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MODO FONTEVECCHIA
De cara a 2027

Nicolás Massot: “Me gustaría un candidato como Frigerio o Llaryora para 2027”

El diputado nacional planteó la necesidad de construir “un gobierno de unidad nacional” y cuestionó tanto al oficialismo como a la oposición por priorizar “la táctica” antes que “una estrategia de largo plazo”.

Nicolás Massot sobre la incorporacion de Lijo y García Mansilla
Nicolás Massot sobre la incorporacion de Lijo y García Mansilla | Cedoc

Nicolás Massot aseguró que la Argentina necesita “amistad cívica” y una dirigencia capaz de construir consensos duraderos más allá de los cambios de gobierno. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el diputado nacional cuestionó la lógica de la polarización permanente, criticó aspectos de la política económica de Javier Milei y planteó que le “gustaría ver personas como Rogelio Frigerio, Emilio Monzó, Martín Llaryora o Raúl Jalil” como posibles referencias de un espacio de centro para 2027. “El lema es la concordia”, resumió.

Nicolás Massot es economista graduado por la Universidad Torcuato Di Tella y político que actualmente se desempeña como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires para el período 2023-2027, integrando el bloque Encuentro Federal. Fue diputado nacional por Córdoba entre 2015 y 2019, período en el cual presidió el bloque del PRO. También se desempeñó como director general de Reforma Política en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Mauricio Macri.

Tenía mucho interés en conversar personalmente con Nicolás Massot porque me acuerdo de su época en el PRO, cuando gobernaba a nivel nacional Mauricio Macri, y que era una de las voces más lúcidas y autocríticas desde dentro de ese espacio. Y fue el que dijo: “Hay que acostumbrarse a que la democracia es alternancia y que más tarde o más temprano va a volver el peronismo”, en aquellos años de optimismo absoluto por parte de Cambiemos, de que venían muchos años seguidos del mismo signo político.

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Y hoy estamos en una situación quizás comparable. Porque hasta hace algunos meses se daba por descontado que La Libertad Avanza iba a ser reelecta y, nuevamente, ahora se empieza a pensar en situaciones alternativas. Vimos inclusive al presidente Macri, al expresidente Macri hace tiempo, retomando su alto perfil; ciertas controversias ahora entre la propia Patricia Bullrich y La Libertad Avanza.

Me gustaría primero que nos hicieras una especie de balance y diagnóstico de cómo ves el sector más cercano a la derecha. Estos movimientos de Macri, lo de Bullrich ayer, vos, que conocés a estos actores desde dentro porque eran parte del campo político que vos militabas, ¿qué visión tenés?

Creo que es muy actual aquella apreciación sobre los problemas que tiene el sistema argentino para incorporar la alternancia como un dato del sistema. Es decir, creo que la Argentina, dentro de sus turbulencias, se puede ufanar de tener instituciones relativamente fuertes. Yo creo que el sistema democrático y republicano en la Argentina está bastante consolidado, pero hay una práctica, un atributo esencial del sistema republicano, que es la alternancia, que en la Argentina es un acantilado.

Hay países muy comparables a los nuestros, que son vecinos, Uruguay, Chile a la cabeza, por nombrar países que ya tienen PBI per cápita y niveles de desarrollo superiores a los de Argentina, que tienen incorporado un compendio legal diferente, una cultura con amistad cívica, que no elimina a los adversarios políticos, no elimina la disidencia y las visiones muchas veces antagónicas. Porque vaya si hay un antagonismo entre Gabriel Boric y José Antonio Kast, pero hay presente aquello que el José Mujica siempre destacaba como los túneles subterráneos entre gobiernos.

Eso está presente y hay una cultura de hacer de la alternancia una loma de burro, un reductor de velocidad. Un acantilado que interrumpe cualquier decisión de desarrollo, de inversión y de empleo. Ese es el drama de la Argentina hace décadas, no es una novedad. Era en nuestro gobierno con Macri un problema, lo es ahora de la misma manera, y la verdad es que eso se construye con liderazgos.

Creo que Mauricio llegó con una cabeza, en este sentido, para unificar. De hecho, ganó con su principal lema siendo “unir a los argentinos”. Y nosotros nos olvidamos, pero fue la última vez que un gobierno entró por el medio de la grieta. La grieta en ese momento era Cristina y Massa. Macri era el moderado. Fue la última vez que pasó eso en la Argentina.

