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MODO FONTEVECCHIA
COYUNTURA POLÍTICA

Facundo Nejamkis sobre el escenario 2027: la necesidad de Milei de ganar en primera vuelta y fragmentar a la oposición

El politólogo analiza el desgaste de la imagen presidencial frente al creciente pesimismo económico y los recientes escándalos de gestión. Advierte que el éxito electoral del oficialismo quedará atado a una recuperación financiera o a su capacidad para profundizar la fragmentación opositora.

Manuel Adorni en el Congreso 29042026
Manuel Adorni en el Congreso | Pablo Cuarterolo

La gestión de Javier Milei atraviesa un proceso de desgaste donde el pesimismo económico y la pérdida del "aura" ética fuerzan al oficialismo a recalibrar sus proyecciones electorales. A partir de la entrevista de Facundo Nejamkis, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el escenario hacia 2027 se vuelve una carrera contra el tiempo en la que el Gobierno depende de una recuperación financiera tangible o de una fragmentación quirúrgica de la oposición para evitar un balotaje de riesgo.

El reconocido politólogo y analista político argentino, Facundo Nejamkis, es el director de la consultora Opina Argentina, desde donde lidera investigaciones sobre el clima social, la imagen de los dirigentes y las tendencias electorales en el país. Su enfoque suele combinar el análisis de datos cuantitativos con una lectura profunda de la dinámica de poder, siendo una fuente de consulta frecuente en medios de comunicación para interpretar el pulso de la gestión gubernamental y los movimientos de las distintas fuerzas políticas.

Hay una constante en lo que podríamos llamar la caída de la aprobación del gobierno, y cierta confirmación de que, en cualquiera de los casos, Milei no podría ganar una elección definitiva en primera vuelta. Es un cambio de clima respecto de lo que venía sucediendo hasta hace pocos meses. Me gustaría un balance de lo sucedido en los últimos meses y cómo creés vos que va a evolucionar en un futuro cercano.

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Nosotros lo que vemos es un pronunciamiento del declive de la imagen presidencial, que llegó a un pico de aproximadamente 50 puntos porcentuales allá por los meses de noviembre y diciembre, y que luego empezó a caer, y hoy se ubica en torno a los 35 puntos porcentuales, es decir, una caída de 15 puntos.

Cuando vemos la imagen del gobierno, eso es más pronunciado aún. Nosotros, en ese sentido, hemos perforado el piso de 30 puntos en nuestras mediciones: son del 28% y son el producto, para nosotros, principalmente de dos fenómenos que convergen: uno con más fuerza en nuestros análisis y otro que oficia como acelerador.

El tema más determinante, que vemos repetidamente en distintos gobiernos y que ya le ha sucedido al de Milei, es que cuando sufre una caída pronunciada en las expectativas sobre el funcionamiento de la economía, eso tarde o temprano se traslada e impacta en la imagen presidencial. Nosotros hoy tenemos un número muy significativo de argentinos que sienten que su situación actual es peor que la del año pasado.

¿57% decías?

57%, y que sienten, sobre todo —y esto es lo más duro para el gobierno—, que el futuro va a ser peor que el presente. Entonces, esa mayoría con percepciones negativas sobre el presente y el futuro es la que termina configurando el escenario de caída de la imagen presidencial.

Ahora, como un incendio, como una situación de ese tipo, un hecho de corrupción como el caso Adorni —insisto, independientemente del desenlace que pueda tener luego en la Justicia— termina funcionando como un acelerador, a nuestro entender, de ese proceso de aumento de las percepciones negativas y de caída de la imagen presidencial. Algo así como la combinación de dos procesos es lo que acelera y lo que, en tres meses, ha tenido como resultado una caída de 15 puntos en la imagen presidencial. Podría haber caído igual, podría haber caído de la misma manera. Nosotros entendemos que el caso Adorni ha acelerado ese proceso.

Si no estuvieran las percepciones económicas como están hoy y hubiera estallado el caso Adorni, podría haber caído la imagen presidencial. Sí, podría haber caído también. Nosotros entendemos que no tanto como en un contexto económico negativo como el actual.

¿Viste que siempre en ciencias sociales, y fundamentalmente en filosofía, causa y consecuencia se discuten cuál es cuál? ¿Puede ser que, al revés, si la economía hubiera estado bien, el escándalo de Adorni no hubiera sido un escándalo, sino algo mínimo que hubiera pasado sin la trascendencia que tuvo?

