25th de February de 2021
OPINIóN Historia política
23-12-2020 17:19

Recuerdos de una Navidad trágica

En los 70, la guerrilla era la principal forma política para el ERP. De origen trotskista, combate en cuatro frentes principales: en el Ingenio Ledesma de Jujuy; en los departamentos de Famaillá, Monteros y Chicligastas de Tucumán; en la ciudad de Córdoba; y en las riberas del Paraná. 

23-12-2020 17:19

En los inicios de la década de los 70, la guerrilla era la principal forma política para el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). De origen trotskista, combate en cuatro frentes principales: en el Ingenio Ledesma de Jujuy; en los departamentos de Famaillá, Monteros y Chicligastas de Tucumán; en la ciudad de Córdoba; y en las riberas del Paraná

La mayoría de los militantes y combatientes del ERP carecen de la experiencia política necesaria pues crecieron con desconocimiento de lo que es la democracia. Son jóvenes que provienen de capas medias escolarizadas, militan en colegios, universidades, sindicatos, villas miserias; para no aburguesarse se proletarizan, es decir, dejan los estudios secundarios y/o universitarios para ir a trabajar a una fábrica.

Por la transformación de la sociedad y de la naturaleza humana, arriesgan su propia vida y en algunos casos, la de sus familiares. Se cambian el nombre, una práctica habitual en la clandestinidad, usan un vocabulario de secta relacionado con el pensamiento y las experiencias revolucionarias más fértiles. Los hermana el desinterés por los bienes materiales, la renuncia al dinero y al éxito profesional, la preocupación por los pobres, el deseo de justicia e igualdad social.

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Convencidos de la imposibilidad de construir la Patria socialista por vías pacíficas, y sin prever hasta dónde llegarían las Fuerzas Armadas cuando éstas se vieran atacadas, eligen la acción político-militar. Ingresan en las escuelas de dirigentes del Partido para la formación de oficiales, donde se entrenan física y militarmente; aprenden técnicas de primeros auxilios y logística; se inician en el robo de armas, asaltos, secuestros, seducidos por el ejemplo del “Che” Guevara.

Así se llega al mes de diciembre de 1975 con una Navidad que va a ser trágica. En la localidad de Monte Chingolo, al sur de la ciudad de Buenos Aires, a unos 70 kilómetros de la  Capital Federal, la noche del 23 el ERP intentó copar el Batallón de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, a un costado del cual se encuentra la villa Santa María, habitada por miles de personas.

Según el ERP, ésta es la mayor operación guerrillera urbana contra un objetivo militar, el mayor encuentro de armas entre la burguesía y el proletariado de toda la historia argentina. Una batalla decisiva por la segunda independencia nacional, esta vez contra el imperialismo norteamericano, principal enemigo  de la humanidad.

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El objetivo de la organización armada es capturar una cantidad importante de armamentos, porque sin armas no se podría reforzar la guerrilla instalada en Tucumán; resistir al golpe militar que se veía venir; repercutir en el estado de ánimo de las masas; fortalecer al conjunto del movimiento revolucionario.

Delatados por un espía, -“El Oso”, Jesús Ranier Abrahamson, que sería ejecutado por traidor-, y derrotados por los militares, a los combatientes del ERP

no les dejaron ojos en las cuencas

uno por uno quebraron sus huesos”.

 

En la mañana del día 24, en el cuartel se ven decenas de cadáveres de jóvenes guerrilleros de ambos sexos con las manos cortadas por los peritos forenses que hacían las identificaciones. Oficialmente no hubo prisioneros ni heridos. 6 militares muertos, cerca de un centenar de civiles. El ERP reconoce 61 bajas, en su mayoría estudiantes secundarios y universitarios, muy pocos trabajadores, unas cuantas chicas, varias de ellas embarazadas.

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En los periódicos de las organizaciones armadas se dedica un espacio significativo a difundir el culto a la revolución, la entereza de los combatientes muertos, y no se duda en modificar los hechos con tal de ofrecer una trayectoria de vida digna de ser imitada, al estilo de lo que hacía la Iglesia con la biografía de los santos para alimentar la piedad de los creyentes.

El análisis de Monte Chingolo presenta algunas dificultades, comenzando por la ausencia de datos certeros sobre las dotaciones armadas de las organizaciones guerrilleras dado su carácter clandestino: dificultades para llegar a determinar la edad promedio y el número de combatientes. A los materiales escondidos en las instituciones militares se suma la orden de destrucción de pruebas durante la dictadura militar (si ocultaron cuerpos cómo no iban a ocultar documentos); las actitudes de los villeros, relacionadas con el odio a la “cana” y a los “milicos”, con el aval a las ideas guerrilleras o, simplemente, con la acción humanitaria.

En el plano militar, Monte Chingolo fue una sensible derrota del ERP, con pérdidas importantes de combatientes y armamento, y  en el plano político también, a pesar de que los documentos oficiales restaron importancia a la derrota basándose en fracasos parciales de movimientos revolucionarios luego triunfantes (Cancha Rayada, Moncada, la Larga Marcha).

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Los dirigentes erpianos sobreestimaron la propia capacidad dado el rápido crecimiento de la organización, aunque después haya resultado insuficiente; tuvieron errores en la coordinación, planificación y control; hicieron una lectura equivocada de la realidad que impidió retroceder y menospreciar su aislamiento de los sectores populares; fueron verticalistas y aventureros en la toma de decisiones, con su repercusión en los costos humanos; carecieron de oficiales técnicamente formados; condujeron al Gobierno a tener que adjudicarle a las Fuerzas Armadas un papel cada vez más importante en el combate, valga la paradoja, contra la propia organización guerrillera.