Desde Macri, en 2017, mal aconsejado, a mi modo de ver, por alguien que es amigo de la casa como Jaime Durán Barba, mal aconsejado desde el largo plazo; desde lo electoral estuvo bien aconsejado, así ganaron elecciones todos los gobiernos que vinieron después: maximizando la grieta como un rendimiento electoral de corto plazo, a expensas del desarrollo de mediano y largo plazo de la Nación. Entonces, yo creo que este tema es central en todos los gobiernos.

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No puedo más que compartir todo lo que decís, que el verdadero problema de la Argentina es el extremo grado del péndulo, ¿no?

Claro. Y no hay que cambiar ninguna ley, no hay que ser parlamentarios ni cambiar la Constitución. Hay que simplemente incorporar en los liderazgos que llegan con capital político que, de una vez por todas, hay que probar con la unidad nacional, que no significa ni partido único, ni pactos espurios.

La tarea del oficialismo de turno es lograr que la oposición se acerque a las cuestiones que definen el mediano y el largo plazo. El clima de negocios necesita que la política le dé plazo y vos no podés decir que solamente le vas a dar plazo si ganás tres elecciones seguidas. Vos podés decirle que las inversiones van a tener plazo aun con alternancia. Eso es lo que le falta a la Argentina.

Y en el caso de los movimientos actuales, el de los últimos dos meses de Mauricio Macri y el de ayer, podríamos decir, de Patricia Bullrich, ¿qué lectura le das?

A mí me hubiera encantado que tanto Mauricio Macri como Patricia Bullrich, en diciembre de 2023, hubiesen tenido una visión de mayor largo plazo y menos táctica, y más estratégica para la Nación. Y como en aquel momento sostuvimos con Emilio Monzó, Ricardo López Murphy, Miguel Ángel Pichetto, Margarita Stolbizer y muchos de los que estábamos en Juntos por el Cambio, que ante la decisión de que se desarme Juntos por el Cambio para entregárselo y entregarse al gabinete y a los cargos del gobierno de Javier Milei, muchos dijimos: “Esto hay que sostenerlo”.

La mejor manera de ayudar a la Argentina es conservar un espacio de centro democrático que nos llevó 15 años formar, como fue Juntos por el Cambio, que por supuesto no era fácil de dirigir porque era bastante horizontal. Pero vaya si hubiera cambiado la ecuación haber refrendado todas las cosas que muchos coincidíamos respecto del cambio de rumbo que proponía Milei y haberlo frenado en la cantidad de abusos y excesos que ni Macri ni Bullrich pudieron frenar por haberle entregado prematuramente el desarme de ese espacio de centro que hubiera sido un resorte y un balance invaluable para nuestro sistema.

Me lamento, pasaron dos años y medio, pero lo que digo es: cualquier análisis que hagamos tanto de Bullrich como de Macri hay que hacerlo a la luz de ese error histórico que, en mi opinión, cometieron ambos. Y yo se lo dije a Patricia habiendo sido uno de los primeros candidatos a diputados de la provincia de Buenos Aires por su lista.

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Es decir, el diseño de la plataforma de gobierno y de los acuerdos de gobierno que pensábamos con Patricia cuando nos imaginábamos ganando la elección era absolutamente diferente a lo que ella terminó haciendo tan solo unos días después del balotaje. Lo digo porque me parece que no hay que perder esa perspectiva histórica.

Hoy creo que sus movimientos, en ambos casos, siguen siendo tácticos. En el caso de Mauricio Macri, garantizar la continuidad del PRO en la ciudad de Buenos Aires. Me parece que todo lo que haga, tanto a nivel nacional o todo lo que esboce, hay que leerlo en esa clave. De la misma manera que hay otros actores del PRO, obviamente el ministro del Interior a la cabeza, que están observando no la ciudad de Buenos Aires, sino la provincia de Buenos Aires.

Así que yo creo que hay como dos facciones del PRO que están en una conversación con el oficialismo: unos para tratar de continuar en la ciudad de Buenos Aires y otros para tratar de, entre comillas, conquistar la provincia de Buenos Aires.

Y en el caso de Patricia, me parece que empieza a emerger objetivamente, más allá de las diferencias que puedo haber expresado respecto de lo que hizo hace dos años y medio, como tal vez la única alternativa dentro del oficialismo que puede generar alguna expansión respecto al núcleo duro de lo que puede mostrar hoy el propio Milei.