Por supuesto, yo coincido con vos. En ciencias sociales los procesos son interactivos. No es que los escándalos no sean escándalos. A ver, el menemismo estuvo plagado. Vos sos un periodista con muchos años en medios importantes y relevantes, lo sabés. El menemismo tuvo muchos escándalos. El kirchnerismo también.

La diferencia no es que no fueran escándalos, sino que quizás situaciones económicas más benévolas para la población o momentos más optimistas logran que el efecto de los hechos de corrupción sea más ligero, o que la sociedad esté anestesiada frente a este tipo de casos, que generalmente impactan sobre un sector, muchas veces opositor al gobierno de turno y con mayor sensibilidad republicana.

Ahora, siempre decimos esto: no tienen un efecto acumulativo inmediato. Es decir, pueden no tener impacto en el momento. No sé, el caso Skanska: el kirchnerismo fue reelegido dos veces después de ese caso. Pero en un momento determinado, cuando la sociedad no soporta más, te pasa la cuenta completa.

Entonces, te pasa $LIBRA, te pasa Spagnuolo, te pasa Adorni, te pasa toda la cuenta acumulada.

Nosotros tenemos la corrupción como primer tema de preocupación de la sociedad argentina en este mes.

Ningún gobierno tiene la corrupción como primer tema solo porque hay un episodio que enturbia al gobierno. Acá hay un encadenamiento de situaciones que han puesto al gobierno en duda respecto de uno de los dos pilares de su contrato político electoral con la sociedad.

Uno era el gobierno austero, el ajuste, la apertura, la desregulación, más mercado y menos Estado, podríamos sintetizarlo así. Y el otro era el contrato moral: venimos a terminar con la casta y a renovar la política, venimos los hombres comunes a desplazar a las élites que viven del Estado.

Si las sospechas de corrupción se generalizan, el gobierno pierde —vamos a usar un concepto que usan los jóvenes ahora— el aura. Alguien que entra y todos se dan vuelta. Hoy Milei, cuando habla de estos temas, ya no genera eso.

Milei ha recuperado en otras oportunidades de caída de imagen. La de noviembre y diciembre fue posterior a las elecciones, y había remontado una caída previa a la primavera. ¿Le asignás un carácter distinto a esta, con menos posibilidades de recuperarse, o creés que, como en otras veces, podría hacerlo?

No, poder recuperarse siempre es una posibilidad en política, más en estos tiempos donde se generan hechos inesperados y sorpresivos, como vos señalabas con las elecciones del año pasado.

La intervención del Tesoro de los Estados Unidos en el proceso electoral cambió significativamente el resultado a partir de un cambio, sobre todo, en las percepciones sobre lo que iba a pasar con la economía.

No es lo mismo encarar un proceso de inversiones en Argentina si está el Tesoro de Estados Unidos detrás que si no lo está, y cómo la sociedad percibe eso. Entonces, eso fue muy significativo. Por lo tanto, no puedo descartar que se produzcan eventos de esa naturaleza en el contexto actual.

Ahora, eso puede ser a favor o en contra. ¿Qué pasa si, por ejemplo, en noviembre Donald Trump pierde por una diferencia significativa las elecciones legislativas? ¿Cómo va a mirar el inversor a la Argentina, que parte central de sus apoyos geopolíticos viene de Estados Unidos y de un signo político determinado?

Ahora, lo que sin duda tendría un impacto muy positivo y cambiaría el escenario electoral es si la economía se recupera. Es decir, si lo que José Luis Daza denominó los 18 meses más dulces, o Luis Caputo señaló como 18 meses de crecimiento inesperado, sucede. Eso va a cambiar significativamente el clima, las percepciones, y es muy posible que el gobierno pueda ganar, incluso no podemos descartar que gane en primera vuelta.

¿Va a pasar eso? Ahí tengo dudas. Puedo tener intuiciones como politólogo. Veo difícil una recuperación de ese tamaño tan significativa. Pero siempre están abiertas las posibilidades.

