En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), la teóloga Emilce Cuda analizó el reciente documento pontificio de León XIV, al que describió como "una encíclica social en tiempos de inteligencia artificial" que propone, fundamentalmente, "un cambio en la gramática del conflicto". Para la funcionaria vaticana, este corpus representa "un monumento que no es de piedra; es una doctrina, es un código" destinado a actuar sobre las realidades más complejas del siglo XXI.
Emilce Cuda es teóloga y filósofa, reconocida internacionalmente por su rol estratégico en el Vaticano y su trabajo académico sobre teología moral, política y los movimientos sociales. Reside en Roma y se desempeña como secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina del Vaticano, cargo al que fue promovida por el Papa Francisco tras haber sido nombrada jefa de oficina en 2021. Es autora de reconocidos libros y artículos que analizan el pensamiento de la Iglesia Latinoamericana y su relación con el trabajo y la justicia social.
¿Cuál es su opinión sobre la encíclica del Papa León XIV?
Es una encíclica social en tiempos de inteligencia artificial. Entonces se habla mucho de inteligencia artificial, porque obviamente es algo que nos angustia, pero que al mismo tiempo nos mueve a cambiar. Pero lo importante es que es una encíclica social y está hablando de un cambio en la gramática del conflicto. Es decir, este lenguaje lo cambia todo.
Es muy interesante este concepto que se pasa por alto, porque el mismo Maquiavelo decía que hay dos cosas que tienen que atravesar el cambio, que deben permanecer: la religión, por eso Eneas se va con los penates, con la cultura, y la lengua. Y cuando hay un cambio de lengua, es muy difícil llegar a ese acuerdo; se construye una Babel, como dice el documento, y es imposible casi reconstruir los muros de Jerusalén.
Eso para mí es un dato para analizar: este nuevo lenguaje cambia la gramática del conflicto, porque esos mismos conceptos, incluso al interior de la Iglesia significan otra cosa. Y hay un manoseo incluso de los principios de la doctrina social de la Iglesia. El documento vuelve a enumerar todos los principios que se van construyendo en la coyuntura, siempre de acuerdo a las Escrituras, pero que se van elaborando en lo que nosotros llamamos un "discernimiento social comunitario".
Entonces define, por ejemplo, la justicia social, que es un término que en los últimos años se ha convertido en algo innombrable. En muchos países, incluso nosotros mismos cuando presentamos papers, se nos cuestiona utilizar la palabra "social" luego de "justicia". Y lo que hace el documento es volver a fijar el sentido de los conceptos. O sea, volver a fijar el texto, para que esta nueva gramática a la que nos lleva el cambio tecnológico no nos haga perder los principios de nuestra religión, en el caso del catolicismo, pero al mismo tiempo estos principios que realmente han impregnado la cultura occidental, más allá de que uno pertenece a la religión cristiana o no.
Odiada o amada, la Inteligencia Artificial es patrimonio de todos
El concepto de justicia social, por ejemplo, concretamente dice: para la Iglesia, justicia social es esto. Y más allá de que dice que tiene que ser promovido, dice que es algo que no se puede esperar como resultado; que eso debe estar a la base de toda esta nueva construcción, de la nueva ciudad que tenemos que hacer. Pero dice algo interesante, dice: se debe traducir como "ética institucionalizada".
Digo esto porque frente a este cambio de la inteligencia artificial uno escucha: "Hay que volver a los valores morales, hay que garantizar el bien común, hay que volver a definir los conceptos antropológicos". Pero estos son todos conceptos, son palabras, son ideas. Y el documento dice: la ética es una ética institucionalizada. Y pone como ejemplo a las Naciones Unidas y todo lo que se construyó en el siglo XX a través de que esos diálogos sociales han logrado institucionalizarse. Entonces, hablar de la ética por la ética no tiene sentido. Y esto va al interior incluso de la Iglesia Católica. Es decir, no es solamente un documento que está retando a las personas. Va a nosotros también. Es decir, la ética son instituciones.
