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MODO FONTEVECCHIA
El desafío cambiario hacia 2027

Por la recesión, un dólar que aumentara 20% su precio aumentaría menos de 10% de inflación

El economista Haroldo Montagu advirtió sobre las tensiones cambiarias que enfrenta la Argentina y sostuvo que un dólar de $1.800 podría implicar una devaluación del 20%, pero una inflación inferior al 10%. Además, analizó la deuda, la salida de divisas y los sectores que podrían impulsar la competitividad del país.

Haroldo Montagu
Haroldo Montagu | x Haroldo Montago

En Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el economista Haroldo Montagu analizó las tensiones que enfrenta la economía argentina de cara a 2027 y puso el foco en uno de los principales interrogantes: la sostenibilidad del esquema cambiario y la capacidad del país para afrontar sus compromisos en dólares. Para Montagu, la acumulación de reservas es positiva, pero no alcanza para despejar las dudas sobre una economía que deberá afrontar importantes vencimientos de deuda, salida de divisas y remisión de utilidades.

Durante la entrevista con Jorge Fontevecchia, Montagu sostuvo que el tipo de cambio actual no refleja plenamente la competitividad de la economía argentina y planteó qué ocurriría si el dólar pasara de $1.500 a $1.800. En ese escenario, estimó que una devaluación del 20% podría generar una inflación inferior al 10%, aunque advirtió que el desarrollo económico no puede depender exclusivamente del valor del dólar y destacó el potencial de sectores como la economía del conocimiento, el agro, el turismo y determinadas ramas de la industria.

Haroldo Montagu es un licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Estudios del Desarrollo por el Instituto de Estudios Sociales de la Universidad de Rasmus de Rotterdam. Se desempeñó como secretario de Política Económica de la Nación durante la gestión de Martín Guzmán en el Ministerio de Economía. Además, ejerció como Economista Jefe del Banco de la Nación Argentina y fue jefe de División en la Cepal. Actualmente se desempeña como economista jefe de la consultora Vectorial y es coordinador académico del Plan Fénix. Además, dicta clases en la Universidad Nacional de Moreno y en la Universidad Nacional de Avellaneda.

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Haroldo, vi que estabas escuchando el reportaje que le hacíamos al expresidente uruguayo Sanguinetti, cuando él planteaba el dilema después del shock. Después del shock, había una frase que bajaba el agua: ahí se veía quién no tenía traje de baño. Bueno, después del shock viene la recesión y ahí se descubren las consecuencias insalvables del shock. ¿Cómo se sale de eso? ¿Si hubo mala praxis en aplicar el ajuste? ¿Si es corregible, tanto sea por el propio Gobierno o por otro Gobierno?

En primer lugar, me parece que el Gobierno tiene determinadas certezas de que el programa que está encarando es el correcto. Y hay una confianza en que la estabilización o la estabilidad de ciertas variables, en última instancia, va a traer ese alivio que también se hablaba. Lo que pasa es que uno se pregunta cuando se toman en cuenta algunos indicadores económicos. Lo que estuvo resonando esta semana: la mora bancaria, la suba de la inflación de la Ciudad de Buenos Aires la semana pasada, con una aceleración de casi un punto. Bueno, ahí uno se pregunta: ya, digamos, bajó el agua, ¿estamos en un camino hacia una mejora económica o, por el contrario, estamos, digamos, todavía flotando? para seguir con las metáforas acuáticas. Y, bueno, la deriva, pero tampoco sin tener claro cuándo mejora la situación. Entonces, me parece que hoy estamos ahí, con unas... Insisto, es bueno que el Gobierno, los gobernantes, marquen certezas y confianza en sus políticas. Ahora, cuando la realidad impone determinados números, determinados indicadores que chocan contra esas certezas, bueno, ahí, ¿qué es lo que ocurre? ¿Hay un cambio de dirección? ¿Hay un cambio de dirección o no?

Bueno, cuando la realidad no coincide con la teoría, problema de la realidad.