Distinto sería el escenario de quién es el candidato, si es para una contienda en primera vuelta o para un balotaje. Se ironizaba en su momento diciendo que el mejor candidato para un balotaje era el que perdió en la PASO, Horacio Rodríguez Larreta. Podría haber ganado en el balotaje, pero no llegó a la primera vuelta. ¿Es buen candidato Kicillof para una primera vuelta que para una segunda? En el peronismo existió el debate de que, si no gana en primera vuelta, pierde, porque el antiperonismo es mayor que el peronismo. ¿O el antimileísmo modifica esta ecuación y puede hacer al peronismo ganar en segunda vuelta?

El problema de ganar en segunda vuelta no es de Kicillof, es del peronismo en su conjunto. No se lo puede atribuir solo a Axel Kicillof. Es un problema que carga el peronismo, básicamente porque el antiperonismo ha crecido significativamente, sobre todo después de la experiencia kirchnerista. Además, el gobierno de Alberto Fernández quedó inscripto muy negativamente en una parte importante de la población, y eso dificulta el escenario.

Ahora, también hay que decir lo siguiente. Hoy por hoy, las dificultades de un candidato como Javier Milei para ganar en segunda vuelta son tan o más importantes que las que tiene un candidato peronista. Por lo tanto, si el enfrentamiento es entre un candidato peronista y un candidato neutro, al estilo de lo que podría haber sido Horacio Rodríguez Larreta en 2023, diría: “Sí, el candidato peronista la tiene complicada”.

Si es un candidato peronista contra Milei, yo creo que ahí la cuenta está abierta, porque cuando uno ve los niveles de reprobación que tiene, aunque pudiese recuperar credibilidad en la opinión pública. Por ejemplo, dentro de la imagen muy negativa, algo negativa, muy positiva y algo positiva, el “muy negativo” llega al 50%, que es la gente que bajo ningún concepto y bajo ninguna condición está casi ya dispuesta a reconciliarse con vos y a volver a tender puentes. Es decir, tiene un acumulado de casi un 50% de la sociedad que ya rompió lazos con él y luego tiene más de un 10% con una imagen algo negativa. Entonces, sus dificultades para una segunda vuelta, te diría que son hoy peores que las de un candidato como Kicillof.

Por lo tanto, yo creo que la estrategia del gobierno, en cualquier caso, debería ser tratar de ganar en primera vuelta. Y no es casualidad cómo Javier Milei se pone a discutir con sectores de izquierda que están teniendo un crecimiento natural, orgánico, no promovido por el gobierno en las encuestas, como por ejemplo la figura de Myriam Bregman, que hoy aparece primera o segunda en varias mediciones como una de las líderes calificadas.

Pero creo que no es casualidad que Javier Milei haya elegido confrontar con ellos en medio del recinto. De alguna manera, la fragmentación del voto del centro hacia la izquierda es una condición necesaria para un gobierno que necesita, casi te diría sí o sí, que en caso de ganar lo haga en primera vuelta, porque una segunda vuelta la tendría complicada, me parece, contra cualquier candidato.

En ese sentido, ¿a Axel Kicillof le conviene irse al centro en esa disputa en primera vuelta o mantener, si vos querés, cierto posicionamiento de centroizquierda viendo lo que pasa con Myriam Bregman?

Si se va muy a la izquierda puede perder el electorado de centro; si se va muy a la derecha puede ser comido por izquierda. Yo creo que el peronismo, en realidad, lo que tiene que hacer, que lo podría hacer Axel Kicillof u otro candidato, es renovar su contrato con la sociedad.

No tengo tan claro si eso solamente pasa por posiciones de izquierda y derecha, que por supuesto son importantes en términos de programa económico, sino también por la forma en que el peronismo va a ejercer el poder en caso de llegar y cómo se va a vincular con los recursos públicos, con el Estado, con la Justicia y con los medios de comunicación.

Es decir, me parece que ahí hay una agenda que no es solo económica para trabajar, que puede convertir a Kicillof en un candidato atractivo para sectores que históricamente han estado alejados del peronismo.

Un dato, por ejemplo: Kicillof es un kirchnerista atípico, un kirchnerista que no tiene acusaciones sobre temas de corrupción. Ahí me parece que tiene una veta para explotar, porque uno de los cuestionamientos de la sociedad a las experiencias del gobierno peronista se sostienen en el uso, quizás indebido, en el caso de algunos actores, de los recursos públicos. Me parece que ahí podría trabajar algo.

