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MODO FONTEVECCHIA
La lucha por el modelo

Matías Kulfas: “Hay kirchneristas que son anticampo porque no lo conocen y libertarios que son antindistruria porque no pisaron una fábrica”

El ex ministro cuestionó las “anteojeras ideológicas” en la política económica argentina y advirtió que el péndulo entre extremos impide construir consensos duraderos.

15-8-2024-Matías Kulfas
. | CEDOC PERFIL

Matías Kulfas apuntó contra lo que llamó las “anteojeras” de la dirigencia política argentina y sostuvo que el problema “no es de teoría económica, sino político”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el ex ministro de Desarrollo Productivo afirmó que “los economistas que hacemos desarrollo queremos que crezcan todos los sectores” y advirtió que sin consensos básicos el país seguirá atrapado en un “péndulo permanente” entre extremos.

Matías Kulfas es un economista, docente, fue funcionario público, se desempeñó como ministro de Desarrollo Productivo de la Nación entre 2019 y 2022 durante la presidencia de Alberto Fernández. Además de su paso por el Ministerio de Desarrollo Productivo, ocupó cargos como director en el Banco Nación y fue gerente general del Banco Central de la República Argentina. Es director del doctorado en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de San Martín y profesor en la Universidad de Buenos Aires. Ha escrito libros destacados sobre la estructura económica argentina como Los tres kirchnerismos y Un peronismo para el siglo XXI.

Quizás no podría haber mejor día para hablar con vos, después de los dos comunicados conjuntos, la AEA por un lado, la UIA por el otro, despertando por primera vez críticas al empresariado pidiendo respeto. Y un reportaje tuyo hace muy pocos días en que decías que el kirchnerismo tenía para con el campo las mismas anteojeras que hoy tiene para con la industria el mileísmo.

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Empezamos por algunos datos activos de la realidad en el área industrial, en este momento es uno de los peores del mundo. El jueves publicábamos un informe de la consultora Audemus, que dirijo, donde en base a datos de Naciones Unidas relevamos cerca de 80 países del mundo. Argentina queda en el peor lugar de desempeño industrial entre 2023 y 2025, es decir, en el período de Milei, solamente superado por Hungría. Hay un solo país que tiene un desempeño industrial peor, que es Hungría.

En este período de dos años de gestión Milei han cerrado cerca de 2.500 fábricas, que eso equivale al 5% del sector industrial. Se han perdido 73.000 puestos de trabajo. Se ve una industria que no rebota. Esa tendencia se sostiene en el tiempo. Todos los días tenemos cierres de fábricas. Todos los días estamos viendo despidos, suspensiones, cierres de fábricas, una industria que está operando por debajo del 60% de su capacidad instalada. Para que se entienda esto: de cada 10 máquinas que tiene una fábrica, en promedio solo está usando cinco.

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Me quedo viendo tu informe, esto que vos decís, segundo país del mundo en caída industrial del planeta, superado solo por Hungría. Y Hungría es de Orbán. Y muchas veces se dice que Argentina, o que Milei, tiene un planteo económico distinto al de Trump, porque Trump finalmente protege el regreso del empleo a su país y de la industria. Ahora, justo coincide con Orbán, que es el otro el líder más importante de extrema derecha de Europa. ¿Te dice algo esta coincidencia entre Orbán y Milei en el proceso de desindustrialización? ¿Algo relacionado con su ideología o es simple coincidencia?

Justamente cuando vi este fenómeno hice la misma reflexión que vos y me puse a indagar un poquito más qué había pasado en Hungría. La verdad que es muy diferente la situación. Para ser bien claros, Milei en eso es muy diferente al resto de los líderes de extrema derecha. Tanto Trump como Giorgia Meloni u Orbán defienden su industria, están preocupados por su industria. De hecho, la caída en Hungría tiene una explicación puntual, que es que Hungría está en la cadena automotriz que está en competencia con el avance de China. En años ha crecido mucho, sobre todo en vehículos eléctricos. Esto ha complicado la situación. Pero digo, lo llamativo es esto que acabamos de decir: que Milei es muy distinto a los líderes de extrema derecha en materia económica.