Eso, los economistas solemos decir eso. Es un problema de la realidad. Pero, bueno, a mí me parece que hay una... También, en estas certezas y en estas confianzas que manifiestan diariamente el presidente, el equipo económico, que por lo menos son los que yo más sigo para hacer mis análisis, hay una idea, muy común en la economía. Las corrientes económicas más, no quiero decir ortodoxas, sino más presentes en los medios, en la divulgación económica, respecto a, bueno, digamos, las modificaciones y los cambios que se realicen eventualmente van a traer una mejora. Un ejemplo. Si yo le quito impuestos a determinados sectores económicos, obviamente la primera reacción... La segunda reacción va a ser una baja en la recaudación tributaria, porque, digamos, es matemático. Ahora, hay una confianza, una certeza por parte del Gobierno que esa disminución inicial, posteriormente, va a traer una mejora económica porque eso va a liberar determinadas fuerzas del mercado, fuerzas productivas que van a crecer, van a desarrollarse y, por ende, poder recaudar más. Es decir, una recaudación vinculada al crecimiento y no una suba impositiva.

P por Q, en este caso.

P por Q. No lo estamos viendo. No lo estamos viendo. La recaudación va varios meses en caída. Lo que ocurrió el mes pasado fue que dio una suba, en términos reales, de la recaudación. Fue vinculado a un corrimiento del vencimiento de Ganancias. Digamos, una cuestión muy puntual, muy técnica, muy contable, no un cambio de tendencia. Entonces, marco ese ejemplo para mostrar justamente cuál creo yo que es la lógica que está aplicando el Gobierno en sus políticas económicas: hacer todo esto porque después, eventualmente, va a venir una mejora. Y, bueno, hasta ahora, algunas dudas sobre eso emergen.

Quedó planteado en la pregunta anterior si hubo mala praxis ¿en qué la hubo, si la puede corregir este Gobierno y, si la tuviera que corregir otro, qué habría que hacer?

Creo que venimos de alguna suerte de mala praxis estructural en las políticas económicas argentinas. Y ahí... Como así marco buenos consensos que han atravesado a todos los gobiernos desde la democracia o desde un poco más acá, doy ejemplos. El consenso, por ejemplo, de desarrollar el sector petrolero, Vaca Muerta, eso atravesó el último Gobierno de Cristina Kirchner, el Gobierno de Macri, el Gobierno de Alberto Fernández, y ahora lo está atravesando el Gobierno de Milei. Hablo primero de las cosas buenas. El consenso, por ejemplo, también, de lo que inicialmente fue a comienzos de los 2000, la Ley de Software, que ahora se llama Ley de Economía del Conocimiento, para fomentar sectores vinculados a la innovación tecnológica, a la economía del conocimiento mismo. Otro consenso, por ejemplo, la Asignación Universal por Hijo. Atravesó todos los gobiernos. De hecho, el Gobierno de Milei la repotenció aumentándola.

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Ahora, así como hay esos buenos consensos, me parece que hay, a la par, una suerte de malas prácticas, mala praxis, malas políticas que atravesaron diferentes gestiones. Entre ellas, la política cambiaria. El problema de Argentina: política cambiaria. Y los gobiernos no han sabido cómo trabajarla. Lo que estamos viendo ahora es un sostenimiento del tipo de cambio en base a ingenierías financieras, a ingenierías financieras del equipo económico, vinculadas a conseguir financiamiento de fuentes, vamos a decir, heterodoxas, el FMI, el Tesoro norteamericano, no pudiendo cumplir con su plano original, en mi visión, de salir a los mercados. Entonces, pero digo, ¿y ahí qué es lo que se suma? A partir del acuerdo con el Fondo, en abril del 2025, la liberación de las regulaciones cambiarias, la liberación del cepo, la posibilidad de que el Gobierno de Milei, la posibilidad de comprar dólares por parte de las personas humanas, como define la técnica contable, bueno, eso está imponiendo una salida aproximadamente de 2.000 millones de dólares por mes del país. Obviamente que la regulación, el cepo absoluto, también trae consecuencias negativas. Pero ahí hay que, me parece, hay que barajar. Lo mismo está ocurriendo desde hace menos tiempo con la posibilidad de que las empresas extranjeras, que operan en el país, puedan remitir sus utilidades y dividendos a sus casas matrices. Algo que estaba virtualmente prohibido desde fines del Gobierno de Macri casi. Entonces, digo, que impone también otros 1.000, 2.000 millones de dólares por mes de salida. Si sumamos la compra de dólares, las utilidades y dividendos, el turismo y otro tipo de importaciones vinculadas a los bienes de consumo, los vencimientos de deuda externa, tanto del Gobierno, del Tesoro, como del Banco Central, calculados aproximadamente entre 30.000 y 35.000 millones de dólares, eso hace que el primero de enero del 2027 los argentinos y argentinas nos vamos a levantar y vamos a tener una mochila de 70.000 millones de dólares abajo. Arrancamos así el año. ¿Alcanza Vaca Muerta? ¿Alcanza la minería? Me parece que ahí son las preguntas que hay que hacerse para cubrir esa mochila de deuda. Es una mochila tan pesada con la cual arrancamos el año.