¿No es solo un kirchnerista atípico, sino también un peronista atípico, porque para Carlos Menem también el tema era la corrupción? Es decir, ¿tanto para un peronismo de izquierda como de derecha el estigma era la corrupción, el elemento que lo unifica?

¿Por qué la transparencia no puede ser una propuesta de un gobierno de izquierda? Si al final del día quienes más necesitan de los recursos públicos no son los ricos, sino los pobres.

A lo que me refiero es que no es solo una fórmula donde Kicillof tiene que decir: “Voy a hacer en términos económicos lo que el establishment quiera”. Por supuesto que debería dar señales de confiabilidad, pero quizás hay otra agenda de temas para tomar que el peronismo ha perdido o que carga en su mochila.

Creo que un candidato como Kicillof puede darse el lujo de poner sobre la mesa en una discusión presidencial. Pero después hay que ver también lo de Bregman, hasta dónde se traslada a votos.

Y hay que ver, que este es otro problema más complejo, cómo operan algunos sectores del peronismo sobre esa candidatura: si la van a inflar para presionar, para negociar, si van a partir el peronismo y se van a ir con esos sectores, armar un frente más radicalizado de izquierda y partir el bloque peronista o del centro hacia la izquierda.

En fin, me parece que todavía falta mucha agua por recorrer y además también saber qué va a pasar en el otro frente. Es decir, también Milei va a ser la única opción del mundo del centro hacia la derecha o pueden surgir alternativas. Por ejemplo, Mauricio Macri es un personaje que se está moviendo en estos momentos.

¿Se mueve solo para presionar a Milei para negociar la Ciudad de Buenos Aires o es una amenaza real con la posibilidad de generar una fisura en el frente no peronista?

En esa hipótesis de ganar en primera vuelta, ¿al gobierno le convendría un escenario fragmentado, con muchas candidaturas o la mayor cantidad posible? Por ejemplo, ¿que Dante Gebel pudiera sacarle un porcentaje al peronismo, que el peronismo esté dividido y que se reproduzca un escenario similar al de 2003 en cuanto a la fragmentación, pero también parecido a cuando fue reelecta Cristina Fernández de Kirchner?

Sí, yo estaba pensando más en ese escenario, donde la oposición se fragmentó y quedó sola Cristina. Me parece que el gobierno podría promover eso. El riesgo que tiene es que no sé si tiene una escena tan controlada como para fragmentar solo el espacio del centro hacia la izquierda o el peronismo y sus alrededores, sino que también corre el riesgo de que se fragmente su propia posición si Milei no presenta una candidatura fuerte y competitiva.

Ahí hay amenazas muy potentes, como todo lo que pueda armar Macri, que estábamos mencionando, o la propia Patricia Bullrich, que es la figura del oficialismo que mejor mide en todas las encuestas.

En fin, no tiene un camino libre de escollos para generar ese escenario. Ahora, si estamos pensando que el gobierno tiene un 60% de la población que lo rechaza y necesita ganar en primera vuelta, casi te diría que por obligación tiene que generar una fragmentación en el mundo opositor.

Obviamente vamos a depender también de las maniobras que se hagan. Los otros también juegan, en el propio mundo del peronismo, tanto para no fragmentarse como para generar fragmentación en el otro espacio.

En el caso concreto de Dante Gebel que vos señalás, no es tan claro a quién le saca votos. Es una figura que, a diferencia de Bregman, que uno podría pensar que le saca votantes al kirchnerismo por izquierda, es mucho menos nítida. Primero hay que ver si es una candidatura que finalmente puede consolidarse y ser atractiva para la sociedad, pero en caso de que sí, qué votantes tendría. Ese sector, ¿son votantes del peronismo o son más bien votantes de Milei de la última elección? Porque son sectores populares, pero también muy conservadores en una agenda de valores que muchas veces han sido atraídos por candidatos como Milei.

En fin, no es un escenario simple, es muy complejo y todavía está en configuración.

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Un poco el síndrome de lo que le pasó a Sergio Massa con el propio Javier Milei: creyendo que dividía y fragmentaba al contrincante, terminó creando una especie de caballo de Troya. Y que una persona como Dante Gebel, que algunos dicen podría estar sostenida por sectores del gobierno con el objetivo de quitarle o fragmentar voto al peronismo, termine siendo un boomerang y le quite tanto o más votos al oficialismo.

Así es.

MV / EM