Vos sos diputado por la provincia de Buenos Aires y, si yo no recuerdo mal, habías sido diputado por Córdoba. Y Córdoba, no sé si mi olfato está mal orientado, me parece que algo grande está pasando allí, ¿no? Estos decenas de intendentes cordobeses que participaron del encuentro el sábado pasado, de esa búsqueda de un peronismo ni kirchnerista ni kicillofista. Entrevistamos a una de las figuras del gobierno cordobés ayer, hablando de que Córdoba quería, o sea, que Martín Llaryora quería ser parte de un armado nacional que no sea mileísta y que al mismo tiempo no sea kirchnerista.

¿Existe la posibilidad, como no existió desde la época en que José Manuel de la Sota rompió con Cristina Fernández de Kirchner, de que el peronismo cordobés vuelva al peronismo y eso mismo contribuya a reconfigurar una renovación que no se dio?

Es una posibilidad. Lo que hay que entender es que, en esta discusión, la institución de las primarias abiertas son fundamentales, porque lo que se vislumbra hoy es la posibilidad de construir un frente electoral en donde participe el peronismo orgánicamente, pero no sea solamente eso. Donde el peronismo no jefature, ¿no? Un peronismo más horizontal.

No quiere decir que no haya favoritismos electorales dentro del peronismo, pero no hay el liderazgo monolítico que existió en los últimos 20 años.

Entonces, las dos cosas, esa realidad y la institución de las primarias, por lo cual es importante que cualquier discusión de reforma electoral, que siempre es bienvenida, se plantee a partir de 2031 en adelante. Porque si no estamos frente a una especulación típica de la casta, de un gobierno que quiere cambiar las reglas de juego para dentro de seis meses porque considera que hay un negocio electoral que hacer cambiando normas, y la verdad es que es algo poco deseable.

Pero hoy la discusión yo creo que se puede enmarcar en una proliferación de candidatos en una primaria en donde, insisto, lo que hay que delimitar es aquello que no tiene que volver. Es decir, la idea de que la deuda pública hay que honrarla y, por ende, hay que gestionarla.

Por supuesto que tenemos una colina enorme: este gobierno, que ensalza el mercado, no logra que el mercado le crea. Es una enorme contradicción. No logra reprogramar los vencimientos de deuda que empiezan a asomar como muy desafiantes.

Entonces, obviamente, ese es un tema sobre el cual hay que empezar. Está asociado a una política cambiaria típica de gobiernos peronistas, que es un retraso utilizando stocks y no flujos comerciales del tipo de cambio para postergar inflación, porque es falso que la elimina, solamente la posterga hacia adelante.

Y eso impide que el Banco Central acumule reservas. Entonces ahí no hay “riesgo kuka” evitando que el gobierno reprograme vencimientos de deuda accediendo al mercado. Lo que hay es un riesgo cambiario donde el gobierno no muestra la capacidad de sumar respaldo porque tiene una política cambiaria que está regalando esos dólares que deberían ir al Banco Central, subsidiando importaciones y subsidiando turismo. Básicamente lo que está pasando.

Y todo el resto de las reservas que deberían ir al Central, como no podemos reprogramar la deuda porque no tenemos reservas, tenemos que usar esas reservas para pagar intereses. Todo un gran círculo vicioso del cual hay que salir y es el meollo de lo que tiene que proponer cualquier alternativa.

Entonces, obviamente, cualquier coincidencia, aun compitiendo en una primaria, tiene que partir de la base de que entendemos este problema y que nadie va a venir con una solución mágica a decir: “No paguemos la deuda”. Ejemplos como ese son los que hay que desterrar.

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¿No ves eso en Axel Kicillof?

Creo que hay que escucharlo a él. Hay que seguir conversando y se tiene que expresar públicamente él y cualquier candidato que quiera proponerse como continuidad de esto.

Y lo que hay que entender es que todos los gobiernos sirven de algo, ¿no es cierto? Entonces, inclusive aquellos que a uno no le gustan. Evidentemente no hay que ser necio y este gobierno ha contribuido, pase lo que pase, a instalar hasta culturalmente dos o tres cuestiones respecto del rumbo que después no ha sabido ni sostener coherentemente ni implementar en las políticas finas. Pero hoy en día hablar de defaults y de déficits fiscales suena anacrónico.

Ahora, vos hablás de una gran interna y para que haya esa gran interna tiene que haber vocación entre los distintos jugadores. Por ejemplo, el peronismo cordobés pudo haber entrado en una interna en las elecciones de 2023, en las PASO, y ahí se opusieron. Patricia Bullrich se opuso porque consideró que podía ser una ventaja para Horacio Rodríguez Larreta y finalmente el peronismo cordobés terminó obteniendo más de 5%, que hubieran sido muy importantes para Juntos por el Cambio para haber sido quien pase al balotaje.