Vamos a desagregar esa mochila. ¿Cuánto es deuda externa? ¿Cuánto es atesoramiento? ¿Y cuánto es el superávit que genera la balanza comercial? ¿Cuánto de esa deuda externa se renueva y se pagan solo los intereses? Y, a su juicio, ¿cuán verosímiles son los cálculos que realiza el ministro de Economía respecto de la factibilidad de pago de esa mochila?

En primer lugar, me parece que hay que tamizar toda esa desagregación, que es correcta y la que hay que analizar, por el año electoral. No es lo mismo hacer estos cálculos en año electoral, donde en Argentina suele haber tensiones cambiarias, que en otro año. Sin embargo, así como decimos esto, hay una cuestión también estructural que tiene que ver con la compra de dólares, el atesoramiento por parte de los argentinos. Estamos viendo que, desde abril del 2025, pasada la tensión electoral de las elecciones de medio término en Argentina, se estabiliza esa salida de divisas en cerca de 2.000 millones de dólares.

25.000 millones por año.

Año bueno, año malo, hay 25.000 millones.

Vamos a decir, y una tensión electoral puede agregar 10.000 más.

Es lo que ocurrió en la elección de medio término.

35.

Cerremos en 30 porque seamos optimistas, como decía el expresidente uruguayo. Hay otros 30 o 35.000 millones de dólares de vencimiento de deuda externa entre lo que es la deuda externa de los bonos en dólares del Tesoro Argentino y BOPREALES, otros instrumentos en dólares del Banco Central de la República Argentina. Supongamos que se pueda renovar la mitad, siendo optimistas. Estaríamos también de los 35, 40, tenemos 20 más que podemos adicionar. A los 35, a los 30 ya le sumamos 20. Entonces, además, tenemos la remisión de utilidades y dividendos que, bueno, desde hace unos meses se está arrojando cerca de entre 1.000 y 2.000 millones de dólares al mes también. Algo que no ocurría, insisto, desde el Gobierno de Macri, que fue ahí que se cerró la persiana para remitir. Esto parece que son fuentes atendibles, pero, digamos, presionan contra el problema estructural argentino, que es la cuestión cambiaria.

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Entonces, ante una eventual, por ejemplo, lo que ocurra con las elecciones de medio término en Estados Unidos, en noviembre, si Trump no le va tan bien o le va mal, eso puede impactar en algún tipo de expectativa respecto a cuánto los demócratas pueden seguir apoyando el programa argentino. Entendiendo que la relación económica que estableció el Tesoro norteamericano con el Ministerio de Economía argentino es tal vez más personal que una cuestión diplomática o de acuerdos entre países. Entonces me parece que hay ahí focos atendibles.

A ver, Haroldo, su planteo es, ¿usted cree que va a haber un problema en el mercado cambiario el año próximo? ¿Que no va a lograr resolver el elenco del ministro Caputo?

Creo que hay tensiones que tienen que ser atendidas. Está bien lo que ha venido haciendo el Gobierno o el equipo económico desde el principio de año, que es acumular reservas, comprar reservas. Eso es algo positivo, algo que todos reclamábamos desde inicio de la gestión. Y tengamos en cuenta que comprar reservas, o sea, no hace subir el valor del dólar como en Argentina. En Argentina que el Banco Central acumule reservas no hace subir el valor del dólar, actuando el Banco Central como un demandante, que cualquier otro haría subir. No, eso resulta en la fortaleza.

Inicialmente, cuando el Banco Central compra dólares, aumenta el valor del dólar.

No siempre, porque justamente al acumular reservas...

Pero inicialmente sí, a largo plazo, genera un elemento disuasorio.