Otro tema que no tiene que ver con la industria y que marca la performance de la economía argentina es la caída de la recaudación en febrero. Se acerca casi al 10% en términos reales, con el IVA como uno de los indicadores también del termómetro general de la economía, más o menos en esos porcentajes, descontado un poco menos la inflación. Y paralelamente la dolarización de los activos argentinos fue, desde el triunfo de Milei en octubre, que tuvieron un diciembre en que se paró luego de haber venido durante casi todo el segundo semestre del año pasado los argentinos comprando récords en dólares, volvió a crecer en febrero. Son todas señales negativas: inflación creciente, compra de carteras dolarizadas creciente, caída de la recaudación creciente. Hay, más allá del tema de la industria, señales, no sé si inequívocas, pero por lo menos simultáneas de luces rojas.

Sí, sobre todo porque lo que estamos viendo es una economía que se mueve con dos velocidades distintas. Uno ve la actividad agropecuaria: está funcionando bien, ha tenido una cosecha récord de trigo, se encamina a una buena cosecha de soja y cereales oleaginosos. La ganadería está bien y está aportando más. Vaca Muerta está funcionando muy bien y parece que este aumento de precio internacional también le puede jugar a favor. La minería, si bien no está produciendo mucho, se viene sí lo vinculado al cobre. Es decir, hay un sector de la economía que está en camino, digamos, de crecimiento. ¿Cuál es el problema? Que son sectores que en términos relativos generan poco empleo.

Los sectores que más empleo generan, que son la industria, la construcción, el comercio, están todos en proceso recesivo, pero sí, muy lentamente. No es que una cosa no existe y la otra sí; las dos existen. Ahora, lo que trae eso como resultado es que si las actividades que más empleo crean están en retroceso, están estancadas, eso hace que los salarios crezcan poco, que la masa salarial crezca poco, que el consumo se deteriore y, fundamentalmente, también a nivel de las carteras bancarias, que es un aumento muy veloz y muy llamativo en la morosidad.

No solamente en los bancos alternativos, las fintech, sino también en las carteras bancarias normales. Eso es una gran preocupación que hay en el mundo financiero bancario, porque hay mucha gente que no puede pagar las deudas. Se endeudó con tarjeta o un crédito personal en 2024, 2025, con la expectativa de que esto iba a mejorar y que, lejos de eso, perdió el trabajo o el salario real se deterioró. Esto hacia adelante puede modificarse.

Yo creo que es probable que en el segundo trimestre, con esta política de dólar barato, de ancla cambiaria, la inflación vuelva a retomar una senda descendente y con eso pueda dar una mejora de los ingresos de los salarios y los salarios reales vuelvan a crecer en los que conservan el trabajo, claro está. Entonces ahí creo que el gobierno apuesta a que se recupere un poquito la actividad económica a partir del segundo trimestre del año. Pero subsisten estas situaciones donde lo que vemos es que en la calle falta plata, que el consumo está muy planchado y que, salvo en algunos artículos, la economía no está creciendo significativamente.

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¿Le puede crear un problema fiscal? Es decir, finalmente, así como la curva de Laffer planteaba que uno subía los impuestos y en determinado momento, por más que subía, empezaba a bajar la recaudación, puede ser que uno achica para lograr tener superávit fiscal, pero se le achica la recaudación y tiene que volver a achicar, y se le achica y tiene que volver a achicar. Es decir, el mismo fenómeno, pero en sentido inverso, donde cada vez se retroalimenta más tu problema, en este caso en el orden fiscal.

Yo creo que algo de esto está pasando, evidentemente, porque si vemos que justamente la recaudación de un impuesto como el IVA, que está fuertemente asociado al consumo, empieza a mostrar una trayectoria negativa, eso obviamente está hablando de una economía que se está reduciendo, para que se entienda.

