Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), entrevistó al especialista en Relaciones Internacionales y economía Federico Vaccarezza, quien analizó el impacto de la pérdida del poder adquisitivo, el crecimiento del endeudamiento de las familias y la falta de liquidez sobre la economía argentina. Según explicó, el crédito comenzó a funcionar como un mecanismo de compensación frente a ingresos que ya no alcanzan para sostener el nivel de vida y que, cada vez más, se destinan a gastos cotidianos.
De cara a 2027, Vacarezza planteó además un dilema para el Gobierno de Javier Milei: impulsar una medida contracíclica para estimular el consumo o profundizar el ajuste. En ese marco, sostuvo que un eventual “plan platita” tendría un efecto electoral limitado, porque una recomposición de los ingresos no necesariamente se trasladaría al consumo, sino que podría destinarse principalmente al pago de deudas y al desendeudamiento.
Federico Vaccarezza es licenciado en Relaciones Internacionales por el IUPFA, magíster en Relaciones Comerciales Internacionales y especialista en Economía y Negocios con Asia-Pacífico e India por la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Actualmente cursa el doctorado en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de La Plata. Se desempeña como profesor en la Universidad Austral y también en la Universidad Nacional de Avellaneda. Es coautor de publicaciones académicas sobre el sector externo y la crisis estructural de la Argentina.
Federico, muy buenos días. Jorge Fontevecchia los saluda. Usted puso foco en que el problema mutó, que la inflación pasa a la falta de liquidez y la pérdida del poder de compra. Cuando las familias empiezan a usar las tarjetas de crédito o los préstamos, no para adquirir bienes durables, sino para pagar supermercados o servicios públicos básicos, el problema pasa a ser de falta de liquidez y de falta de capacidad de compra de salarios. ¿Cómo se relaciona con la baja de la inflación, la recesión, que parecen ser una y otra inevitables?
Hola, Jorge, ¿qué tal? Es un placer saludarte. Bueno, lo primero, por ahí, que habría que tener en cuenta es que, a medida que el ingreso se fue erosionando durante los últimos dos años, el crédito fue lo que empezó a funcionar como una suerte de mecanismo de compensación frente a los ingresos que ya no alcanzaban para poder sostener el nivel de vida.
Muy bien. Ahora, finalmente, eso es simplemente posponer el problema porque luego agrava, además, que hay que pagar los intereses.
No, bueno. Lo que sí es notorio es que hay un deterioro. Al haber un deterioro del ingreso, ese ingreso, al ser compensado básicamente con deuda para poder mantener el nivel de consumo, básicamente el consumo diario, el consumo habitual, podría decirse, no el consumo suntuario ni el lujo. No es para impulsar el consumo en la Argentina o generar un boom de consumo, sino que el crédito se usó simplemente para compensar algo que ya se había deteriorado y que no alcanzaba. Bueno, esa situación a largo plazo plantea un desafío no solamente para las familias, que son las que verdaderamente están en una situación más compleja, sino también para el Gobierno, para la estructura de la economía en su conjunto.
Ahora, usted mencionaba que había aquí un problema. Un problema que era la falta de liquidez, la falta de dinero en el conjunto del mercado y en las personas para consumir. Entonces yo planteaba: no es parte del programa antiinflacionario. Casualmente, para que baje la inflación, lo que se busca es enfriar la economía, pero luego hay un punto a partir del cual una economía enfriada vuelve a crear el problema porque le baja la recaudación. O sea, el dilema clásico entre recesión e inflación.
Es muy difícil salir de esa situación porque tenés dos medidas. La primera medida que podés llevar para poder superar esa espiral que se vuelve cada vez más contractiva, la primera y más lógica, vendría a ser una medida contracíclica, de tratar de empujar un consumo, de tratar de empujar el crecimiento vía el consumo interno, vía el consumo doméstico y, de esa forma, activás los impuestos, recaudás más y, bueno, llegás a compensarlo. Y la otra es seguir ajustándo aún más. El Gobierno tiene que elegir entre estas dos alternativas. La economía lo que te plantea básicamente es que tenés que llevar medidas para poder revertir esa situación. Aumentás brevemente el gasto y, de esa forma, lo que vas a aumentar sistemáticamente detrás va a ser la recaudación. Si eso no se lleva adelante, la única medida que queda es seguir ajustando cada vez más, y seguir ajustando cada vez más es seguir agravando cada vez más la situación. La pregunta es, Jorge, si ya entrando prácticamente en una recta final electoral, ya prácticamente entrando a 2027, es si esta cuestión económica va a tener o no trascendencia política el año que viene para un Gobierno que busca una reelección.
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Me da la sensación que el Gobierno ya tomó la decisión. La anunció claramente el presidente: que no va a producir un aumento del gasto, sino, en cualquiera de los casos, prefiere producir un recorte de los costos. Y paralelamente parece que siempre esto tuvo consecuencias electorales. En ese sentido, lo que estamos frente a un dilema económico por parte del Gobierno, de cumplir con sus líneas de gobierno, aun a costa de correr riesgo de perder la elección.
Bueno, el otro día yo escuchaba al vocero presidencial, a Ravier, lo escuchaba decir una cosa que a mí me llamó mucho la atención. Dice: “No va a haber plan platita”. Dijo de manera tajante: “No va a haber plan platita”. Igualmente, la situación hoy es tan preocupante que el plan platita vendría a ser ese estímulo económico que, en todos los períodos de definición electoral presidencial, todos los gobiernos lo llevan adelante, sea del color que sea, porque básicamente lo que se busca es influir sobre el humor del conjunto de la sociedad. Decir que no va a haber eso, igual no cambia demasiado la situación, porque si hubiera un plan de estímulo económico, un plan para recomponer el ingreso parcialmente el año que viene, prácticamente casi el total de lo que se volcase para tratar de recomponer el ingreso no se volcaría al consumo: se volcaría a pagar deuda, se volcaría a desendeudamiento. Entonces, el efecto que tendría que lograrse, que es una recomposición del ingreso y una mejora en el consumo y que termina generando un mejor efecto social, no se terminaría generando. Se terminaría generando el mismo descontento, porque no se volcaría una mejora de consumo, sino que ya estamos a una altura en la cual ni siquiera un plan platita podría llegar a ser efectivo. Un plan de recomposición del ingreso en año electoral no llegaría a ser efectivo para cambiar el humor social en tan poco tiempo.
A ver, Federico, ¿podríamos coincidir en esta especie de axioma? No va a haber, no sé cómo llamarlo —“plan platita”, quería buscar una forma más elegante—, no va a haber demanda agregada, para ponerlo en términos concretos, previo a una elección, porque finalmente no produciría el efecto buscado, dado que, en lugar de ir al aumento de consumo, iría al pago de deuda. Entonces, el Gobierno finalmente dice: “No vamos a usar esta herramienta que normalmente se utiliza porque, en nuestro caso, no tendría los beneficios que tuvo para quienes lo usaron”. ¿Ese sería el punto? O sea, un dilema absoluto. Federico, muchísimas gracias. Le mandamos un saludo y nos mantenemos en contacto.
No, por favor. Les deseo una excelente jornada. Muchísimas gracias.
LMM