Exacto, totalmente. Pero inicialmente sí. Que es lo que no había hecho al principio de la gestión. Y ahora, a dos años, a partir del principio del 2026, tuvo ese cambio en la política cambiaria del programa de acumulación de reservas. Entonces, la pregunta que usted me realiza, claro, tiene unas implicancias que hay que atender a la situación. ¿Qué va a pasar en Estados Unidos con la elección? ¿Cómo va a seguir, por ejemplo, el RIGI? El RIGI, que, en los dos primeros años, de acuerdo a lo que establece la ley y en base a los proyectos ya aprobados, deberían ingresar cerca de 11.000 millones de dólares. Ahora bien, un dato que publicó el Banco Central hace un mes aproximadamente: hasta el momento, de esos 11.000 millones de dólares aproximadamente estimados, han ingresado cerca de 1.500 millones de dólares. 1.500 millones de dólares exclusivamente por el RIGI. Ahora bien, de esos 1.500 millones de dólares, cerca de la mitad, 700 millones de dólares, han salido del país en concepto de importaciones de bienes de capital y de servicios destinados a los mismos proyectos. Entonces, de los 11.000 millones de dólares que van a ingresar, ¿cuántos efectivamente se quedan en el país? Entonces, me parece que ahí es donde aparecen las dudas, de nuevo. Tamizado por la cuestión electoral del año que viene, en donde, bueno, se podrá sostener, y vuelvo a una cuestión estructural: ¿qué es lo que está reflejando el tipo de cambio actual? ¿Qué es lo que está reflejando el tipo de cambio? El tipo de cambio en las economías suele reflejar una suerte de cómo funcionan todos los sectores económicos. En términos más técnicos, la productividad, la competitividad de los sectores económicos. Hoy, el tipo de cambio en Argentina no está reflejando eso. Está reflejando, como decíamos, o como yo señalaba, esa suerte de ingeniería financiera y cambiaria que realiza el equipo económico.

O sea, el competitivo sería 1.800, por ejemplo.

Estaría por encima, seguro que estaría por encima del nivel actual. Entonces, me parece que ahí también hay una tensión.

Y eso no sería malo.

No sería malo para algunos sectores, seguramente, y habría que estimar, calcular o repensar, mejor dicho, qué impacto tendrían los precios en el marco de una economía con un consumo masivo muy golpeado. Entonces, hoy el comerciante...

¿Usted le recomendaría a Caputo, ministro: déjelo ir a 1.800, que va a tener más ventajas que desventajas?

Esa sería un buen... Un buen argumento.​ Un buen argumento porque con...

Pero esa sería su recomendación.

Con la economía golpeada en los sectores de consumo masivo, como está ocurriendo ahora... Es que el comerciante o el sector que aumenta los precios automáticamente queda fuera del mercado. Entonces, sí, obviamente tendría un impacto vía precios de importaciones. Pero, bueno, ahí, en el caso...Digo, importaciones que se trasladan a la economía.

Por ejemplo, pasar de 1.500 a 1.800, que implica una devaluación del 20%, un aumento del precio del dólar del 20%. ¿Usted cree que pasaría la inflación menos de 10?

Podría pasar menos del 10%, pero más allá del pass-through o del traspaso a precios que eso implique, me parece también...

Y ahí mejoraría la competitividad de más de ese 10%.

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De todos modos, cabe aclarar, Jorge, que así como podemos realizar una crítica al manejo de la política cambiaria, como estamos realizando, también vale mencionar que lo cambiario no puede ser el único factor de competitividad para los sectores económicos. Déjeme decirle un ejemplo, que lo mencionamos: la economía del conocimiento. Es un sector basado en trabajo intensivo, mano de obra intensiva, una mano de obra muy calificada, que, digo, con estos niveles de tipo de cambio, en otro contexto, podría no ser competitiva y no generar las exportaciones que está generando. Pero como hay una trayectoria, hay un consenso, como decíamos al principio, que desde inicios de la década de los 2000 se apoyó ese sector, hoy puede resistir ser competitivo a un tipo de cambio atrasado. Entonces, tenemos que incorporar otras cuestiones en el menú para pensar los sectores económicos y no la competitividad y el desarrollo, los sectores productivos, y no solamente lo cambiario, porque eso es una ventaja relativamente corta. Y también, ya que estamos, pensar en una lógica más de promoción de sectores y no solo de protección, porque una protección... Digo, estamos yendo... Pero ese es el meollo del asunto, para charlar también de política cambiaria, si no es charlarlo o pensarlo en el abstracto. Entonces, hoy el tipo de cambio no refleja la competitividad de la economía.

¿Y qué otros sectores usted ve que habría que desarrollar de la misma manera que el petróleo, la minería y la industria del conocimiento?