El bien común, por ejemplo. El bien común tiene que tener un contenido. Y pone algo al final de la encíclica: en el Evangelio, cuando la madre de Jesús tiene una visión, María, y dice, que se conoce como el Magnificat: "Derribará del trono a los poderosos y ensalzará a los humildes. A los pobres los colmará de bienes y a los ricos los despedirá vacíos". Eso es la justicia social. Es decir, la justicia social es el bien común. Y es el bien común; y es el bien común puesto al comienzo, al comienzo de organizar esto.
Es probablemente la única argentina, o de las pocas, que ha hecho el tránsito de conocer muy cercanamente a Francisco y a León XIV. ¿Se imaginaba usted este León XIV y en la elección de su nombre como continuidad de León XIII? ¿A usted no lo sorprendió lo más mínimo esta encíclica, en la elección del nombre León XIV, que hoy resuena a partir de la encíclica Rerum Novarum, con quien había escrito su predecesor, esa otra encíclica social?
No me sorprendió que el cardenal Robert Prevost fuera elegido por el Colegio Cardenalicio como Papa. Era algo que esperaba. Podría no haber pasado, pero era algo esperable por varios puntos. No es que el Papa Francisco eligió un sucesor, como piensan; no funcionan así las cosas. Sino porque el Colegio de Cardenales, lo que se llama las congregaciones generales, se juntan y analizan, antes de entrar al cónclave, cuál es la situación del mundo social, política y económica, y qué necesita la Iglesia en ese momento para conducir la Iglesia y el pueblo de Dios, que somos todos. Y realmente el cardenal Prevost cumplía esos requisitos.
Ahora, cuando vine al balcón y escuché su nombre, eso realmente me sorprendió muchísimo porque incluso era un tema que conversaba con él. Porque es un tema que me interesa, la opinión social de la Iglesia, y yo decía: "Se está perdiendo, no se está hablando, se está hablando de una moralina, se está haciendo mucho hincapié en los rituales y se está perdiendo aquello que distingue al catolicismo del resto de los cristianismos". Todas las religiones hacen asistencia al pobre, a los necesitados; no solamente al cristianismo, todas. Es parte de los credos, es parte del amor al prójimo.
Pero hay algo que distingue al catolicismo del resto de los cristianismos y de otras religiones, que lo tiene codificado. Hay una sistematización de la doctrina social de la Iglesia. Y si hay algo que va a quedar en la historia de este momento del catolicismo, es un monumento que no es de piedra: es una doctrina, es un código. Esto es muy importante para ver la diferencia del catolicismo con otras religiones. No es una mera asistencia; son principios y un llamado a actuar. Y cuando él le dijo ese nombre, realmente me puse a llorar porque no podía creerlo.
Esta encíclica no es solamente el producto del pensamiento del Santo Padre, sino también el trabajo de toda la Iglesia, es decir, de muchísima gente que a lo largo de los últimos años ha estudiado la Iglesia. Esto se ha estudiado, se han hecho simposios, se han hecho debates; entonces también el Papa promulga algo que refleja a todo un equipo, a toda una generación que se ha comprometido a trabajar con esto y, al mismo tiempo, un llamado de atención para quienes en los últimos años, incluso dentro del catolicismo, han cuestionado estas cosas. Por ejemplo, hay algo muy interesante que aparece en el documento, pero que dice el cardenal Víctor Fernández cuando se presenta la encíclica, él dice: "La doctrina social de la Iglesia no es sociología, es teología".
Y como he dicho en otras oportunidades, antes era un modo elegante, en los últimos 40 años, de decir: "Eso es sociología"; era un modo de decir en Latinoamérica: "Eso es marxismo, eso es comunismo". Pero la doctrina social de la Iglesia es justamente una respuesta sobre los temas que apremian al ser humano. Y esto era una preocupación del cardenal Prevost, y lo ha practicado en su vida. Así como Bergoglio llevó a su pontificado aquella práctica que tenía en Buenos Aires, el cardenal Prevost vivió esta realidad en un momento político muy concreto del Perú, en una zona muy carenciada.
Entonces, esta doctrina social de la Iglesia encarnada; él habla de un Cristo encarnado y resucitado. Volver a la carne, volver al sufrimiento de la gente, frente a una tendencia que cada vez es más creciente, y no es políticamente gratuita, que es la de una religión prácticamente llevada al extremo de lo devocional, donde los signos externos y el culto es más importante que este compromiso institucionalizado. Por eso empecé hablando de una ética institucionalizada. Y esto es la convicción del actual pontífice.