Cuando cierra una fábrica y quedan 900 personas sin trabajo, esa gente naturalmente va a reducir su consumo, no le queda otra, porque lo más probable es que no tenga un ingreso nuevo o, si lo tiene, va a ser por un importe menor. Entonces, en Argentina lo que estamos viendo es eso. No es que hay un mecanismo de reemplazo, no es que la persona que pierde el trabajo en Fate se emplea al día siguiente en Vaca Muerta.

Primero porque, aparte, lo que estamos viendo incluso en actividades como petróleo y gas es que el año pasado incluso redujeron empleo, porque si bien Vaca Muerta está muy dinámica y crea empleo, eso no compensó lo que se perdió en los pozos no convencionales de Santa Cruz, por ejemplo.

Del mismo modo que lo que se creó en minería de litio no alcanzó a compensar lo que se perdió en actividades vinculadas a la construcción, que viene muy golpeada por la virtual parálisis de la obra pública y porque la obra privada tampoco arranca. Así que, efectivamente, uno de los problemas es que esta dinámica de ajuste genera más necesidad de ajuste.

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¿Cuál es tu pronóstico?

Yo creo que hay dos cuestiones paralelas. Por un lado, Argentina va a seguir teniendo momentos de zozobra, de falta de dólares. La novedad fue que en septiembre, cuando vino este fenómeno, aparecieron Trump y Scott Bessent y le dijeron: “Lo que necesites, te cubrimos”. O sea, en ese sentido uno diría: mientras esa billetera de último recurso siga funcionando, esto aguanta. Pero después está el otro costado, que mucha gente por ahí no está mirando, que es la cuestión más socioeconómica, que tiene que ver con esto. ¿Hasta cuándo va a aguantar una economía que tiene un montón de sectores que pierden empleo, que destruyen capacidad productiva y no tienen como compensación otros que absorban esa gente?

Y el principal problema que hay con esta cuestión, es que el Gobierno no ve ningún problema. Porque si yo me dijera: el Gobierno ve que cierran fábricas y tiene algunas medidas que está tomando, uno puede estar de acuerdo o no con la receta. Ahora, cuando vemos que el gobierno en realidad casi que festeja que cierren fábricas, acusa a los industriales de ladrones, etcétera, lo que está diciendo es que no le parece un problema. Yo no veo nada malo en que los industriales argentinos compitan entre sí y con las importaciones. Ahora, una cosa es competir en un partido 11 contra 11 con un árbitro neutral y otra cosa es lo que hace Milei: te baja los impuestos a la importación, reduce aranceles, eliminó el Impuesto PAIS, elimina los antidumping. A la industria argentina no le bajó un solo impuesto.

Y además le agrega dólar barato. Te estás regalando frente a la competencia internacional y encima elimina toda la política industrial. Entonces esto no es un partido 11 contra 11: estás jugando con ocho contra un rival que son 11 y un referí que mira para otro lado. Me parece que acá hay un problema que el gobierno no visualiza en absoluto. Estas cuestiones en general tienen problemas graves o estallan por lo financiero, falta de dólares, o también por lo social. Y parece que este es el tema que no está tomando en cuenta el gobierno.

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Vos mencionabas en un artículo reciente comparar las anteojeras del kirchnerismo con el campo y del mileísmo con la industria. Me gustaría una explicación lo más didáctica posible de por qué se generan esas cegueras paradigmáticas.

No, esto más que nada es en la política, no en la teoría económica. Desde la teoría económica yo no escuché a nadie que diga que es malo que crezca el campo o que crezca la industria. Los economistas que hacemos desarrollo queremos que crezcan todos los sectores, que se complementen...

He escuchado desde el kirchnerismo la idea de que el campo es la reprimarización y que, por lo tanto, es importante ser más duro desde el punto de vista tributario con el campo para redistribuir eso en la creación de la industria. O gobiernos como este dicen: “No, hay que hacer como Australia, que dejó de tener industria automotriz y muchas otras industrias”. Es decir, yo escucho fundamentaciones ideológicas en un sentido y en el otro.

