En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), Juan Carlos De Pablo consideró que el Gobierno está tomando recaudos para llegar fortalecido a 2027 y sostuvo que la administración libertaria busca prepararse para un escenario electoral incierto porque "2027 es una incógnita total". Además, destacó que sectores como la energía y la minería están generando una "oferta de dólar fenomenal" que modifica algunas de las condiciones económicas que históricamente acompañaron los años de elecciones.
Juan Carlos de Pablo es licenciado en Economía por la Universidad Católica Argentina y máster en Economía por la Universidad de Harvard. Es profesor en la Universidad de San Andrés y doctor honoris causa en la UCEMA. Es miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y es considerado uno de los economistas más escuchados por el presidente Javier Milei.
¿Qué significa esta baja sustantiva del riesgo país a partir del anuncio del acuerdo entre Irán y Estados Unidos? ¿Significa algo bien importante para poder volver a salir a los mercados voluntarios de deuda? Algo que se había descartado a comienzos del año y que algunos analistas consideraron que había sido un error. Finalmente, ¿no es un error y a fin de año vamos a poder salir al mercado con tasas menores que a principio de año?
Vamos por partes. La caída del riesgo. El riesgo país, que es la contrapartida del aumento del precio de los bonos argentinos, no tiene que ver con el anuncio de la guerra, cosa por el estilo, etcétera, sino con la mejora de la calificación por parte de lo que fue Standard & Poor’s, que le permite a los gerentes de fondos institucionalizados comprar bonos de Argentina. Es decir, la mejora, según los calificadores, de la situación argentina fue paulatina.
Entonces, esos gerentes estaban viendo la mejora, pero, según dicen los expertos, por razones estatutarias no podían comprar hasta que no se oficializara el cambio de la calificación. Cuando ocurrió, entonces, de golpe salieron a comprar. Subió el precio de los bonos y bajó el riesgo país. Esto facilita la emisión de nueva deuda para pagar los vencimientos de la deuda, porque lo que el gobierno argentino dice es: el argentino tiene que pagar los intereses de la deuda, no las renovaciones. Entonces, evidentemente, si sube el precio de los bonos que ya existen, cuando vos tenés que emitir nuevos bonos ofrecen menos tasas de interés y te los compran.
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¿Y vos decís que en nada esta tendencia del riesgo país tiene que ver también con el acuerdo de Estados Unidos con Irán, que mejora las bolsas del mundo, pero no nuestro riesgo país?
El presidente de Estados Unidos, desde el punto de vista de hablar, no es creíble. Entonces, vamos a ver qué se firma. Me da toda la impresión, no sé, me da toda la impresión de que acá, en esta pulseada, el que está más apurado es Trump y los iraníes. Y vos sabés que, en una negociación, el apuro de cada parte afecta el resultado. Así que vamos a ver qué se firma, qué es cumplible, etcétera.
Y si se firmase, ¿creés que sí ayudaría a bajar aún más el riesgo país?
Más que el riesgo país, facilitaría, digamos, las transacciones. Tengo un cliente que tiene un insumo que depende de barcos que van por Ormuz. Y ese señor tiene, desde mi lado, un nivel de inventario, digamos, en la Argentina, pero naturalmente lo van agotando. Está muy pendiente porque en algún momento va a tener que reponer. Entonces, más que el tema del riesgo país, es un tema de que, bueno, además de que cuando para una guerra muere menos gente, etcétera, vos lo que tenés es una tendencia a la normalización de relaciones económicas y comerciales.
Hacia fin de año, ¿la Argentina va a poder tomar deuda a una menor tasa de interés que la de principio de año y si finalmente tenía razón Milei de no pagar una tasa más alta a principio de año, cuando muchos lo criticaron por no entrar al mercado de deuda en el momento en que se abrió una pequeña ventanita?
¿Vos te das cuenta que algunas de las cosas que dijo cada una de las partes a comienzos de año también dependieron de las circunstancias? Ejemplo. El Banco Central está comprando reservas. En enero, boludeábamos: “¿Por qué no salía el loco a comprar reservas?”. No hubo un cambio de criterio, no es el Fondo Monetario: aparecieron las circunstancias.
