incluso superior al registrado durante la pandemia. Este salto se inscribe en una tendencia global: el número de personas con fortunas extremas sigue creciendo y la concentración patrimonial alcanza niveles históricos. Elon Musk lidera ampliamente ese ranking, con un patrimonio que no tiene precedentes en la historia.

Esta expansión en la cima contrasta con el estancamiento —e incluso el retroceso— de amplios sectores sociales. Mientras unos pocos suman miles de millones en cuestión de meses, millones de personas enfrentan ingresos debilitados, empleos más precarios y mayores dificultades para acceder a vivienda, salud y educación. La distancia entre la riqueza extrema y la vida cotidiana promedio se vuelve cada vez más difícil de dimensionar.

Vamos a intentar en esta columna hacer una suerte de glosario de estos pensadores de la nueva extrema derecha:

Donald Trump y Peter Thiel 29012026
Peter Thiel mantiene una relación estratégica y de largo plazo con Donald Trump

Peter Thiel es un empresario e inversor clave de Silicon Valley, conocido por PayPal y por su temprana influencia en el ecosistema tecnológico estadounidense. Desde los años 2000 se destacó por sostener posturas libertarias cada vez más críticas de la democracia liberal, llegando a afirmar en 2009 que libertad y democracia habían dejado de ser compatibles. En línea con esa mirada, promovió ideas como la creación de ciudades-Estado autónomas y financió iniciativas concretas como los proyectos deseasteading”, que buscan fundar comunidades políticas en el mar.

Con el tiempo, Thiel se vinculó también con el universo intelectual neorreaccionario, a través de su apoyo financiero a Curtis Yarvin y a la empresa Tlon, responsable del proyecto Urbit. Un proyecto tecnológico que busca reconstruir internet desde sus cimientos, creando una red descentralizada donde el usuario sea dueño de su identidad, sus datos y su infraestructura digital. Una tecnología que bloquearía estructuralmente cualquier intento de regulación externa.

En el plano político fue uno de los pocos grandes empresarios tecnológicos que respaldó abiertamente a Donald Trump en 2016, y más adelante jugó un papel relevante en el impulso de nuevas figuras de la derecha estadounidense, como JD Vance, consolidando su influencia en la intersección entre tecnología, ideas radicales y poder político.

Curtis Yarvin
Curtis Yarvin, conocido por su seudónimo Mencius Moldbug

Curtis Yarvin es la figura más visible de la corriente neorreaccionaria asociada a la llamadaIlustración Oscura”. Una ideología que cuestiona de raíz la democracia liberal moderna. Parte de una crítica frontal a lo que considera el “consenso progresista” de las últimas décadas —medios, universidades, burocracias estatales— al que describe como un sistema cerrado que se autoprotege y bloquea cambios reales.

Bajo el seudónimo Mencius Moldbug, Yarvin escribió durante años el blog Unqualified Reservations, espacio clave donde se desarrollaron y sistematizaron muchos de los conceptos centrales de la neorreacción. Desde allí formuló críticas radicales a la democracia liberal y elaboró un cuerpo teórico que mezclaba historia, teoría política y provocación cultural, ganando influencia en círculos digitales y tecnológicos.

Su pensamiento —que él define como formalismo o neocameralismo— propone reemplazar la democracia representativa por estructuras de poder más jerárquicas y eficientes, inspiradas en la lógica empresarial. En ese esquema, el Estado debería funcionar como una corporación, dirigida por una figura equivalente a unrey-director general”, con autoridad concentrada y criterios de gestión más que de representación popular.

Nick Fuentes
Nick Fuentes es un activista y streamer ultraderechista estadounidense de 27 años

Nick Fuentes es un activista y comentarista político estadounidense nacido en 1998, vinculado a la extrema derecha y al nacionalismo cristiano. Alcanzó notoriedad en internet a través de transmisiones en vivo y contenidos políticos dirigidos a un público joven, y es el impulsor del movimiento de seguidores conocidos comoGroypers”. Fue estudiante en la Universidad de Boston, aunque no se graduó, y su presencia digital creció con un discurso cada vez más radicalizado, lo que derivó en su expulsión permanente de YouTube en 2020 por violar normas sobre discurso de odio.

Su figura está asociada a posturas ampliamente señaladas por organizaciones civiles y analistas como supremacistas blancas, antisemitas y negacionistas del Holocausto, aunque él rechaza varias de esas etiquetas y se define como nacionalista estadounidense y conservador cristiano. Ha protagonizado disputas públicas con sectores del conservadurismo tradicional por considerarlos demasiado moderados, organizó su propia conferencia política bajo la consigna “America First” y participó en actos y movilizaciones de la derecha radical, incluidos eventos vinculados al clima político que precedió al asalto al Capitolio de Estados Unidos en 2021.

Nick Land
Nick Land es un filósofo británico, considerado el padre del aceleracionismo y figura clave de la Ilustración Oscura

Nick Land es señalado como el gran precursor del aceleracionismo y una de las figuras más polémicas surgidas del cruce entre filosofía, cultura digital y política radical. Es además quien intentó dar una formulación teórica relativamente sistemática a la llamada “Ilustración Oscura”, conectando especulación filosófica con visiones extremas sobre el futuro del poder, la tecnología y la sociedad.