No, por eso digo que creo que es una cuestión más de anteojeras, de por ahí no ver el potencial de un sector, de no entender cómo funcionan. Creo que me parece que tanto en quienes son anticampo hay gente que no conoce el funcionamiento real del campo, y lo mismo con la industria. Yo veo mucha gente del gobierno que creo que no ha pisado una fábrica en su vida. O sea, no tiene idea del esfuerzo que significa construir una fábrica, ponerle maquinaria, tecnología, y después compara peras con manzanas. Porque sí, Australia puede no tener un montón de industrias, pero es un país que tiene la mitad de población de Argentina y mucho más recursos naturales. En minería tienen 20 veces más recursos que Argentina.

Entonces, sí, yo también te diría: si Argentina tuviera menos población y más recursos, te diría a lo mejor no necesitamos tener industria. Pero indefectiblemente Argentina necesita tener algo más que el campo, que la minería y que el petróleo. Y aun así, Australia no es que vive solamente del recurso, también hay un montón de tecnología aplicada a los recursos naturales. Por eso digo, creo que es una cuestión de anteojeras, de no entender cómo es el funcionamiento real. Y yo creo que esto no lo que hace es generarnos mucho, mucho retraso. Hace unos días escuchaba gente que me decía: “Bueno, pero con Cristina el campo no se fundió, no podés comparar”. Digo: “No, no se fundió”. Efectivamente. Pero, yo recuerdo, por ejemplo, el plan agroindustrial de Julián Domínguez, que planteaba llegar a 200 millones de toneladas, y estamos lejos de eso. Realmente era algo posible, o salir del estancamiento en la producción de carne vacuna.

Entonces, me parece que, por ahí esas limitaciones impidieron que el campo no creciera, porque creció, pero que creciera mucho más y generara muchas más soluciones. Y hoy lo de Milei lo que está generando es, a contramano del mundo, digo, en todo el mundo están cuidando sus actividades productivas, tratando de que se desarrollen. Acá nomás en Brasil, Lula implementó Nova Industria Brasil, que es un programa político industrial superambicioso, y de hecho Brasil está creciendo en industria. A ver, nuestro socio comercial, el que está acá pegado, crece a nivel manufacturero, acaba de anunciar una segunda planta productiva de autos eléctricos chinos en su territorio. Lejos de estar simplemente como un importador, también está trayendo inversión internacional en el sector manufacturero.

Y aquí tenemos un gobierno que dice que eso no importa, que si cierran, casi que mejor, porque son todos ladrones prebendarios. Así como creo que es una falacia, me parece un error decir que los industriales son todos prebendarios, me parece que está mal. También creo que está mal, como en algún momento dijo Cristina que la soja es “yuyo”. Tampoco es un yuyo. También hay un montón de trabajo y tecnología incorporado ahí y tenemos que ser más respetuosos y cuidadosos con los sectores productivos.

Y a ver si puedo hacer un corolario de tu visión. Es que finalmente estas dos anteojeras demuestran el verdadero problema de la Argentina, que es el extremismo ideológico y que es, tanto de un lado como del otro, la falta de equilibrio.

Coincido plenamente. El problema, por eso te decía, que para mí el problema principal no es tanto de teoría económica, sino de sectores políticos que se van a los extremos. Y, en todo caso, sí, se nutren después de ideologías extremas o de teorías muy extremas, pero en el fondo el problema es político. O sea, si Argentina no puede tener un conjunto de consensos. Nos bandeamos, pasamos de un gobierno que abre todo. Después, como abre todo, termina en una crisis de deuda. Entonces, después el siguiente tiene que cerrar porque no tiene un solo dólar en el Banco Central y termina sobreprotegiendo, exagerando la protección porque no tiene dólares para importar y generar competencia genuina.