Vos tenés colegas míos que hacen proyecciones de balanza comercial. A comienzos de este año estaban esperando un superávit de, pongamos, 10.000 millones de dólares y hoy te están diciendo 25.000 millones. En ese contexto, el Banco Central dice: “Ya que estoy, voy a comprar un poco”. ¡Ping! Y menos mal que está comprando un poco, porque si no el tipo de cambio caería mucho más todavía.
¿Y existe allí la posibilidad de la enfermedad holandesa?
Ya lo estamos viendo. Estamos en flotación cambiaria, no estamos en bandas ni cosas por el estilo, etcétera, etcétera. Y, a pesar de lo que son las compras del Banco Central, vos tenés el dólar que está, moneda más, moneda menos, como estaba hace varios meses, con una tasa de inflación que puede ser menor, pero que es un taxi que va todos los meses.
Ahora, algunos colegas dicen: “No es enfermedad holandesa”. Corramos la nomenclatura. Acá lo que estamos hablando es de una oferta de dólar fenomenal: cosecha récord desde el punto de vista local, volvemos a ser un país superavitario en materia, etcétera.Y entonces, ha caído el tipo de cambio real en términos reales. Llámenlo enfermedad holandesa o enfermedad nipona o lo que vos quieras. Pero es un fenómeno real que, yo insisto, en buena medida, desde el punto de vista de la magnitud, fue inesperado.
Y la pregunta es: ¿qué hacés? ¿Qué es lo que hace un señor que fabrica el producto X y ahora está descolocado? Y yo le digo: mirá, si vos estás escuchando a un colega que te calienta porque el dólar estuviera a 1.600, no va a estar a 1.600. No es una buena base decisoria. Entonces vos tenés que cuidarte. ¿Qué problemas tengo yo? ¿Qué problemas impositivos, nacionales, provinciales, municipales, juicios? Para actuar yendo directamente a las causas, no para neutralizar esto en términos de un tipo de cambio que te permitiría financiar todo, pero que no va a existir.
O sea, vos decís que hay que asumir que este va a ser el tipo de cambio futuro de la Argentina porque han cambiado las posibilidades de exportación y el flujo de cuenta corriente de la Argentina.
Vos sabés que los ingleses tienen una expresión que a mí me gusta. Dice: “Por el momento”. Claro que por el momento. Capaz que la semana que viene vos y yo hablamos y estamos hablando de otra cosa. Pero no parece. Digamos, hasta donde da la imaginación, no parece. Si vos estás enfrentando que los chinos, los paraguayos, no sé qué cosa, vos tenés un problema.
A nivel individual puedo escuchar cualquier cosa. Cuando vos mirás el nivel de importaciones totales, los chinos, como esa cosa abrumadora, no aparecen. A menos que hagan contrabando o subfacturen a los pavotes.
Ahora parece un momento que todo indica prolongado, porque Vaca Muerta, la electromovilidad, el cobre, la minería, no se tratan de cuestiones coyunturales. Parece que es algo que tiene larga vida.
Sí, señor. Yo creo que es una buena base decisoria a partir de eso. No es que exportás colchones y con el incremento. Una cosa que parece mucho más extendida a lo largo del tiempo.
Y así como vos lo comentabas, no se puede pensar en un dólar de 1.600. Aquellos que le recomiendan al gobierno un dólar más alto, ¿se equivocan? Así como no se puede decidir un dólar más bajo, ¿tampoco se puede decidir un dólar más alto y hay que resignarse al que sea?
Acá hay un tema elemental. Si vos querés hacer una recomendación, tenés que meterte en los pantalones del tipo que tiene que tomar la decisión. Entonces la pregunta se agrega y dice: “¿Por qué?”. Mirá, yo te puedo hablar de las maravillas de las alternativas. Pues la vida es problema contra problema. ¿En nombre de qué vos le dirías hoy a este gobierno: cambie no sé qué cosa de la política económica para que el dólar se vaya a 1.600, 1.700...? La verdad, no se entiende. Entonces yo digo: “Mire, flaco, la política económica está aquí y ahora"
¿Existe la posibilidad entonces de que el año próximo, frente a las elecciones, que siempre aparece el riesgo de alternancia en el cambio del presidente, que pueda el peronismo generar alguna expectativa de posibilidad competitiva y de triunfo, que no existan más las corridas cambiarias que normalmente se producen en los momentos de elecciones porque hayan cambiado las cuestiones de fondo, con los elementos de que Argentina vuelva a ser superavitaria en términos de energía y aparezca la minería?
