En un escenario global donde las inversiones buscan certezas geopolíticas y transiciones energéticas eficientes, el debate sobre el rol de la industria nuclear en la Argentina cobra un nuevo impulso. En esta entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el ingeniero Emilio Apud —consultor, exdirector de YPF y exsecretario de Energía y Minería de la Nación— analiza el giro estratégico del sector: abandonar los costosos megaproyectos de generación local para enfocarse en el desarrollo y exportación de reactores de escala reducida, gracias a un esquema de asociación público-privada.
Asimismo, el especialista fundamenta su postura a favor del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en las áreas de minería y energía, definiéndolo como un paso necesario para revertir el riesgo país y retener el valioso capital científico local.
Emilio Apud es un ingeniero, consultor y especialista de larga trayectoria en el sector energético. Fue secretario de Energía y Minería de la Nación durante la presidencia de Fernando de la Rúa, bajo la órbita del Ministerio de Economía. Además, se desempeñó como director en YPF y consejero académico en la Fundación Libertad y Progreso.
—Emilio, un gran gusto poder hablar con usted y que nos ayude a tratar de entender toda esta discusión que hay alrededor de la energía nuclear en el caso de Argentina, que era un activo, un capital que tenía la Argentina en ciencia y tecnología. Las discusiones que hay respecto de la privatización de ciertas partes de nuestra energía nuclear. Me gustaría su opinión siempre ponderada, que nos ayude a tratar de comprender qué parte de razón tienen tirios y troyanos.
—Buen día, Jorge, ¿qué tal? Un gusto de compartir el programa. Argentina tiene un largo y fructífero antecedente en el sector nuclear, más de 70 años. Tenemos la central Atucha I, II y Embalse, y un conocimiento también muy importante desde el punto de vista de la parte tecnológica con el Instituto Balseiro, con INVAP, la Comisión Nacional de Energía Atómica, etcétera. El tema es que ha cambiado el sistema energético, la composición y la provisión de energía en nuestro país, sobre todo con el advenimiento de Vaca Muerta y los precios bajos que tienen combustibles como el gas que, si bien son no renovables y pueden llegar a tener alguna emisión o algún efecto en la parte del calentamiento, desde el punto de vista económico es muy interesante; y además, con el advenimiento también de los renovables. Entonces, el generar energía eléctrica con reactores nucleares no es económico en el caso del mercado argentino. Sí es necesario capitalizar todo el conocimiento que en 70 años se adquirió. Fíjense que hace 20 años ya estábamos en condiciones de enriquecer uranio con difusión gaseosa, que lo había desarrollado el padre de todo esto que es el doctor Conrado Varotto, Pilcaniyeu, todo un desarrollo muy interesante. Entonces, todo eso es necesario que no desaparezca, que no desaparezca la parte gris, digamos, de función de energía atómica y de todo el complejo nuclear. Y por eso yo estoy de acuerdo con el cambio que ha hecho el gobierno. Recuerde que hace dos años, cuando empezó, vinieron con un plan de poner cuatro reactores modulares pequeños en desarrollo; iba a salir más de 10.000 millones de dólares para vender energía acá a data centers. Yo no sé qué data center iba a comprar la energía a ese precio, salvo que la licuara el Tesoro, no sé, porque el capex —o sea, la amortización de ese capital— no iba a dar costos de megavatios. Pero hubo un cambio, y es que se va a utilizar el know-how y la experiencia para desarrollar un modelo que está patentado, lo que se llama Small Modular Reactor, que son reactores que van a ocupar el mercado nuclear de generación nuclear en el mundo, que no tienen nada que ver con los anteriores. Los anteriores eran de 1000 o 1200 MW y requerían seis o siete años de ejecución con todos los intereses intercalares, etcétera. Estos son máquinas de 300 MW para abajo que permiten llevarlos casi construidos al lugar donde se van a instalar. Entonces, el objetivo ahora que tiene nuestro país es producir esos reactores y exportar reactores, no generar energía eléctrica acá. Y eso es lo que se está produciendo ahora gracias a un inversor estadounidense que se asocia con INVAP: 60% del inversor, 40% INVAP, que también pone el patentamiento de ese grupo que ya ha invertido arriba de 100 millones de dólares en el desarrollo. Se espera que en tres años más 1000 millones de dólares, ya esté en su fase comercial este reactor que se va a instalar. El primero, por supuesto, hay que hacerlo acá en la zona de Atucha, que es una de las condiciones. En el sector nuclear no se puede poner un reactor en cualquier parte; necesita una autorización y una cierta serie de protocolos de seguridad que, bueno, en este caso se han conseguido para el caso de Atucha. O sea que, en síntesis, la idea sería que en dos o tres años podamos empezar a competir en el mercado internacional de reactores nucleares pequeños con una tecnología propia.
—A ver si lo entendí bien y lo puedo poner de esta forma. Hay países que no tienen Vaca Muerta, hay países que no tienen la posibilidad de acceder a energía como tiene la Argentina, en cuyos casos sí la energía nuclear es una alternativa económicamente viable versus a tener que importar energía. Ese no es el caso de la Argentina, y entonces la idea es reconvertirnos en exportadores de equipos para esos países que, al no tener otras fuentes de energía, la energía nuclear les sigue siendo una alternativa. ¿Lo entendí bien?
