En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), la politóloga y consultora Paola Zuban analizó el escenario político de Córdoba y definió a la provincia como una sociedad que “se autopercibe radical, pero vota peronismo”, en referencia al perfil histórico del electorado cordobés y a la construcción política del peronismo local encabezado durante años por José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti. Además, advirtió sobre una caída sostenida del apoyo al gobierno de Javier Milei en la provincia y aseguró que “Córdoba anticipa la Argentina” en términos electorales.
Paola Zuban es politóloga y consultora, magíster en Comunicación Política por la Universidad Austral y licenciada en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba. Se especializa en metodología de investigación social, diseño de encuestas y análisis de opinión pública. Lidera, junto a Gustavo Córdoba, la consultora Zuban Córdoba, una de las consultoras más citadas en los medios argentinos para analizar el escenario político y social.
Me cuentan que tienen un nuevo informe que demuestra nuevamente la continua caída de la imagen del presidente. Podríamos decir que Zuban Córdoba ya venía registrando previamente caídas en la imagen del presidente y, concretamente, el cruce de lo negativo con lo positivo. Con dos tercios de los argentinos votando u opinando negativamente del presidente.
Nosotros tenemos una medición mensual con la que venimos monitoreando la gestión del presidente. La última medición la terminamos el primero de mayo, es decir que ha pasado ya una semana larga en la que han pasado varias cosas en la Argentina. Pero, para ponerlo un poco en números, el presidente ha perdido en los últimos cuatro o seis meses 30 puntos. Es decir, tiene hoy un 75% de consideración negativa hacia su gestión. Esto se replica también en su imagen. Y un 34 de positiva quiere decir que la brecha entre la positiva y la negativa es de 30 puntos, lo cual marca una red flag para la gestión presidencial.
¿Qué pasa que de golpe pierde 30 puntos? Yo me imagino al presidente preguntándose: “Pero yo, ¿qué hice para perder la mitad de mi aprobación?”. Uno podrá decir el caso de Adorni, el caso de los créditos a los funcionarios del Ministerio de Economía. Pero bueno, ANDIS venía del año pasado, Libra venía del año pasado, la economía que no repunta venía desde abril del año pasado, que se estancó la economía. Entonces él podría preguntarse: “¿Por qué ahora?" ¿Qué le respondería si Milei te llama y te pregunta eso? ¿Cómo perdí de golpe la mitad de mi aprobación en los últimos tres meses?
En principio no ha sido tan de golpe, ha sido bastante gradual, por lo menos desde noviembre del año pasado. Y esto nos marca, de alguna manera, que los primeros años de las gestiones en general son los años de las expectativas altas. Este gobierno fue bastante exitoso en llevar las expectativas muy altas para la ciudadanía. Todos queríamos que al país le vaya bien. Entonces todos apostábamos a que las cosas sucedieran bien, los que lo votaron y los que no. El segundo año es el año de las elecciones legislativas. El tercer año es el año en el que la ciudadanía empieza a reclamar resultados, y los resultados tienen que ver con una mejora en la calidad de vida de la gente.
Me parece que este año ha marcado un deterioro en la situación económica muy fuerte, porque fíjate que cuando preguntamos cuáles son los principales problemas que le preocupan a la gente en la Argentina, en primer lugar está el endeudamiento de las familias; en segundo lugar, la inflación, tema que es estandarte de la gestión o de la política de gobierno del presidente; en tercer lugar está la pérdida del poder adquisitivo; en cuarto lugar, la corrupción; y en quinto lugar, el desempleo o el miedo a perder el empleo. Es decir que, de los cinco indicadores principales o preocupaciones principales, cuatro tienen que ver con la cuestión económica.
La corrupción y los hechos de corrupción, por supuesto, afectan y de alguna manera se han ido sedimentando en la opinión pública, y se van sumando y van conformando un cóctel explosivo. Porque cuando la situación económica no funciona, el resto de las cuestiones, sean hechos de corrupción o sean conflictos sectoriales como los de la educación, los de la salud, los de la discapacidad, jubilación, transporte, se van sumando y van conformando este estado actual de situación.
Permitime arriesgar una comparación un poco más pedestre. Freud hablaba de que el enamoramiento duraba entre 18 meses y tres años. En determinado momento todo lo que parecía lindo parece feo y simplemente lo que parecía lindo era una ilusión que luego el paso del tiempo hace ver la realidad. El famoso ejemplo del sapo que usan las mujeres: “Al final el príncipe era un sapo”.
Podríamos decir que a todos los presidentes habría que decirles: “Cuidado, que se los ve príncipes el primer año o los primeros dos años no porque sean príncipes, sino por el deseo que tiene la sociedad de que sea un príncipe. E inevitablemente, salvo rarísimas excepciones, al tercero se los ve sapo”. Y que lo mismo le pasó a Alberto Fernández, que tenía 75% de aprobación en el momento del comienzo de la pandemia; a Mauricio Macri. El ejemplo de Alberto Fernández, el más patético de todos, que terminó siendo la persona con peor valoración de la democracia y, sin embargo, fue el que tuvo la mejor valoración al comienzo de su mandato.
Es algo inevitable que los seres humanos hacen transferencia a aquel que maneja el país con el deseo de que le vaya bien para que le vaya bien a uno, y que luego, más tarde o más temprano, toda esa idealización de colocarle virtudes que no tiene, que es propio del proceso de enamoramiento, por eso hago la comparación, finalmente la realidad se impone. Y, pasado cierto tiempo, termina sucediendo esto, salvo rarísimas excepciones de presidentes que hayan logrado al tercer año un éxito económico, como a lo mejor pudo ser la convertibilidad en el caso de Carlos Menem o en el caso de Kirchner.
