Ernesto Tenembaum es periodista, psicólogo, escritor y conductor de radio y televisión. Con más de 40 años de trayectoria en el análisis político y económico, conduce “¿Y ahora quién podrá ayudarnos?” por Radio Con Vos y escribe columnas de opinión para medios como Infobae y el diario español El País. En Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), conversó con Jorge Fontevecchia sobre el resultado de las elecciones en Brasil, el escenario político internacional y los cambios que atraviesa el periodismo.
A partir de la derrota de Lula da Silva en la primera vuelta electoral brasileña, Tenembaum analizó el avance de las derechas y su posible impacto sobre Javier Milei, aunque remarcó el carácter cambiante de los procesos políticos. También reflexionó sobre su propia manera de ejercer el periodismo, su relación con la radio y la transformación que experimentó con el paso de los años: “Me identifico más con el periodista que cuenta algo que con el que dice verdades desde el altar”.
Ernesto Tenembaum es periodista, psicólogo, escritor y conductor de radio y televisión, que cuenta con una trayectoria de más de 40 años en el análisis de la estructura política y económica del país. Conduce el programa “¿Y ahora quién podrá ayudarnos?” por Radio Con Vos, escribe columnas de opinión y análisis político para medios como Infobae y el diario español El País, es miembro de la Academia Nacional de Periodismo y del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.
Y Ernesto, además, tiene la enorme gentileza de estar acá después de estar hablando en la radio tres horas sin parar, prepararse previamente para hacerlo, así que, bueno, doblemente agradecido. Y un día que nos tocó, muy importante, con la derrota de Lula en Brasil, lo opuesto a lo que se suponía, por lo menos en primera vuelta. Sé que vos tenés una relación de cercanía, de afecto con Brasil, muchas vacaciones las pasás allí, que por algo debe ser, porque, bueno, te deben hacer sentir bien allí.
Por las playas.
Por las playas, pero hay playas también fuera de Brasil. ¿Cómo tomaste la noticia? Yo te escuché hoy toda la mañana en tu editorial y me hizo acordar una canción de “Va y pasar”. ¿No te la recordás, la canción “Va y pasar”?
Yo siempre pienso que quien gana tiene que temerle al futuro y quien pierde tiene que tener esperanza en el futuro. Porque el futuro, las cosas cambian. Hay algo que yo recién hablaba con Juan González, que le decía: vos sos joven. Cuando uno es joven piensa que las cosas son más permanentes. Cuando uno tiene ya muchos años de haber pasado, bueno, vio pasar la ola de los 90, vio pasar la ola de las primaveras democráticas, vio pasar la ola de la dictadura, vio pasar la ola de la primavera, digamos, de centroizquierda, populista, nacional y popular, como quieran llamarlo, de los 2000. Y ahora ve una ola, por lo menos en la foto de hoy, hoy fortalecida, una ola de una derecha agresiva, radical, plebeya, muy promercado financiero. Hay que aclarar eso, porque cuando se dice promercado no necesariamente es el mercado del comercio que uno conoce, sino de los mercados financieros, y muy pro-Trump. Y eso se ve fortalecido hoy muy fuertemente por dos hechos. Uno es el triunfo, que hay que ver si se confirma o no, en Brasil. Y el segundo, el hecho de la convocatoria casi obligada a elecciones anticipadas en España por parte de Pedro Sánchez. Es decir, para el mundo hispanoamericano, lo que pasa en España también es importante, y eso, en un contexto muy complicado, le da aire a Milei, porque imagino, en el debate que él tiene con el mundo financiero, es decir: “Mirá, te va mal en la economía, por ende te va mal en las encuestas, por ende vas a perder las elecciones”. Y él puede decir: “Mirá, lo de las encuestas, fijate que no siempre dicen la verdad. Pronostican una cosa que... Y después, lo de las elecciones, fijate cómo estamos ganando a todos lados”. Entonces, esa historia de que vos te vas porque te va mal en las encuestas, por lo menos es discutible. De hecho, hoy mismo suben todos los valores brasileños y cae el riesgo país, no muy significativamente, pero cae el riesgo país en la Argentina. De cualquier manera, el camino a las elecciones de lo que viene es muy largo y, nada, ya mañana estamos hablando de otra cosa. Entonces, el impacto es un impacto bueno para Milei, pero reducido. Hubiera sido malo, pero reducido también si ganaba Lula. O sea, es una época donde todo es muy efímero, entonces uno no sabe. Yo siempre hago el ejercicio: Milei en los últimos tiempos dio dos cadenas nacionales que para él eran un antes y un después. Si yo salgo a preguntar, y fue hace poquito, cuáles fueron las dos, alguna gente va a recordar una que fue la de Malvinas. La otra, te digo, ni Santiago Caputo se va a acordar, que es la del Banco Central, la que anuncia el proyecto de independencia del Banco Central.