Su ensayo El Iluminismo Oscuro funciona como el núcleo de esa construcción teórica. Allí articula influencias diversas: las ideas neorreaccionarias de Curtis Yarvin, el libertarismo tecnocrático asociado a Peter Thiel, el paleolibertarismo de Hans-Hermann Hoppe y sus propias elaboraciones filosóficas, creando un marco que combina teoría política, futurismo tecnológico y provocación intelectual. En ese esquema aparecen varios de los ejes más radicales de la neorreacción: un rechazo frontal a la democracia representativa, la idea de que el tecnocapitalismo debe acelerarse en lugar de regularse y la propuesta de reemplazar a los Estados por entidades organizadas como corporaciones privadas —las llamadas órdenes neocamerales—. También incorpora conceptos propios de la cultura digital, como las hipersticiones: ideas que, al circular y ser creídas, terminan moldeando la realidad.

La obra de Land se mueve en una zona ambigua entre el aceleracionismo filosófico —que influyó en pensadores culturales y teóricos— y una deriva abiertamente neorreaccionaria. Su imaginario mezcla referencias a Nietzsche, Deleuze o Bataille con visiones de autoritarismo tecnofeudal, evolución digital y transformación radical de lo humano, en un pensamiento que apunta a disolver las formas políticas modernas más que a reformarlas.

Quienes critican el avance de esta ideología tecno autoritaria han defendido la tesis del tecnofeudalismo. Que sostiene que el capitalismo, tal como funcionó durante los últimos siglos, está siendo desplazado por un nuevo sistema donde el poder ya no reside principalmente en la producción industrial o en los mercados competitivos, sino en el control de infraestructuras digitales. Los “nuevos señores” no son terratenientes, sino los dueños de la nube y de las plataformas, que actúan como espacios cerrados donde millones de personas trabajan, comercian y se relacionan bajo reglas privadas. En este esquema, la desigualdad creciente no sería una falla del capitalismo, sino el síntoma de su reemplazo por una forma de dominación más concentrada y menos visible.

Este nuevo orden se basa en formas de extracción de rentas más que en la producción directa de bienes. El valor se genera a partir de intangibles, del control de la información, mientras los usuarios contribuyen constantemente a la acumulación de capital con su actividad cotidiana en línea. La vida diaria se mercantiliza, las relaciones sociales pasan por plataformas privadas y se consolidan subjetividades cada vez más atomizadas, en un proceso que algunos describen como un “Consenso de Silicon Valley”.

En una entrevista en la revista Jacobin, el economista francés Cédric Durand, profesor e investigador especializado en transformaciones del capitalismo, aclara que no se trata de un regreso literal al feudalismo medieval, ya que la producción actual es profundamente socializada e interdependiente a escala global. La analogía, dice, está en la dependencia: individuos, empresas e incluso Estados dependen estructuralmente de los servicios de un puñado de grandes tecnológicas, sobre todo en computación en la nube y la infraestructura digital. Esa dependencia es asimétrica y concentra poder en pocas corporaciones, configurando relaciones que él compara con lógicas coloniales entre centro y periferia.

La segunda analogía con el feudalismo aparece en la fusión creciente entre poder económico y funciones estatales. Las grandes plataformas controlan datos estratégicos, median el debate público mediante algoritmos y empiezan a incursionar en terrenos sensibles como el dinero digital, lo que podría debilitar la capacidad de los Estados para regular la economía y gobernar la vida social. En ese proceso, las tecnológicas no solo influyen políticamente: asumen funciones que antes eran patrimonio de lo público. Van socavando las bases de los Estados Nación desde dentro.

Finalmente, Durand sostiene que estas empresas construyen posiciones rentistas y depredadoras, expandiendo su control de manera similar a un juego de suma cero: lo que ganan en dominio social otros sectores lo pierden. Aunque reciben enormes volúmenes de inversión, esa concentración se produce en detrimento de áreas esenciales como infraestructura, vivienda o servicios públicos. Aún así, subraya que el tecnofeudalismo no es un destino inevitable, sino una deriva política observable en Occidente, mientras que en otros contextos —como China— el Estado mantiene un control más firme sobre las grandes tecnológicas, mostrando que existen caminos alternativos. A pesar de que la comparación tampoco es alentadora: China representa un Estado autoritario que utiliza la tecnología para controlar cada movimiento.

El mapa que se dibuja no es el de una simple disputa política, sino el de un cambio de época donde la tecnología deja de ser herramienta y pasa a ser estructura de poder. La política compite hoy con arquitecturas digitales capaces de ordenar la conversación pública, condicionar la economía y redefinir los márgenes de lo posible.

El movimiento MAGA aparece entonces como la expresión política de una alianza más profunda entre poder tecnológico, concentración económica y discursos que desconfían abiertamente de la democracia liberal.

Mientras llega a Marte, Musk lidia con problemas en la Tierra: Tesla ganó 61% menos en el final de 2025

Pero a pesar de que hay grandes obras de ciencia ficción que lo imaginaron, el futuro no está escrito. La historia muestra que las formas de poder también generan resistencias, nuevas instituciones y contraequilibrios. Pero para que eso ocurra primero hace falta nombrar el problema con claridad: no estamos solo ante una crisis de la política tradicional, sino ante el avance de un modelo tecno-autoritarista que, si no encuentra límites, puede vaciar a la democracia desde adentro.

MV/ff