miércoles 25 de mayo de 2022
OPINIóN Análisis
17-03-2022 14:03

China y Rusia: "Una alianza estratégica ... a medias"

Luego de que el ataque ruso a Ucrania, China, socio de Rusia, pone en la balanza que le costaría más y, claramente, apoyar fervientemente a Putin no sería la mejor opción.

17-03-2022 14:03

Los principios de marzo son siempre muy agitados en la cúpula política China. Se llevan a cabo las llamadas “Dos Sesiones” en las cuales los representantes de la Asamblea Popular Nacional y del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (en síntesis: legisladores) se reúnen para discutir y demarcar políticas, dictando y aprobando las leyes fundamentales de ese año.

Entre lo que se habló se destaca la necesidad del desarrollo sustentable, la inversión en nuevas infraestructuras, el desarrollo de zonas rurales, mantener la idea de que la vivienda es para vivir en ella y no puramente una inversión, mejorar el sector tecnológico vislumbrando el 6G, seguir con la política de tres hijos, mejorar la prevención y manejo del Covid-19 y mantener la apertura económica y el multilateralismo en un mundo que se ve cada vez más dividido y hostil.

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Esto último es la clave para entender la política China ante el conflicto Ruso-Ucraniano. Aunque China se haya abstenido en la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, alegando que no dejaba espacio a la negociación y sólo castigaba a Rusia por el ataque, ha demostrado, de manera mucho más sutil su apoyo a Ucrania. Desde un primer momento condenando el ataque a un territorio de una nación soberana, pasando por la evacuación de los chinos radicados en Ucrania hasta llegar a enviar el primer convoy de ayuda humanitaria a esta nación el 12 de marzo. Se puede ver que no está tomando el rol de “aliado” de Rusia, como lo vemos a Lukashenko de Belarús, por ejemplo.

Una cuestión de política económica

Las razones del accionar chino se deben justamente a una cuestión de política económica. La Unión Europea es el socio comercial número uno del gigante asiático, incluso Ucrania es miembro también de “la Franja y la Ruta” (o “La Nueva Ruta de la Seda” como es más conocida en Argentina).

A su vez, las autoridades ucranianas pidieron la mediación de China en el conflicto e incluso el jefe de política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, dijo en una entrevista ante el diario español El Mundo: “No hay otra alternativa. Nosotros no podemos ser los mediadores, está claro… y tampoco lo puede ser Estados Unidos. ¿Quién más? Tiene que ser China, confío en eso”.

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Ante esta situación internacional, el Canciller chino Wang Yi detalló en una ronda de prensa la postura de su país: “Siempre hemos adherido a una postura objetiva y justa… Tenemos que darnos cuenta que un iceberg no se hace con el frío de un solo día. Las razones por las cuales la situación en Ucrania se ha desarrollado hasta lo que es hoy son complejas e intrincadas. Si queremos solucionar problemas difíciles debemos utilizar la calma y la razón, no echarle leña al fuego y empeorar la confrontación. China cree que para solucionar esta crisis, deben respetarse los principios y propósitos de la Carta de Naciones Unidas, respetar y asegurar la soberanía e integridad territorial de los países; debe respetarse el principio de indivisibilidad de la seguridad y deben tenerse en cuenta las legítimas preocupaciones de seguridad de las partes interesadas; las disputas deben resolverse pacíficamente a través del diálogo y la negociación; debe establecerse un mecanismo de seguridad europeo equilibrado, eficaz y sostenible centrado en la paz y estabilidad en la región a largo plazo”.

Claramente este es un discurso que intenta quedar bien con las partes involucradas, codeando a Ucrania al resaltar “la soberanía e integridad territorial” pero a su vez guiñándole el ojo a Rusia al decir “deben tenerse en cuenta las legítimas preocupaciones de seguridad de las partes interesadas”. Ya que, como es sabido, el inicio del conflicto se da por el avance de la OTAN tocando la frontera rusa.

Una desaceleración en su crecimiento

Por otro lado, China, que posee una población de 1400 millones de habitantes, por motivos tanto internos como externos, ha disminuido su velocidad de crecimiento económico. Ya no es la misma que aquella durante los primeros 40 años de la Reforma y Apertura. Para este 2022, el objetivo de crecimiento es de 5.5%. El más bajo sacando el año 2020 con un 2.3% (de todas maneras, ese año fue la única gran economía que creció en el mundo). Por ello también el gobierno central publicó en el año nuevo chino el “Documento Número Uno” respecto al desarrollo agrícola. El mismo incluye los siguientes puntos: asegurar la cantidad de tierras de cultivo, garantizar la seguridad alimenticia, promover el aumento de la producción agrícola y estabilizar la producción.

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China no se puede abastecer sola de productos agrícolas, por ello depende de la importación de los mismos de países como el nuestro o… Rusia y Ucrania. Lamentablemente el conflicto en Ucrania, que proveía de 20% de todo el trigo importado en China, hará imposible exportar esas cantidades. Entonces he aquí la importancia de la más de una decena de acuerdos firmados con Putin durante los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Beijing.

Los mismos garantizarían la provisión de energía y productos alimenticios al gigante asiático. Aunque Rusia no pueda utilizar el código SWIFT, este país tiene un swap de divisas con China que le permite utilizar yuanes para el comercio internacional. Sin embargo, los bancos chinos no dan financiamiento para la compra de petróleo ruso, quedando como única opción el pago al contado. Tan solo el año pasado China importó 575.000 barriles por día a través de ESPO (oleoducto ruso “East Siberia Pacific Ocean”), representando un 6% del total. Se pueden imaginar lo complejo de estas transacciones en este momento al no poder acceder a crédito bancario.

En síntesis, la estrategia china se parece más al Taichi que se practica lentamente con movimientos suaves de ida y vuelta en los parques, que al Kungfu de una película de acción de Jackie Chan. Se mueve cautelosamente en un escenario complicado y todo apunta a que cuando el resto de mediadores fracase, el dragón oriental podría ser el que le de una solución a este conflicto. Ojalá que la misma sea más pronta que tarde.

* Brian González es periodista de “informal talks”, TV Publica China.