Sí, tal cual. Me parece muy buena la analogía, porque la relación de los ciudadanos, de los votantes en todo caso, con sus dirigentes o con los líderes políticos es una relación que tiene mucho que ver con los sentimientos y tiene mucho que ver con la expectativa. Y vos bien lo decías: los únicos dos gobiernos que lograron reelección fueron el de Cristina Kirchner y el de Menem, que fueron los que lograron poner algo de dinero en el bolsillo de la gente al cabo de su primer mandato. Entonces hay una relación ahí simbiótica, me parece, entre las expectativas, entre el enamoramiento que puede haber de los votantes con sus dirigentes, pero también de la situación económica que atraviesa cada uno.
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Por eso decía que ahí a los politólogos nos gusta usar una figura, que es la del embudo multicausal. Hay un cúmulo de cuestiones que se van sedimentando y que van conformando un estado de situación que me parece que el tercer año de los gobiernos es un año bisagra. Si no hay por lo menos una expectativa de mejora, que en el caso del presidente Milei nos la van corriendo, como nos van corriendo el arco en la cancha.Primero era abril, después junio, después es el año que viene, después dentro de 30 años.
Las familias tienen una capacidad material de sostener eso, que tiene que ver con un deterioro. Ya no el sacrificio para ver un resultado más adelante, sino que mi capacidad económica no mejora, pero además de no mejorar se va deteriorando cada vez más. Y hay una capacidad material de sostener eso que no es ilimitada.
Sigo con ejemplos pedestres. Un colega tuyo, el sociólogo Eduardo Fidanza, que además es integrante de la Academia Nacional de Periodismo, nos hacía reír un poco a los que allí la integrábamos diciendo que, en los focus group, hace ya una década, le aparecía lo que él sintetizaba en una especie de señora del conurbano que decía: “Yo no quiero que me digan que me aman, quiero que mi novio o mi marido me ayude a arreglar el techo, que lo tengo roto”. Esa es la demostración de amor: que me arregle el techo, no que me diga que me ama.
Trasladado del tema de lo personal a lo general, esto sería equivalente a que el presidente solucione los problemas económicos. Y si al tercer año no soluciona los problemas económicos, ese amor desaparece. Y ahí quería preguntarte, siguiendo nuevamente con estas metáforas con tono de simplificación de la relación interpersonal a la general de la sociedad con sus líderes, la desazón con el nuevo no revaloriza al anterior. Como si la nueva pareja que no funcionó hace que el novio anterior termine siendo más valorado. El ejemplo claro fue que, después de la presidencia de Macri, se valoró al kirchnerismo y al peronismo nuevamente. ¿Puede ser que ahora la desazón con Milei esté llevando a las personas de centro y de centro derecha a revalorizar a Macri?
Puede ser. No, no es imposible. Ahora, hay un largo camino, me parece, que recorrer. Yo creo que la figura de Macri, incluso con menos entusiasmo que otras figuras un poco más, no sé si novedosas, pero con menos historia, me parece que Macri todavía no está en la carrera, o al menos no lo ha manifestado abiertamente. Entonces es muy difícil valorar cuánto la ciudadanía puede volver a una figura que no tuvo la capacidad de ser reelecto en su momento. Por supuesto, la ciudadanía argentina, cuando hay un proyecto que tiene un anclaje ideológico muy fuerte, cuando se desilusiona de esos dirigentes vuelve, como péndulo, a las opciones anteriores. Y generalmente son las personas o los votantes de centro los que definen la cuestión.
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¿Y podrían revalorizar al peronismo?
Sí, podrían revalorizar el peronismo. Se tienen que dar muchas condiciones. Creo que el peronismo atraviesa una etapa en la que necesita una unificación, pero una unificación real, que no sea una unificación de marketing.Y necesita redefinir un proyecto de país de futuro, porque hasta ahora el peronismo lo único que puede exhibir es pasado. Y, de hecho, tiene un discurso que la ciudadanía interpreta como de pasado. Me parece que hay que tener en cuenta también cómo se compone el electorado. Las próximas elecciones, casi el 53% del electorado va a tener entre 16 y 30 años. Y es un electorado muy exigente y es un electorado que no reconoce al peronismo como referente, al menos no por ahora.
Quería justo aprovechar el conocimiento especial que ustedes tienen de Córdoba. ¿Está pasando algo en el peronismo cordobés que empieza a, no sé si crear puentes o estar más cercano a la posibilidad de integrar un panperonismo no kirchnerista?
Algunos dirían, utilizarían la frase que usan los jóvenes: “Córdoba no lo entendería”. Es Córdoba. El peronismo de Córdoba es un peronismo muy particular. Un peronismo históricamente construido sobre una sociedad que autopercibe radical, pero vota peronismo. Y es un peronismo que tanto José Manuel de la Sota en su momento como Juan Schiaretti, ese tándem muy fuerte que se formó, supieron interpretar de la sociedad cordobesa.
¿Cuáles son las señales que está dando el peronismo de Córdoba o que ha venido dando durante el gobierno de Milei? Son bastante contradictorias desde la dirigencia, porque hay críticas públicas, pero también en el Congreso le votan muchas leyes. Entonces hay como una falta de definición que me parece que la ciudadanía está reclamando de alguna manera.
Yo no tengo números actuales de Córdoba, pero sí, por supuesto, sigo a algunos colegas que respeto, que están marcando un despegue de la ciudadanía cordobesa con respecto al fuertísimo apoyo, 75%, si mal no recuerdo, de los votantes cordobeses que votaron al gobierno de Milei. Y hoy se está reduciendo sensiblemente, prácticamente al 60%. Es decir, viene perdiendo muy sostenidamente el apoyo el gobierno de Milei en Córdoba. Y Córdoba anticipa la Argentina.
RM/ff