Y también aparece la cosa al revés. Que los mismos tipos que hicieron la corrida en 2025 vuelvan en 2027. Y acá hay un punto fundamental. Porque el compañero Trump, a fines de 2027, capaz que es un pato rengo. Entonces es una cosa elemental que el actual gobierno dijo: “¿Sabés qué? Somos amigos, estamos a los besitos, pero si este amigo no lo preciso, mejor”. Consiguientemente, parte de la lógica de decir “voy a tener reservas” es prepararme para un 2027, que por supuesto es una incógnita total, pero que puede ocurrir sin tener al Tío Sam en la misma posición que la tuvo en 2025.
Ahora, al mismo tiempo pareciera que tampoco la situación en términos de cuenta corriente es la misma en 2025 que en 2027, porque empiezan a producirse efectos muy crecientes de Vaca Muerta. O sea, hay un flujo de dólares y lo va a haber en 2027 que no lo había en 2025, y eso tiene que ver con la economía real.
No digo que no. Tenés razón. Pero fijate que estás haciendo un argumento de flujos y las corridas son stock contra stock. Los stocks, cuando vos los querés modificar de la noche a la mañana, tienen una fuerza que se lleva puestos, digamos así, a los flujos. Entonces vos decís: “Mire, con este superávit fiscal, la corrida ya tendría que pensarlo un poquito más”. Tenés razón. Pero, por las dudas, porque vos cuando tenés una responsabilidad ejecutiva, por las dudas seguís comprando bolsas de arena, etcétera. No sea cosa que con los flujos no me alcance y no tenga al Tío Sam. Capaz que sí, capaz que no. Pero si no, el gobierno dice una cosa elemental: si no lo preciso, mejor.
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Inflación. ¿Cómo imaginás que va a terminar siendo la inflación el año próximo? ¿Va a lograr reducirse respecto de este año lo que no logra este año respecto del año anterior?
No tengo la menor idea. Supuestamente esta comparación la hubiéramos tenido hace 50 días con una inflación de 3. Yo decía dos cosas: el gobierno no está contento y tampoco desesperado. Hoy debo decir: está un poquito más contento, pero no está desesperado. Esta es la clave.
¿Sabés lo que sería contraproducente? Que la desesperación por sacar 1,8 o 1,2 lo llevara a hacer macanas. ¿Sabés qué es macana? Prohibir la exportación de un producto, congelar precios, dibujar el índice. Yo no lo veo haciendo ninguna de estas cosas. Entonces lo que digo es: capaz que baja, me parece bárbaro, una cosa por el estilo. La política económica, como está planteada en términos fiscales, con Federico Sturzenegger, no es una de administrar un remedio por el cual te doy la pastilla a las 8 de la noche y a las 11 registro que cayó medio grado la temperatura de tu cuerpo. No, no es así.
¿Cómo imaginás entonces los resultados futuros respecto a estas cuestiones que vos decís que son más de orden teórico que de orden de andar interviniendo? ¿Imaginás una tendencia decreciente de la inflación?
No imagino nada. La política económica es un día a día. La vida es un día a día. Dale que va. Cuando algún colega mío dice “hay que relanzar el programa”, digo: perdón, modernamente los programas se lanzan todos los días, se relanzan todos los días. No me canso de repetir: en el pasado vos tenías fechas. Krieger Vasena, 13 de marzo del 67; Sourrouille, 14 de junio del 85. No hay nada parecido acá.
Y aprovechar las circunstancias se modifica. Nadie sabía a comienzos de este año que iba a haber una guerra con estas implicaciones. Tampoco sabés cuándo va a terminar, cómo va a terminar. No sabés. Entonces lo que digo es: la certeza es mejor que la incertidumbre, pero la pretensión de certeza es peor que la incertidumbre.
RM/fl