El glaucoma es una enfermedad en la cual el nervio óptico, el que lleva la información del ojo al cerebro, pierde fibras. Su principal factor de riesgo es el aumento de la presión de adentro del ojo. El ojo nutre a parte de su anatomía mediante un líquido que está permanentemente produciéndose y reabsorbiéndose, llevando nutrientes a los tejidos y retirando lo metabolizado (trae la comida y se lleva los residuos). Al disminuir la salida de este líquido aumenta la presión interna del ojo dañando al nervio óptico, y el daño del tejido nervioso no es recuperable, es permanente.
Eduardo, de 52 años, consultó a su oculista porque en ciertos momentos tenía dificultades de visión, presenta un daño que se manifesta en ciertas zonas de su campo visual, ciertas áreas específicas no las ve. Pero la zona central de visión se mantiene sana, por lo cual puede leer letras pequeñas, pero en ciertas zonas por fuera del centro lo ve borroso o nublado.
Estas áreas de poca o no visión no son centrales, pero tampoco podrá volver a ver como antes. Por suerte la molestia visual es limitada y con un tratamiento adecuado no progresará, o sea, se quedará estable solo con ese daño específico. Eduardo debe colocarse una o dos gotas al día en sus ojos todos los días, para disminuir la presión del ojo y prevenir un mayor daño, deberá consultar con su oculista con cierta frecuencia para controlar que esté todo bien además de realizar estudios que demuestren como se encuentran y funcionan sus nervios ópticos. Y todas estas “molestias” son bienvenidas para no perder la visión.
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El glaucoma es la principal causa de ceguera irreversible del planeta. La pérdida visual que produce el glaucoma no se puede recuperar.
La muerte de las fibras nerviosas del nervio óptico es definitiva y no recuperable, por eso, lo que los oculistas hacemos con el glaucoma es todo prevención: prevenimos que el paciente no pierda más visión, que sus nervios ópticos no se dañen más de lo que ya están dañados, que el paciente no llegue a la discapacidad visual, que preserve la visión que tiene, por esto es que los oculistas insistimos en el examen oftalmológico frecuente a partir de los 45 años (coincide con el comienzo de la presbicia, aquella entidad que hace que la visión de cerca se dificulte y necesitemos anteojos para leer).
Para poder diagnosticar estas patologías que tienen muy buen pronóstico si son detectadas a tiempo. Con tratamientos adecuados, y muchas veces sencillos, se puede lograr que las personas tengan una vida visualmente confortable y con pocas o sin limitaciones.
La Asociación Mundial de Glaucoma nos dice que el 50% de la gente que padece glaucoma no lo sabe y se entera cuando el daño es tardío, que si ese ojo todavía ve, lo hace con un daño avanzado. Si pudiéramos hacer un diagnóstico antes, el daño sería menor.
Eduardo pudo controlar su presión intraocular con 2 gotas todos los días en ambos ojos.
Si fuera necesario, porque las gotas no son suficientes para disminuir la presión, se le podría realizar algún tratamiento quirúrgico con láser o cirugía convencional.
Existen varias opciones terapéuticas para encarar el tratamiento para poder acompañar y tratar al paciente con glaucoma a lo largo de su vida. Lo que Eduardo, u otros pacientes con glaucoma deben tener en cuenta es que esta es una enfermedad crónica dónde la constancia es fundamental para poder seguir viendo.