Yo no me acordaba. Yo estaba pensando: “¿Cuáles, cuáles, cuáles?”.
Y era planteado como un antes y un después en la historia, y yo decía: no es así, en tres días ni nos acordamos. Entonces, así, cada uno de los hechos son muy efímeros. Pero lo que no hay duda, o pareciera no haber duda —porque hay análisis alternativo—, es de que hay una ola de derecha que expresa movimientos tectónicos en distintos sectores de la población, de la población de todo Occidente, que es muy fuerte. Ahora decía por qué pareciera dar, porque algunos te dicen: yo me acuerdo cuando vos veías el mapa de 2023 y todo rojo, volvía Alberto Fernández, el movimiento de socialismo en Bolivia, Lula en Brasil, Petro en Colombia. Yo le pregunté a Pepe Mujica qué significa esto, y él decía: “Esto no es que la gente se volvió de izquierda, es que la gente está votando contra lo que había, y lo que había era de derecha”. Con lo cual, también uno puede pensar que el voto de ayer fue un voto contra lo que había. Bueno, acá en la Argentina lo que hay es Milei, con lo cual el año que viene veremos. No sé, sobre el futuro, solo preguntas. Uno puede tratar de pensar algunas cosas, pero no mucho más que eso, porque te sorprende siempre.
Tras el triunfo de Bolsonaro en Brasil, Milei y Bullrich se reencontraron en la reunión de Gabinete
Yo comparto ahora con la audiencia, en un pacto de lectura, mi consumo de medios a la mañana. Yo escucho de siete y media a ocho y cuarto a Longobardi, y a las ocho y cuarto escucho el “piripipí”. Y vengo escuchando el “piripipí” hace años, y noto progresivamente un mayor compromiso político, un mayor compromiso social, como que Milei te interpela en algo de lo profundo, de lo humano. Te noto cada vez más, siempre fuiste una persona comprometida políticamente, pero cada vez más comprometido políticamente, tratando de contribuir a que se tome conciencia de todos los aspectos negativos, tratando de hacer equilibrio también y mostrando también los aspectos positivos o relativamente discutibles. Pero, ¿te interpeló Milei existencialmente?
En un principio sí, ahora ya no tanto. Ahora es más, además de una... Hay algo que marca tu ejercicio del periodismo y el mío también, que es que siempre, frente a un discurso oficial, uno abre brechas, y uno abre preguntas, y uno denuncia las cosas que están mal. Entonces hay un sesgo en el periodismo que nosotros entendemos que te hace más opositor que oficialista. Por eso, en la época del kirchnerismo te decían que sos de derecha o sos macrista, y en la época actual te dicen que sos kirchnerista. Y es difícil explicar eso, y es muy lógico que eso pase, pero nuestro laburo es ese. Entonces, está muy... En el caso de Milei se juntó con que, en la escala de valores que él, por lo menos en lo verbal, la que él verbaliza, quizás sea el gobernante que, en términos humanos, está más lejos mío que yo he tenido que cubrir. Entonces, alguien al que le parece que la imagen de Alfonsín es despreciable hasta el punto que le pegaba puñetazos para sentirse bien a un muñeco al que le ponía la cara de Alfonsín y, bueno, alguien que despliega y habilita discursos tremendamente homofóbicos, que para mí entre el antisemitismo y la homofobia no hay ninguna diferencia, me parece una cosa horrorosa. Alguien que ha humillado mujeres en público de una manera, de una agresividad ya durante la campaña, a mí me parece... O sea, es alguien que está, en muchos de los valores que promueve como líder, en las antípodas mías, mucho más que Menem, mucho más que los Kirchner, mucho más que Macri o mucho más que Alfonsín. Entonces eso me pone en una posición de por sí muy enfrentada, de decir: “Che, esto está mal”. Si yo tengo alguna forma de transmitir, si fuera antisemita estaría diciendo lo mismo: “Mirá, esto está mal, no corresponde con la sociedad”. Y ahí entra una