lunes 08 de agosto de 2022

Argentina hoy: el país con los precios más delirantes (si es que te dan el precio)

Doscientos pesos un yogur, 400 la tarifa de gas mensual en ciudad de Buenos Aires. Por 18 pesos podés ir de una punta a la otra de la Capital, pero el litro de leche vale varias veces más. "No hay precio, no te puedo vender hasta agosto". Complicado.

14-07-2022 11:27

Una mañana salgo para la redacción y me miro en una vidriera. Mi pelo no estaba en modo presentable para ir a trabajar (la humedad de Buenos Aires, el frizz, etc) y entro a una de estas casas de accesorios sobre avenida Santa Fe, que siempre se caracterizaron por tener todo tipo de chucherías que a las mujeres nos encantan a bajo precio (o tenían). Tomo uno broche de plástico símil carey, le pregunto a la cajera "¿Cuánto es?", y me dice "800 pesos". Casi me desmayo... un broche de plástico costaba poco menos que el billete de mayor denominación. Esto se descontroló.

El lector pensará si vivo en un tupper y no me doy cuenta de las cosas. Sí, hago las compras y veo los precios, pero siempre hay algo que te shockea más. Lo del brochecito del pelo para mí fue "la ficha" que me cayó. Cada uno tendrá la propia.

 A su vez, cuando llego a la cochera me pongo a conversar con un vecino mayor que vive solo, que se queja del frío y dice que hay que cuidar el gas porque se viene el reajuste de tarifas y me cuenta que paga 400 pesos mensuales prendiendo dos calefactores en su semipiso de 100 metros cuadrados... "Andá a saber ahora a cuánto se va", reniega, y sale para el café de la esquina donde todas las mañanas desayuna el "combo" de café con leche, tres medialunas y juguito que le cuesta 650 pesos.

El INDEC difunde hoy la inflación de junio: para los privados, no desacelera del 5%

A tan solo 200 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, pleno corazón sojero, otra señora que vive sola en una casa, también de unos 100 metros, y que prende solamente dos calefactores, paga 7 mil pesos de gas. Y algo similar el cafecito. Diferencias abismales en energía y transporte, como se puede registrar entre Capital Federal y, por ejemplo, Córdoba: el boleto de colectivo urbano vale 18 pesos en CABA y 80 en La Docta. En Mar del Plata, algo similar. Un jubilado gana lo mismo viva donde viva, el sueldo de un docente no difiere mucho, ni tampoco la hora del servicio doméstico. Pero las diferencias están. En alimentos, no tanto.

Cambalache de precios

Tema aparte es el de las "promos", los descuentos, las tarjetas, etc., que se ha instaurado desde hace varios años y ejerce una distorsión tremenda. Toda la vida el pago al contado tuvo su beneficio; ahora sucede que el cash no tiene ningún descuento, pero sí hasta a veces hay un 30% si es "tarjeteado"... ¿cómo es eso? No se entiende. Si no querés ser rehén del sistema bancario ni acumular deudas, por pagar billete sobre billete no hay ningún premio. Alguno te descontará un 10%, otros te recargan con tarjeta de débito a pesar de que está prohibido.

Además, hay que tener tiempo para dedicarle al extenso calendario de promociones, y si querés la cartera, los jueves, si necesitás comida el súper, es los miércoles, si tu hija necesita zapatillas, los sábados, y así. Hace falta un GPS y un manual. Una locura. 

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Y ya el colmo de estos días de dólar disparado es algo que hemos vivido con la hiperinflación: "no tengo precio", "no te puedo vender". Y hasta compras hechas suspendidas con devolución de dinero y publicaciones pausadas en las plataformas de e-commerce. Y ahí se abre una grieta entre el comerciante honesto que marca lo que cree para protegerse, el que guarda para salvarse y el pobre que termina fundiéndose porque no puede reponer. Una desgracia. 

Sin hablar de la remarcación por la suba del dólar, que cuando baja un poco jamás es revertida. Ya está. 

Si hay que comprar papel higiénico, rollos de cocina, café, vino... a "stockearse", todo un panorama que atenta contra nuestra salud mental. Quienes hemos vivido la hiperinflación de Alfonsín y casi toda la vida con inflación, salvo el "break" de la convertibilidad, estamos tristemente acostumbrados. No es vida. Me gustaría en algún momento leer cómo la salud mental de los argentinos ha sido afectada durante las décadas de gobiernos de todos los colores que nunca supieron darnos una vida más tranquila. En definitiva, para lo que los hemos votado.

"Es la economía, estúpido", la frase utilizada en la campaña de Bill Clinton que los argentinos tenemos tatuada en la cabeza y en la billetera. No pierdo la esperanza de tiempos mejores, pero cómo cuesta pasar estos que estamos viviendo, ¿nosierto