Sí, desde ya, todo lo que se refiera a... Si seguimos en el marco de los sectores vinculados explícitamente a los recursos naturales, Argentina tiene excelentes chances de ser muy competitivo. De hecho, lo es. Se puede potenciar aún más en todo lo que es agrobiología, agroingeniería, los desarrollos tecnológicos o biotecnológicos provenientes de los laboratorios, de la innovación tecnológica, vinculada exclusivamente al agro. Desde ya, turismo. Turismo también es un sector mano de obra intensiva, que capta mucho empleo. Argentina es el octavo país más grande del mundo. Es un sector atractivo, puede recibir turistas como no lo ha hecho en los últimos años, pero está preparado, hay que potenciarlo, promocionarlo aún más. Y también, Jorge, déjeme decirle, en estos momentos, aunque parezca... También la industria. La industria, si bien ha sido criticada y hemos podido ver pasos en falso en el pasado en la Argentina, en el mundo hoy los países están peleando por la industria, desde Trump con su política arancelaria, pero antes lo hacía Biden cuando...

Pero ¿y qué industria? Porque la discusión es, siempre se pone Australia como ejemplo, que pasó de 25% del producto bruto de la industria a un dígito. Pero ¿qué industria?

La industria...

Porque digo, la industria así en su conjunto...

Sí, sí, es un globo amplio, pero ¿a qué me refiero con industria? Y ahora podemos ir a algún detalle. Déjeme decirle que la industria perdió la capacidad de generación de empleo como lo era hace 50 años. Entonces, ¿por qué es importante la industria? La industria, aun en el mundo, sigue siendo... sigue siendo el vehículo de innovación, de inversión, de densidad económica. Si bien no genera trabajo directo como lo hacía antes, pero lo hace, es la mayor fuente de trabajo indirecto. De hecho, y voy a los números, esa disminución en el peso de la industria, del empleo industrial en el mundo, también, y sin querer ponerme muy técnico, hoy hay una cuestión de la medición. Porque muchos de esos trabajos que hoy son considerados no industriales, antes ocurrían dentro de la fábrica. Pero, a partir de la globalización, la terciarización, el outsourcing, empiezan a ocurrir fuera de la fábrica. Entonces, ahí es donde decimos: hay trabajo que crea la industria, si bien no es considerado trabajo industrial. Casualmente, yo estuve hace un mes realizando un curso sobre políticas productivas en Londres con Ha-Joon Chang, referencia mundial en términos de políticas productivas, análisis de desarrollo económico con...

El coreano.

El coreano, así es. Obviamente, la experiencia de Corea, pero con gente de todo el mundo, lo que ellos denominan el Sur Global. Y, bueno, los ejemplos y la necesidad que planteaban todos los países de repensar la industria. Digo, lo que está haciendo Brasil, en donde ya tal vez, no solo apunta a sectores que hoy en día... Obviamente, son sectores muchas veces basados en recursos naturales, pero sí, y de nuevo, la densidad económica, la innovación tecnológica, hoy la industria como vehículo de innovación. Aun en Argentina, con todos los problemas que conocemos de la industria, sigue pagando mejores salarios, es el sector económico más federal del país, está en todo el país, no está localizado en enclaves en algunas provincias, y es el más formal, el más registrado. Entonces, me parece que ahí hay todavía...

No, las ventajas son claras. La pregunta es, ¿en cuáles seremos competitivos?

Me parece que hay varios nichos de industrias, incluso en la textil, que ha sido muy criticada, lo que es el diseño...

Por ejemplo, el modelo italiano.

El modelo italiano, pero...

Que el textil argentino sea el de alta gama.

Un detalle. Estados Unidos, en la década del 60, en pleno poderío, el mercado industrial de Estados Unidos representaba el 60% de la industria mundial. Hoy, China es el 30% de la industria mundial, si bien es la gran fábrica del mundo. O sea que, más allá de estos números fríos, me parece que hay oportunidades. Obviamente, hay que ver cómo uno puede insertarse en la cadena de valor de la industria.

Ese 60% de la época de gloria de los Estados Unidos, ¿tenía en cuenta las industrias dentro de Estados Unidos o las industrias norteamericanas en todas partes del mundo?

En todas partes del mundo, claro, claro.

Mientras que, en el caso de los chinos, son todas dentro de China.

Todas dentro de China. Exactamente.

Haroldo, muchísimas gracias.

Muchas Gracias.

Un gusto grande.

LMM