cuestión de opinión que es más fuerte que otra y, además, sobre todo en los comienzos, hoy ya mucho menos, me parecía que yo tenía la obligación de dar un debate muy fuerte respecto de los valores que estaban discutiéndose. Después podés perder, como he perdido muchas veces los debates, pero ese debate es muy importante. Lo mismo en relación con la prensa. Un tipo que odia el periodismo y ha hecho consigna de eso, “no odiamos lo suficiente”, ahora derivó de eso a “mandriles” y de “mandriles” a toda la parte escatológica. Hay algo como muy profundo. Lo que pasa es que, a medida que va avanzando el tiempo, aun sin subestimar la importancia de la palabra de un líder, me doy cuenta de que la sociedad argentina tiene como anticuerpos muy fuertes frente a estas cosas. Hoy comentaba que hay una encuesta de Latinobarómetro que mide todos los meses qué porcentaje de la sociedad cree que la democracia es el único camino posible. Argentina está a tope de eso, 76%; Brasil, 41%, por ejemplo. Es el país donde la gente más cree en la democracia. Y transcurrido que ya tres cuartas partes del gobierno de Milei, los militares siguen presos. No es que no se animó con el matrimonio igualitario, no se animó con el aborto a dar ese debate. El discurso homofóbico tuvo su punto más álgido en Davos y después se retrocede. Hay un montón de elementos que para mí son centrales donde veo a la sociedad argentina muy activa y muy atenta respecto de eso. Después, el “piripipí”, ese recorrido que yo hago todas las mañanas, es una experiencia muy interesante porque durante una hora o 45 minutos vos contás un poco la realidad. Y se va transformando en algo cada vez más caprichoso y arbitrario. De repente escuché algo que me interesó y dije: “Escuchen a este tipo que está diciendo algo interesante”. La realidad a veces te lleva a puestos. Hoy me hubiera gustado hablar sobre Patricia Bullrich y el reportaje que le dio a Robertito Funes, que me parece muy interesante para analizar el personaje. No entró porque estaba en Brasil. Pero es una experiencia narrativa que a mí me tiene muy encarcelado porque todos los días hay que laburar mucho. Pero a mí me tiene muy interesado en contarlo bien. Es como un privilegio poder contar todas las mañanas una realidad, un país, un mundo, qué sé yo, y elegir qué partes contás. Y tiene más desafío, que es muy placentero y muy atractivo, además del compromiso político que lo tiene, sin duda.
Pero cuando aparecen sistemas, personas de gobierno que uno encuentra tan distintas a lo que considera que son los valores correctos, ¿eso no empuja más?
Sí, pero es un recurso narrativo también. Empuja más, pero vos sabés que al que escucha le interesa esa parte bizarra, disruptiva y qué sé yo. Cuando vos captás y decís: “Ah, esto está bueno para contarlo”, porque te permite pensar algo. Es decir, lo estoy viendo más desde el punto de vista profesional que político. Está la narración. Yo elijo mi punto de vista, por supuesto, de la narración de este período, que es un punto de vista crítico, por momentos confrontativo, por momentos analítico, sobre todo en lo económico, que fue cambiando con el tiempo. A mí en la radio me cargaban porque decían: “Tenemos el DE”. Y si esto sale bien, bueno, cuando veía posibilidades de que esto salga bien, en los sentidos que yo creo que tiene que salir bien un plan económico, me hacían la pregunta. Cuando veo que todos los pronósticos confrontan con la realidad una y otra vez, y descubro todos los recursos retóricos y numéricos para tratar de disfrazar lo obvio, y bueno, ahí estoy contando lo obvio, que es que, bueno, no está funcionando. Pero no lo cuento yo, lo cuenta el Fondo Monetario, lo cuenta el JP Morgan, lo cuenta el mundo entero. Ellos se enojan con eso porque quieren un discurso cerrado y, bueno, ¿qué va a ser? No funciona así.