Se conoció justo ayer que una persona, Elon Musk, sola, tiene más riqueza que más de 70 países, obviamente entre ellos la Argentina; que es Elon Musk con casi 800 mil millones de dólares, casi un billón argentino de dólares. ¿Es correcto interpretar que, independientemente del análisis específico sobre lo que significa el cambio de gramática, podríamos decir el cambio epistemológico que plantea la inteligencia artificial, lo que fundamentalmente también está en discusión es la concentración de riqueza en las personas que manipulan la inteligencia artificial?
El tema es que no está en discusión eso, por eso hay un cambio de gramática. Si una persona con un Estado de derecho, con organismos internacionales funcionando, y llegó a acumular más dinero que países enteros, y como dice el documento, si hoy hay particulares que tienen más poder que los gobiernos, es porque evidentemente nos olvidamos de discutir ese tema. Por eso me parece importante lo que él dice de la gramática, porque eso se pasó por alto y cuando algunas personas hablaban de esto, no se tenía en consideración; incluso dentro de las filas del catolicismo era cuestionable. Era cuestionado como que eso era ser política. Entonces, el tema es volver a poner sobre la mesa esto.
El Papa hizo más por la democracia que cualquier Estado
Él repite muchas veces, la cultura de la negociación. Estábamos acostumbrados a escuchar a Francisco hablar de la cultura del encuentro; él dice: "Hay que volver a la cultura de la negociación". Incluso en una parte habla del realismo político: el realismo político, el falso realismo político y el sano realismo político, dice. Y en ese punto, en este realismo político, él dice cuáles son los temas que se están llevando a discusión. Primero lo que hay que hacer, dice que hay que medir las relaciones de fuerza. Hay que medir las relaciones de fuerza en un sano realismo político. Y si hoy medimos las relaciones de fuerza y tenemos que llegar a una cultura de la negociación, ¿con quién deberíamos sentarnos a negociar la vida? ¿Deberíamos sentarnos con los gobiernos o deberíamos sentarnos con estas personas en cuyas manos está el poder de la vida y de la muerte?
Entonces, es muy importante el cambio de gramática porque ¿con quiénes estamos hablando?, ¿con quién estamos haciendo la nueva diplomacia? La diplomacia nace en el mito griego: negociar con los dioses, cuando las relaciones de fuerza eran bastante desequilibradas, con la palabra poder negociar la vida. ¿Con quién estamos haciendo esta nueva diplomacia?, ¿identificamos a los verdaderos actores? Entonces, justamente, no está puesto en discusión eso y eso es a lo que está llamando el documento.
Y además está siguiendo una lógica de los profetas, porque, mira qué interesante: los profetas, que aparecen en el Antiguo Testamento en los momentos de crisis, de esclavitud del pueblo, no critican al esclavizador. No le hablan al que está esclavizando, le hablan al pueblo: "Esto les está pasando porque se fueron a adorar falsos dioses. Despiértense, organícense". El documento llama a organizar el trabajo: el trabajo de la reconstrucción, no el trabajo del empleo; no el empleado o del descartado. El trabajo político, es decir, cómo nos vamos a organizar en torno a una lógica de la subsidiariedad. Otro punto importante, un concepto que estaba totalmente olvidado incluso en el campo de la doctrina social de la Iglesia: la lógica de la subsidiariedad.
Dice: "Es el momento de reflexionar y actuar". Empieza haciendo un llamado: ¿A dónde vamos?, dice, ¿Se preguntaron a dónde vamos? ¿Dónde vamos? ¿Tenemos claro a dónde vamos? Y no dice a dónde ir, esto es muy profético. Dice: "Ustedes deben tomar la decisión, todos, incluyéndose, a dónde vamos". Entonces, cuando llegamos a un nivel de concentración como el que usted está enunciando, habría que ver de quién es la responsabilidad de que se llegue a una situación así. Desde el punto de vista de la Iglesia, siempre la mirada es reflexiva.
RM cp