La búsqueda del equilibrio fiscal y la obsesión por acelerar la baja de la inflación pusieron al modelo económico nacional frente a una encrucijada. En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Osvaldo Giordano —referente indiscutido de la escuela económica cordobesa— repasó los aciertos y las asignaturas pendientes del plan oficial. Con la mirada puesta en el sector productivo y el mercado de trabajo, el titular del IERAL planteó la necesidad de aplicar "sintonía fina" para no ahogar la actividad económica ni descuidar la administración tributaria.
Osvaldo Giordano es economista y dirigente político que cuenta con una trayectoria en la gestión pública. Especializado en materia previsional, finanzas públicas y modernización del Estado, se desempeña como el presidente del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana, IERAL, perteneciente a la Fundación Mediterránea. Fue convocado por el gobernador cordobés, Martín Llaryora, para sumarse al directorio del Banco de la Provincia de Córdoba con la meta de impulsar la modernización e innovación productiva de la entidad financiera pública.
Osvaldo, muy buenos días, un gusto escucharte. Más allá de la excusa, podríamos decir, de que te integrás al banco, al directorio del Banco de la Provincia de Córdoba, sos probablemente el economista más visible de la escuela cordobesa de economía, que tiene toda su trayectoria en, primero, la Fundación Mediterránea, pero luego también con el modelo desarrollista, podríamos decir, del cordobesismo que lo lleva al gobierno durante más de un cuarto de siglo. Hemos hablado varias veces a lo largo de los tres años de Milei, del modelo económico de Milei. Hoy, a tres años, ya queda mucho más claro y nítido sus consecuencias. Me gustaría, si vos pudieras, de la manera más didáctica posible, hacernos una comparación. ¿En qué puntos está de acuerdo esta, podríamos decir, corriente cordobesista de la economía con lo que Milei comenzó a hacer? ¿Y en qué puntos están en desacuerdo?
¿Qué tal, Jorge? Un gusto, como siempre. Mirá, yo creo que hay puntos en común. Incluso pensando en el general de la Fundación Mediterránea, que pronto cumple 50 años, y en todas esas ideas que se fueron desarrollando a lo largo de todo este tiempo, hay coincidencias que en Argentina se están tomando. Creo que es el más relevante la cuestión fiscal. El general siempre pregonó sobre la importancia de mantener las cuentas públicas en orden, y en esto el gobierno de Milei ha sido muy estricto y, sorpresivamente, digamos, logró revertir unas cuentas muy desordenadas que habían llegado a un punto crítico a ese final del 2023. Luego también están cuestiones relativas a la integración al mundo, a la desregulación de los mercados; es decir, una economía más focalizada en preocuparse por la competitividad, funcionando en base a mecanismos de mercados, y el Estado concentrado en la provisión de bienes públicos. Yo creo que esos son los puntos en común, y creo que es lo que se rescata como muy valioso de esta experiencia. Creo que el punto más débil —y lo vimos, lo estuvimos viendo mes a mes con los anuncios del INDEC— se refieren al manejo de la política monetaria, en donde esta estrategia de seguir priorizando la baja de la inflación más allá de lo técnicamente posible, porque obviamente está bien la preocupación por bajar la inflación, pero también hay que mirar otros objetos, y este vuelco, esta exagerada ponderación de la meta de bajar la inflación, ha llevado a una política monetaria demasiado dura, que tiene consecuencias sobre otras variables económicas, fundamentalmente la actividad económica, como lo muestra el INDEC, estamos estancados desde el inicio del año pasado, y eso naturalmente repercute en el mercado de trabajo. De manera que, bueno, es un balance mixto, en donde se ponderan logros, pero también se señalan puntos débiles, que creo que son los que son de máxima preocupación y que son los que percibe la mayoría de la población en relación a que no puede ver los beneficios de todas estas transformaciones, que sin duda son muy importantes. Y sería muy relevante de que se empiecen a ver los resultados para que también la gente perciba y apoye esta reforma, que además está en la mitad del camino, porque hay muchas reformas, como la previsional o la tributaria, que todavía están por abordarse.
Osvaldo, estamos al tercer año del plan antiinflacionario. ¿Cuándo se va a hacer el plan antiinflacionario? Cuando uno recuerda los otros planes antiinflacionarios, al año tenían resultados de inflación parecidos o inferiores a este. Que se priorice al tercer año la baja de la inflación como primer elemento, ¿no implica que hay intrínsecamente un problema de arquitectura en el plan? Porque al tercer año este no tendría que ser el problema.