Contabas hoy a la mañana, ya lo contaste varias veces, tu identificación con una película en la que había una persona en Estados Unidos de hace un siglo y medio que iba recorriendo los pueblos contando las noticias en la época que no había ni radio, ni televisión y, obviamente, tampoco llegaban los diarios. ¿Qué es esa identificación? ¿Por qué te resulta tan especial?
Porque te quita del lugar del periodista que sabe todo y te pone en el lugar del periodista que cuenta un cuento, que es algo que tiene que ver también con la forma que yo fui cambiando. Yo decía, la primera vez que yo quise ser periodista fue cuando vi a los 13 años la película de Watergate. Y yo creo que en nuestro país hay muchos tipos de periodistas, tipos de periodismo al que yo pertenezco. Página 12 y yo, había dos escuelas. El Watergate éramos los liberales; la otra, Rodolfo Walsh, que era los más setentistas, digamos, Lanata era de Watergate, Vertbisky era Rodolfo Walsh, o quienes seguían a ellos. Y después, en una época, yo soñaba con escribir panoramas dominicales y veía ya como referente, cuando yo empecé, era Vertbisky en los 80. Y después, en un momento, me pareció... Después ya fui creciendo, perdés referentes a medida que vas creciendo y vas haciendo tu camino. Pero me parece que el periodista...
Cuando lo vas conociendo, aquello que decía que nadie es Premio Nobel para su mujer en calzoncillo.
Claro, también es eso: lo vas conociendo, pero también vas creciendo y vas tomando tu personalidad o tu camino. La idea del narrador, un periodista como el narrador, me genera más atractivo, más cariño, además, que el periodista como referente de las verdades, que es indiscutible. Y me parece que te permite jugar más. Y además me parece que hay un equívoco con eso. Me parece que los periodistas somos gente que decimos algo, que alcanzamos a pensar algo porque estamos en la primera fila y hablamos más de cerca, pero no mucho más que eso. Y creo que en ese diálogo se establece una cosa más linda, que tiene que ver con una relación más cariñosa que una relación del tipo que está en el altar diciendo verdades. Ese esquema, por lo menos a mí, a esta altura ya no me satisface.
La estructura, que la usaste varias veces, yo siento, viéndote en el paso del tiempo, que cada vez te gusta más lo que hacés, que lo disfrutás, más allá de la tensión, el trabajo, el cansancio, pero que hay algo en ese contar, en ese contador de historias, en el que cada vez sos más vos. De hecho, sos cada vez más vos, porque hoy, en tus comienzos, vos te tenías que adaptar a estructuras que te condicionaban. Hoy sos vos.
Sí, en distintas edades uno es distinto. Yo, por ejemplo, hay algo que me impresiona de las cosas que yo veo. Por ejemplo, cuando yo vivo rodeado de chicos de 20 y de 40, y veo sus pasiones, y me divierten sus peleas, que eran las mías. O sea, no es que subestimo ni digo que las de ahora son distintas, pero lo ves distinto. Te ves más como en algún lugar formando gente, en algún lugar. Y también es cierto, yo me acuerdo que yo hice hace muchos años una beca en Estados Unidos, tenía 30 años, tenía un gran amigo yanqui que se llamaba Jack Reed, que había ganado un premio Pulitzer. Entonces, al final, era un tipo con mucho sentido del humor, y al final del año dijo: “¿Por qué no nos dan otra beca a los que tenemos 50? Porque los que tienen 30 están en su camino de another step to the top of the world, otro paso hacia la cúspide del mundo, y los que tenemos 50 ya sabemos que eso no existe”. Entonces, entendemos más de qué va. Yo no sé quién entiende más, porque también esa pelea de los 30 a 40 es muy apasionante y muy divertida y muy fuerte. Pero también a los 60 vos entendés: bueno, ya no se juega tanto. Mi lugar es el que es, pero ya está. Y podés jugar más. No es que es la gloria o devoto, ya fue, o fue la gloria o fue devoto. Y entonces estás, y me parece que eso, si uno lo ve, lo maneja con inteligencia y con sensibilidad, también te permite disfrutar más de eso, porque hay menos presión. Ahora, si vos me decís qué prefiero, prefiero los 40. Tenés más energía, cosas por delante, no sé, hay cosas de los chicos como vos, qué sé yo.
La "medida disciplinaria" del "Chiqui" contra el Grupo Clarín
Sigamos con el tema del periodismo. ¿Cómo ves a tus colegas? El periodismo en general.
