martes 07 de febrero de 2023
OPINIóN Política

Autoriactivismo y el desafío para las democracias inclusivas

La democracia tiene un germen latente de potenciales actitudes políticas autoritarias. El autoriactivismo, como aquí lo denominamos, es un fenómeno más habitual y menos excepcional de lo que muchos puedan creer.

29-12-2022 12:00

En el año 2023 se van a cumplir 40 años de democracia y las tendencias y prácticas autoritarias no han desaparecido. La democracia constantemente se pone a prueba en el nivel local y municipal y se vuelve escándalo nacional cuando la ejercen algún poder federal en desmedro de otro poder o de la sociedad civil.

En este sentido, una tendencia que Anne Applebaum ha hecho extensiva y publicada recientemente, recae en el estudio de una economista conductual que por su especial trabajo y conclusiones entiende que nos puede ayudar a comprender buena parte de nuestros procesos políticos.

Anne Applebaum cita a Karen Stenner, quien reflexiona con suma claridad sobre la probabilidad que un porcentaje importante de la población sea, o en muchos casos transite por un momento, de lo que ella denomina estado de rasgos conductuales autoritarios o autoritarismo conductual.

El video del Gobierno para celebrar los 39 años de democracia en la Argentina

En este sentido, habría una posibilidad de que estas personas lleven a cabo acciones y toleren pocos hechos que sean divergentes con las perspectivas que se sostienen.

Lo importante en esta reflexión es que, este estado puede sostener o acrecentar un piso porcentual social y político electoral alto con preferencias a elegir y legitimar: lo conocido, el status quo y el orden. Y por todo esto, rechazar de plano la complejidad, la diversidad, la diferencia identitaria, entre otros hechos que salen del marco de preferencias y explicaciones posibles sobre cómo los otros deben vivir la vida en sociedad.

Por esto, estas posiciones personales autoritarias ponen en discusión la naturaleza intrínseca de la democracia pluralista y el poder alternado en tanto el conflicto y el debate público son los motores de este régimen.

Esto es ni más ni menos que decir entonces que, siempre en nuestros regímenes democráticos hay una cuota de autoritarismo emergente o por emerger y hacerse notar y no se relaciona directamente con el cuerpo ideológico que justifique sus conductas. Es indistinto para Karen Stenner si el marco interpretativo que lo justifique es localista, tradicionalista, nacionalista, conservador o marxista. Es sólo una cuestión de actitud, parafraseando a Fito Páez.

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La victoria de Raúl Alfonsín marcó el regreso de la democracia en Argentina tras el último golpe de Estado.

De ser así, la democracia tiene un germen latente de potenciales actitudes políticas autoritarias y micro acciones cotidianas opuestas al cambio e innovación o apertura a la progresión de las instituciones y hábitos sociales. Ante esto, el autoriactivismo, como aquí lo denominamos, es un fenómeno más habitual y menos excepcional de lo que muchos puedan creer.

Pero también, entender esto nos obliga a llevar a la práctica el famoso ejercicio de tolerancia liberal en donde el límite, quizás no sea el poco claro expresado oportunamente por Karl Popper, pero sí es el de la reflexión contextual y fatigosa en pos de sostener un equilibrio y la pluralidad que los incluya y contenga tanto a autoritarios de doctrina y/o actitud pero también a anárquicos y liberales de doctrina y/o actitud.

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Por esto, el balance en estos años de democracia sigue siendo positivo a pesar de las pérdidas económicas personales y familiares. Hemos dejado como práctica habitual de solución de disputas electorales la pérdida de vidas, derramar sangre y ocultarse por odio o pensamiento político. La herramienta común son las elecciones periódicas y no las acciones directas

Aún así, los desafíos siguen siendo los mismos, como los del primer día: ética, calidad, claridad y transparencia en la gestión pública y en las peticiones y acciones de lobby del sector privado con o sin fines de lucro.

Y que a la democracia no se le puede pedir solucionar lo que no le es factible exigir. Lo que es factible exigir es contener y convivir con el autoriactivismo y los anarcoliberales dentro de la reglas de juego que establece la democracia plural e inclusiva y el régimen constitucional vigente.