No todas las experiencias. Por ahí nosotros tenemos muy en mente la experiencia de la Convertibilidad, que logró la baja más rápida, pero bueno, era con una configuración distinta, se partía de situaciones distintas. Es decir, la Argentina había pasado ya la experiencia de hiperinflación, el Plan Bonex, y se optó por un esquema cambiario diferente, que es la Convertibilidad, lo que permitió este doble resultado positivo: una baja de la inflación más rápida y un nivel de actividad mucho más expansivo. Si ustedes recuerdan, hasta mediados de la década de los 90, la economía creció mucho. Pero bueno, creo que parte de la explicación está en los puntos de partida distintos, en estrategias distintas, y fruto de eso es lo que nosotros planteamos: de que, dado eso, habría que ser más tolerante con la inflación. Insisto, no es que se trate de volver a la inflación del 2023, sino simplemente ser un poco menos ansioso en la baja de la inflación, no estar mes a mes mirando las décimas si baja o no baja, y prestar más atención a la actividad económica y, por ende, digamos, al impacto que tiene la actividad económica sobre el empleo y los salarios. Entonces, con una política monetaria distinta, menos rígida, un poco más concensiva, que entiendo, digamos, que al gobierno no le gusta en el sentido de que es un riesgo de que esto tenga alguna efectividad. Y es cierto, en el otro objetivo, que es bajar la inflación, pero pensamos que serían mucho más los beneficios, porque no estaríamos sufriendo este estancamiento en la economía y este deterioro en el mercado de trabajo. Creo que un poquito de sintonía fina, digamos, entre los instrumentos y los objetivos a los fines de lograr un mix, una combinación que sería mejor para la población, sin duda, y también creo que mejor desde las perspectivas políticas, que en las próximas elecciones no haya una reversión de rumbo, sino una confirmación de rumbo. Pero para eso, a la gente no alcanza solo con darle promesas de futuro, sino también empezar a darle resultados. Y pensamos que hay instrumentos como para hacerlo; sin negar lo complicado que es toda esta transición, se podría encontrar una combinación mejor, que permita cumplir mejor con este objetivo de mostrarle a la gente que es correcto, digamos, el equilibrio fiscal, la integración al mundo, la desregulación, y que eso se va a ver, en definitiva, en el nivel de bienestar de cada familia.
Osvaldo, yo cuando escucho a los líderes cordobesistas, los encuentro muy críticos del plan económico. Por ejemplo, el intendente de la capital de Córdoba lo hace de manera repetida. ¿Hay una perspectiva muy crítica del modelo económico de Milei por parte del cordobesismo? ¿Y vos, con tu tono más académico, lo minimizás, o mi percepción es incorrecta?
A ver, yo creo que hay —y no solo por lo que se dice, que obviamente puede estar condicionado por otros factores más allá de la evaluación objetiva de la realidad, que es lo que nosotros, digamos, como IERAL de Fundación Mediterránea tenemos que hacer, es decir, despojarlo de las cuestiones externas y tratar de ser lo más objetivo posible en la realidad—.Hay una coincidencia en algunos puntos. Es decir, el tema fiscal es algo bueno que Córdoba siempre tuvo como principio fundamental, tener cuentas públicas equilibradas, tener una buena cantidad de ahorro que te permita expandir la infraestructura. Es una economía siempre que tuvo un Estado relativamente pequeño comparado con otras provincias. Es decir, Córdoba justamente tiene una situación fiscal mejor porque es la provincia que menos empleo público por habitante tiene; es una economía mirando al mundo, integrada al mundo en distintos sectores. En eso yo creo que hay coincidencia y apoyo a estas ideas impulsadas por el actual Gobierno Nacional. La cuestión es que, bueno, en otras la disidencia es clara, y creo fundamentalmente en esta de prestarle más atención al nivel de actividad económica y cómo esto influye en el mercado de trabajo lo considera como algo prioritario. Bueno, fue siempre la guía de la política en Córdoba fue apoyar el sector productivo porque esa es la manera de dar más bienestar a la población, y ahí es donde me parece que están las críticas, que, bueno, hay que tener en cuenta que hay que tener en cuenta que algunos plantearán con más énfasis, otros con menos, pero me parece que pasa por ahí: en una coincidencia en el rumbo, pero disidencias respecto a algunos aspectos instrumentales que son muy importantes, sobre todo en el corto plazo.
La actividad se estancó en agosto y preocupa el nivel de profundidad de la recesión
Osvaldo, ¿y cómo se vive la caída de la recaudación? ¿Se le ve una salida? ¿Esto se compara con el final de la época de la Convertibilidad?
Mirá, yo creo que hay dos cosas. Una, naturalmente, con este nivel de actividad económica uno no debería esperar buenos resultados en materia de recaudación, con lo cual te parece un problema que está un poco implícito en tu pregunta: ¿cómo hacés para sostener el equilibrio fiscal cuando la recaudación tiene un desempeño tan pobre? Creo que también hay —y ahí hay otra crítica al Gobierno Nacional— un descuido a la administración tributaria. Es decir, si ustedes recuerdan, por ejemplo, en la época de la Convertibilidad hubo mucho énfasis en mejorar la administración tributaria; obviamente al nivel tecnológico que había en esa época, que es muy distinto al actual, pero la AFIP de ese momento, la DGI de ese momento, era un organismo muy jerarquizado y donde se prestó mucha atención y había un seguimiento permanente a los fines de bajar la evasión. Hoy lo que se ve más bien es todo lo contrario: un descuido de ese tema, donde no pareciera que fuera una prioridad el pregonar para que todos cumplamos con las obligaciones tributarias. Y yo creo que parte de lo que vemos, insisto, no es solo la actividad económica, sino esa falta de atención al tema de la administración tributaria. Es decir, que se ha relajado, digamos, los controles son menos estrictos y eso también se paga en términos de recaudación.
Clarísimo, Osvaldo. Muchísimas gracias. Te mandamos un abrazo a la distancia y nos mantendremos en contacto. Muy gentil.
Gracias, como siempre. Un gusto. Hasta la próxima.
MEG