Mirá, a mí el periodismo argentino me gusta mucho. Digamos, hay periodistas que me gustan más que otros, pero tiene una cosa cacofónica, desordenada y muy apasionada, que si vos lo ves todo junto, ves mucha gente diciendo muchas cosas y haciendo muchas cosas. Y eso me gusta. Me gusta, me gusta que no sea homogéneo, me gusta que sea insolente. Y veo que el lío en el que nos mete Milei, al acusarme... de cosas ridículas, genera muchas generaciones fogueadas. Es decir, algo que, por ejemplo, cuando empezó el primero de Milei, éramos cuatro que decíamos: “Esto no, esto no”. Bueno, vos eras uno de ellos. Y decían... Hoy ves que fluye por todos lados. Entonces vos ves cosas que se escriben. Mirá, y que la intolerancia de Milei va empujando a nuevas generaciones. Yo hoy, por ejemplo, hablaba con Silvia Naishtat del coloquio de IDEA. A ver, el empresario argentino, a mi entender, en términos morales, es bastante vergonzoso. Eso de aplaudir, todos saben lo que el empresario argentino ha puesto de coimas, y aplauden al fiscal que puso preso a Cristina. O sea, ¿qué onda? Y no tengo duda de que les gustaría más Bullrich que Milei. Por eso ponen a la calle Pou, por eso aplauden a Bullrich, por eso se espantan cuando Milei se la agarra con José del Río. Pero, al mismo tiempo, tienen pánico de hablar del tema. O sea, gente con mucho menos espalda, mucha más valentía que el empresario medio argentino.Y entonces hablan en voz bajita, se mueren. Bueno, los periodistas no. Y lo gracioso es que Milei ve todo eso y se da cuenta de que prefiere a Bullrich, que le arman ese escenario para decir: “Como Milei...”, pero también ve el cagazo que le tienen. Entonces, los desprecia profundamente a todos esos. Bueno, el periodismo se le planta. Y entonces vos tenés, qué sé yo, ayer va ahí que él hablando contra Morel Solá, contra Pagni, contra Jorge Eliotti, hablando de los peores televisores, Maria O´Donnell, Silvia Mercado, y si no es Jessica Bossi, en ocho días, en cuatro días. Y eso lo vuelve loco, y eso a mí me encanta del periodismo argentino. Me parece que es, al final, muy insolente, desobediente, y creo que se va transmitiendo a generaciones. Entonces vos ves, y creo que esta historia del streaming permite que aparezcan nuevas experiencias que se están explorando por todos lados, donde van a surgir nuevos colegas que nos van a mirar a nosotros como diciendo: “¿Y este quién era? ¿Quién es este? ¿Quién es Fontevecchia?”. Y vos decís: “Flaco, respetá la jerarquía”. Pero, bueno, es la ley de la vida también.
O sea, finalmente, la mejor profesión del mundo.
Bueno, no sé si es la más útil, pero para aquellos que nos gusta, y es bárbara, es linda, divertida, es interesante. Me pasa también que a esta edad todo me interesa. Me interesa. Se junta algo, no sé, la vez pasada discutía con Diego Iglesias que es de los que tienen la mirada apocalíptica respecto de la inteligencia artificial. Y mi sensación cuando aparece un nuevo fenómeno...
Vos sos integrado.
No, no, me interesa. Digo que no. Digo: a ver, pero me pasa con lo mismo, con la izquierda, entre comillas, entra en pánico con la inteligencia artificial. La derecha con la baja natalidad. Y a mí me interesan las dos cosas. Y veo a la humanidad frente a desafíos que tal vez no entiendo, pero que me interesa más una mirada más abierta respecto de esto.
Ernesto, tenemos un curioso eterno. Lamento no tener la posibilidad que teníamos, por ejemplo, en Cortá, de hablar una hora. Acá estamos en radio, televisión abierta, así que agradecerte este tiempo. Perdón por no poder seguir porque tenemos los otros programas.
Pero cuando vos venís a Cenital, podemos hablar una hora.
Por eso digo.
Y mide cada vez que venís, vos no sabés lo que se escucha, pero es algo impresionante.
Pero, bueno, me gustaría tener esa cantidad de tiempo. Muchas, muchas gracias.
Gracias a vos, Jorge.
Gracias.
LMM