—Así de clarito. El tema es que no estamos solos. Hay cuatro o cinco países que están en el mismo objetivo y para competir en el mismo mercado. O sea que hay que moverse rápido, hay que tratar de hacer las cosas bien y hay que salir a vender el reactor. Argentina, yo pienso que, por 20 o 30 años no va a necesitar generar energía eléctrica nuclear, aproximadamente.
—¿Y después sí?
—Y después sí porque se acaba la era del petróleo. Piense que la energía nuclear, por más que esté mal vista por la mayoría de la gente, es la más limpia que hay; no tiene ningún tipo de problema. Tiene el inconveniente de que el material ya utilizado tiene una radiactividad y hay que hacerle unos confinamientos que son complejos —pero ya se le han dado vueltas desde el punto de vista tecnológico—. La energía nuclear, una vez que se construye, lo más costoso es amortizar el capital. El costo de los opex —o sea, operación y mantenimiento— es muy bajo, porque el costo de la materia prima, que es el uranio, no es muy alto. Además, el año tiene 8760 horas y funciona casi las 8760 horas sin ningún tipo de problema; todo base. no es como la intermitencia que tienen las renovables o los grupos térmicos que necesitan más mantenimiento, etcétera. Pero por 20 años nos podemos dar el lujo de decir: "Bueno, vamos a vender esto y después vamos a empezar a fabricarlos para acá". Yo creo que es una solución interesante y lo más importante es que evita que toda la materia gris que ha acumulado nuestro país se disperse. Porque esto que le digo que es competitivo a nivel internacional, los Small Modular Reactors van a requerir científicos, técnicos, etcétera, y lo peor que nos podría pasar es que se los lleven de la Argentina. Entonces, si nosotros anclamos acá un proyecto, lo más probable es que evitemos esa sangría.
—Emilio, ¿llegó a escuchar, o por lo menos una parte final, la entrevista anterior que estaba haciendo con la economista Cecilia Todesca?
—Sí.
—Me gustaría su opinión respecto del RIGI: si las inversiones en energía y minería se hubieran hecho de cualquier forma sin esas ventajas impositivas, simplemente garantizando el acceso al mercado de cambios.
—Sí. Yo recuerdo en la década del 90 que se criticaron mucho también las privatizaciones. Bueno, algunas se hicieron de una forma poco transparente, pero no me refiero a eso; me refiero a que se le dieron muchos beneficios. Por ejemplo, a Telefónica se le dio la exclusividad durante 10 o 15 años y un montón de cosas. Pero la pregunta era si, de no dárselos, ellos venían. Y si no venían, ¿qué pasaba con las comunicaciones? Lo mismo pasó con otras áreas. En este momento yo entiendo el RIGI como un anticipo de lo que puede ser la Argentina si hacemos bien las cosas. Es decir, ahora necesitamos al Rigi, pero dentro de 10 años a lo mejor no lo necesitamos y Argentina es atractiva igual. Pero en ese lapso necesitamos recuperar un poco la confianza que hemos perdido por todas las macanas que hemos hecho históricamente; no por algo tenemos el riesgo país que tenemos, por algo el nivel de inversión directa es tan bajo, etcétera. Entonces yo digo: prefiero, de nuevos proyectos, tener un porcentaje menos del government take —de la recaudación que tiene el Estado—, pero tener algo. La otra es esperar. Tendríamos que esperar dos o tres años hasta que los inversores se convenzan de que esta vez vamos a hacer las cosas bien. Por eso a mí me parece que lo del RIGI es muy positivo.
Si bien dentro de tres años van a poder llevarse todo lo que quieran, si hacemos bien las cosas no se van a llevar todo lo que quieran, sino que van a volver a invertir acá en el país. Y, mientras tanto, es un efecto demostración. Muchas empresas, muchos inversores, muchos fondos de inversión del mundo que no conocen o no vinieron a la Argentina van a decir: "Pero mirá, están invirtiendo en la Argentina". Yo creo que todo eso es positivo. Por supuesto, lo ideal sería que tuviéramos capitales propios y que no fueran necesarias estas exenciones. Pero recuerde el caso de la minería en los 90: no existía la minería en el país. Se hace la ley donde se garantizaba una estabilidad en cuanto a los impuestos y explotó la minería, hasta que ya en el 98 empezaron otra vez a modificar, y las provincias también, y se vino todo abajo. Es decir, si uno da señales claras, este país es espectacular, sobre todo después del conflicto en Irán, donde las inversiones están buscando ir a lo seguro desde el punto de vista geopolítico. Nosotros no tenemos problemas geopolíticos, tenemos problemas políticos; y una forma de ir disipándolos es, bueno, sacrificar un poco y dar estas ventajas que significa el RIGI. Es una opinión personal, Jorge.
—Pero muy útil, Emilio, y muy didáctica. Le agradecemos mucho, como siempre, su predisposición. Le mandamos un fuerte abrazo.
—Un gusto. Adiós.