La inteligencia artificial dejó hace tiempo de ser una herramienta destinada únicamente a generar efectos especiales o asistir en tareas técnicas. Su avance ya alcanza a los protagonistas. La prueba más reciente es Tilly Norwood, una “actriz” creada íntegramente mediante inteligencia artificial que protagonizará Misaligned, una película anunciada por la productora británica Particle6 Productions, en colaboración con el estudio Xicoia.
Tilly no se presenta como un personaje de ficción. Sus creadores buscaron construir una identidad completa: posee una historia, una personalidad, interactúa en redes sociales y se presenta públicamente como cualquier otra celebridad. El proyecto utiliza un motor de personalidad denominado DeepFame, diseñado para que el personaje pueda mantener conversaciones y desarrollar una identidad coherente.
Según explicó Eline van der Velden, fundadora de Particle6 Productions, el proyecto encontró inicialmente una fuerte resistencia dentro de la industria cinematográfica. Sin embargo, a medida que la inteligencia artificial comenzó a incorporarse en cada vez más etapas de la producción audiovisual, el interés de estudios y representantes fue creciendo rápidamente.
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La propia estrategia de comunicación de Tilly buscó reforzar esa construcción de personalidad. Meses antes del anuncio de la película, el avatar publicó un mensaje en redes sociales anunciando que se alejaba temporalmente de la exposición pública debido al "hate" recibido por parte de usuarios que cuestionaban que no fuera una persona real. Poco después llegó el anuncio de Misaligned, una historia que, curiosamente, gira alrededor del mismo conflicto: una inteligencia artificial que descubre que carece de infancia y recuerdos propios. Cuando un bot proveniente de una internet oscura la convence de desarrollar emociones humanas para intentar convertirse en una persona, comienza una búsqueda por comprender qué significa realmente ser humano. En cierto sentido, la premisa funciona como una actualización contemporánea del mito de Pinocho, trasladado al universo de la inteligencia artificial.
De estrellas a franquicias
El caso de Tilly Norwood llega en un momento particular para Hollywood. Durante buena parte del siglo XX, las películas se construían alrededor de grandes figuras. Por ejemplo, en el caso del cine de acción, Arnold Schwarzenegger, Jean-Claude Van Damme, Mel Gibson, Bruce Willis o Sylvester Stallone eran, por sí mismos, una garantía de convocatoria. Muchas veces el público elegía una película simplemente porque uno de esos nombres aparecía en el afiche.
En los últimos 15 años esa lógica comenzó a modificarse, especialmente a partir del éxito del Universo Cinematográfico de Marvel. Hoy resulta frecuente que el público se identifique mucho más con personajes como Spider-Man, Iron Man, Thor o Deadpool que con los actores que los interpretan.
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Un ejemplo claro es Tom Holland. Su versión de Spider-Man logró enorme popularidad, pero las películas protagonizadas por el actor fuera del universo Marvel no alcanzaron niveles similares de convocatoria. La atracción ya no parece concentrarse exclusivamente en la celebridad, sino en la franquicia y en el personaje.
Ese cambio tiene consecuencias para la industria y es beneficioso para las productoras. Cuando el verdadero activo es la propiedad intelectual y no el actor, las productoras dependen menos de figuras individuales y adquieren un mayor control sobre sus franquicias. La aparición de actores completamente digitales representa un paso más dentro de esa misma tendencia.
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Christopher Nolan, uno de los directores más prestigiosos de la actualidad, aprovechó la presentación de La Odisea para cuestionar abiertamente el entusiasmo por la IA aplicada al cine.
Su nueva película, la producción más costosa de su carrera, fue filmada íntegramente con cámaras IMAX de 70 milímetros, convirtiéndose en el primer largometraje realizado completamente con ese formato. Nolan volvió a privilegiar escenarios reales y efectos prácticos, incluso construyendo físicamente varias estructuras que podrían haberse recreado mediante gráficos digitales.
En una entrevista reciente llegó a afirmar que los jóvenes reconocen rápidamente la "basura de IA" y que existe un renovado interés por formas de narración más físicas y tangibles. Según el director, las nuevas generaciones, que crecieron rodeadas de contenido digital, identifican con mayor facilidad cuándo una imagen fue generada artificialmente y desarrollan una reacción crítica frente a ella.
Su postura representa una visión opuesta a la de buena parte de la industria, que busca reducir costos incorporando inteligencia artificial en prácticamente todas las etapas de producción.
Una huelga que dejó un vacío
La preocupación por estas tecnologías no es de este año. En 2023 Hollywood vivió una de las mayores crisis laborales de las últimas décadas, cuando el Sindicato de Guionistas (WGA) y el Sindicato de Actores (SAG-AFTRA) paralizaron la industria durante casi seis meses.
Los trabajadores reclamaban límites concretos al uso de inteligencia artificial. Entre otras cuestiones, consiguieron impedir que los estudios utilizaran IA para reemplazar guionistas o que reprodujeran digitalmente la imagen de un actor sin su consentimiento y sin la correspondiente compensación económica.
También se establecieron restricciones para la digitalización de extras, una práctica que preocupaba especialmente al sindicato: la posibilidad de contratar a una persona un solo día, escanear su imagen y reutilizarla indefinidamente sin volver a pagarle.
Sin embargo, los acuerdos dejaron una pregunta abierta. Las negociaciones se concentraron en proteger a actores existentes frente a las copias digitales. Pero no contemplaban la posibilidad de que los estudios comenzaran directamente a crear actores completamente nuevos mediante inteligencia artificial.
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Tilly Norwood aparece precisamente en ese vacío legal. No copia la imagen de ninguna actriz. No reemplaza digitalmente a una persona específica. Es una identidad creada desde cero.
Sería exagerado afirmar que Tilly Norwood reemplazará mañana a las estrellas de Hollywood. La propia película será realizada junto a directores, guionistas y actores humanos.
Sin embargo, su aparición funciona como un símbolo. Si durante décadas el cine pasó de depender de las estrellas a depender de las franquicias, la inteligencia artificial podría representar el siguiente paso: personajes completamente controlados por los estudios, sin contratos millonarios, conflictos de agenda o negociaciones salariales.
Paradójicamente, el cine siempre convivió con personajes ficticios que despertaron el cariño del público. Mickey Mouse protagonizó clásicos como Fantasía (1940), El príncipe y el mendigo o Los tres mosqueteros, y nadie cuestionó que fuera un personaje animado. La diferencia es que Mickey nunca pretendió ser una persona real y Tilly Norwood sí.
Como curiosidad final, uno de los últimos posteos de Tilly en redes sociales mostró su apoyo a la selección de Inglaterra de cara al próximo cruce frente a Argentina. Si alguien todavía buscaba un motivo adicional para desconfiar de la primera actriz creada por inteligencia artificial, al menos para los argentinos, ahí tenemos uno más.