Entonces ahí lo que se ve es que parecía lógica esa interna que integrase al peronismo y no lo dejaron integrar. ¿Qué voluntad creés que hay hoy en el peronismo? No la hubo claramente en Juntos por el Cambio en ese momento. Primó, como vos dijiste, lo táctico y no lo estratégico.

¿Qué voluntad ves vos hoy en el peronismo, ya sin un liderazgo vertical como el de Cristina Kirchner, para plantear una interna así? En la que esté Kicillof, esté el peronismo de centro, estén los partidos que antes integraban o partes de los que integraban en su momento Juntos por el Cambio o Cambiemos, el peronismo cordobés, el socialismo santafesino.

Están también varios gobernadores, sobre todo de provincias del norte, que vienen actuando en conjunto. Hay dos o tres de ellos que no tienen reelección y que pueden ser también candidatos en una primaria como un grupo de gobernadores. Eso también existe.

Veo voluntad. Después habrá que ver si se termina armando una sola primaria o por ahí hay dos. Uno evidentemente tiene que poner el límite de la coherencia en algún lado. Con Juan Grabois y con Myriam Bregman tengo una buena relación. Ahora, a la hora de sentarnos y conversar, salvo algunas cuestiones muy puntuales, es difícil imaginarse el grado de coincidencia suficiente como para integrar una primaria.

Entonces tal vez terminen habiendo más de una primaria. Por ahí una primaria opositora más volcada hacia la izquierda, hacia una política económica que sí desafíe tal vez el pago de la deuda o el equilibrio fiscal y que proponga otras cuestiones; y un peronismo más cercano a lo que fue el peronismo hasta principios de la década del 2000, que fue toda la vida un movimiento absolutamente capitalista.

Básicamente lo que interpelaba era la retribución relativa de los factores de producción, es decir, quería que el peso del salario fuera superior en la ecuación al peso de la renta. Eso fue el peronismo en perspectiva histórica, no fue un movimiento anticapitalista. Hoy hay sectores que derivan del kirchnerismo y que todavía están dentro de lo que es el mundo peronista que sí discuten la organización capitalista. Yo creo que puede ser un límite.

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Imaginemos eso, un modelo a la brasileña de un cinturón sanitario como logró hacer Luiz Inácio Lula da Silva. E imaginemos que en la Argentina haya dos grandes primarias opositoras al gobierno: una más de centroizquierda y una más de centro o de centroderecha. En esta segunda, ¿ves al PRO siendo parte de eso o ves al PRO con el gobierno?

Veo integrantes del PRO siendo parte de eso, o exintegrantes del PRO, como es mi caso. No lo veo al partido orgánicamente. Como te dije, yo creo, lamentablemente, que hoy las dos corrientes que más adeptos tienen dentro del partido están observando la continuidad en la Capital Federal y la conquista electoral de la provincia de Buenos Aires.

Para la continuidad en la Capital Federal, ¿no creés que les conviene tener un candidato presidencial diferente?

Les conviene ahora como punto de partida. Como punto de llegada, supongo que puede ser una moneda de cambio.

O sea, finalmente no tener un candidato a presidente propio a cambio de que La Libertad Avanza no coloque un candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad.

Lo dijiste mejor que yo.

Ese es el planteo, ¿no le genera un riesgo de que casualmente le aparezca en esa segunda primaria, que no sea del peronismo de izquierda, por decirlo de alguna manera, un candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad que termine siendo más competitivo que el de La Libertad Avanza en este proceso de deterioro de La Libertad Avanza?

Nosotros lo vamos a intentar, por supuesto, en todos los distritos.

¿Quiénes podrían ser esos candidatos del centro que no están representados ni por Kicillof y Grabois ni por Milei y las personas más cercanas a él?

No sé si le hago un favor o no, pero solo a modo de ejemplo, porque él no ha expresado la voluntad de hacerlo, pero para que se entienda: a mí me gustaría ver personas como Rogelio Frigerio, como Emilio Monzó, por qué no como Martín Llaryora, como Raúl Jalil. Es decir, son gente que ha demostrado acabadamente tener tanto capacidad de gestión como concordia, ¿no? Como el temple necesario para entender que la unificación social.

RM/ff