OPINIóN
Qué día es hoy

Cuando las Kalendas no eran griegas

El 31 de diciembre no siempre fue fin de año; ni enero, el comienzo. Para los egipcios el año arrancaba en julio y para los romanos, en marzo. ¿A quién le debemos el calendario solar y el año bisiesto? ¿Por qué Galileo borró del mapa diez días completos en 1582? Ajusten sus cinturones, viajaremos en el tiempo.

Historia del calendario 20251215
Historia del calendario. | Pixabay

Todos conocemos el famoso aforismo de Benjamín Franklin: “Las dos cosas de las que no podemos huir son de la muerte y los impuestos”. Y las dos cosas están relacionadas con el calendario.

Todos los días son buenos o malos para morir y todos los días existe una excusa para cobrarnos un impuesto, porque termina el tiempo para cosechar o porque es tiempo de vender animales, o porque se le ocurre a la autoridad de turno. Y para eso se basan en los calendarios, que no siempre han sido iguales.

De hecho, no siempre el 31 de diciembre fue fin de año.

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Para los romanos el año empezaba en marzo y para los egipcios en julio.

A lo largo de la historia hubo calendarios lunares que, si bien se han dejado de usar desde el punto de vista comercial, se los usa para medir las fechas de los embarazos, ya que cada mes lunar es de 28 días y el embarazo suele durar 280 días, es decir, 10 meses lunares, que son 40 semanas.

Los romanos tenían un calendario lunar de 304 días, que empezaron a contar desde el año 753 a. C, que arrancó con la fundación de Roma"

Pero hace 5.000 años los egipcios decidieron usar el año solar para calcular el día más importante del año: el día en que el río Nilo desbordaba para mejorar sus cosechas.

Desde la antigüedad se sabía que la Tierra tarda 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46,08 segundos. La sumatoria de estas horas y minutos a lo largo de décadas es lo que hizo que los distintos calendarios fueran quedando desfasados con los ciclos reales.

Los romanos originalmente tenían un calendario lunar de 304 días, que empezaron a contar desde el año 753 antes de Cristo; año de la fundación de Roma, llamado Ad urbe condita.

Para cuando Julio César gobernaba sobre Roma, había un marcado desfasaje entre las fechas y el comienzo de las estaciones. Por esta razón, César consultó con un astrónomo de Alejandría llamado Sosígenes, quien le recomendó tomar el calendario solar de 365 días y seis horas, sumando un día cada 4 años.

La Tierra tarda 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46,08 segundos en girar alrededor del sol"

El nuevo calendario, que pasó a llamarse Juliano, comenzaba en marzo (mes en honor al dios Marte), y el quinto mes (quintilis) pasó a llamarse julio, en honor del César. Más adelante, Augustus hizo llamar al mes sexto agosto en su honor y, más adelante, propusieron que el séptimo mes se llamase en honor al emperador Tiberio; honor que este rechazó porque no había suficientes meses para honrar a todos los césares que lo sucediesen en el trono.

Al año que había que agregar un día pasó a sumarse el 24 de febrero, llamado el “sextus ante Kalendas Martias”; de allí el año bisextus o bisiesto.

El año 44 antes de Cristo pasó a tener 465 días y se lo llamó “el último año de la confusión”.

También fueron los romanos quienes crearon la semana de 7 días, llamando a cada día en honor a uno de los astros visibles. Antes de eso, llamaban Kalendas al primer día del mes, que debía coincidir con la luna nueva (recordemos que eran meses lunares), y los idus —tan célebres por la muerte del César— caían los días 13 de cada mes, excepto marzo, mayo, julio y octubre, que eran los días 15 (a César lo asesinan un 15 de marzo).

La expresión “Kalendas griegas” (ad Kalendas Graecas) tiene su origen en Roma y su significado era entonces muy parecido al nuestro, porque como los griegos no usaban Kalendas en su calendario (esta palabra se origina de Kalendas), la frase se usaba para referirse a algo que raramente iba a acontecer.

El calendario juliano fue más o menos exacto por 1.500 años, pero esos once minutos de menos en los que había redondeado el año solar comenzaron a pesar, especialmente en las celebraciones religiosas, como Pascuas.

Por tal razón, el Papa Gregorio XIII consultó con distintos astrónomos y matemáticos (curiosamente, entre ellos estaba Galileo Galilei) y fijaron que esos once minutos debían compensarse, y a tal fin el jueves 4 de octubre de 1582 fue sucedido por el viernes 15 de octubre de 1582. Esos diez días desaparecieron y santo remedio.

La vida fue ese minuto de fulgor perdido cuya fecha no siempre podemos precisar"

A la pobre Santa Teresa se le dio por morirse ese 4 de octubre, pero fue enterrada al día siguiente, que era 15 de octubre.

El problema fue que no todo el mundo aceptó el cambio: no lo hicieron los ortodoxos, ni protestantes, ni anglicanos. Razón por la cual Shakespeare y Cervantes no murieron el mismo día, como se suele decir, porque en España usaban el calendario gregoriano y en Inglaterra el juliano, y la Revolución Rusa de 1918 no fue en octubre sino en noviembre, porque Rusia fue el último país en adoptar el gregoriano.

Aun así, este calendario no es exacto y habrá un día de error cada 7.700 años, frente a un día de error cada 128 años como tenía el juliano.

La Revolución Rusa de 1918 no fue en octubre sino en noviembre, porque Rusia fue el último país en adoptar el gregoriano"

Otro tema más complicado es que el año cero de nuestra era, que teóricamente fue el del nacimiento de Cristo, no fue en esa fecha, ya que se estima que por la estrella de Belén y el censo romano, Jesús habría nacido entre cuatro y seis años antes de lo que consideramos año cero.

También es poco probable que Cristo haya nacido un 25 de diciembre, porque para esa época en Israel hace frío y los pastores no llevan sus ovejas a pastar a la intemperie, por lo que se estima que Cristo debería haber nacido en abril.

La primitiva iglesia católica eligió esa fecha en el siglo IV, coincidiendo con la celebración de los romanos del solsticio de invierno. Antes de esta elección, celebraban la Navidad el 6 de enero…

Dicho así suena raro, ¿no? Dionisio el Exiguo, aquel convocado a determinar la fecha del nacimiento de Jesús, se equivocó…

Nuestro calendario no es exacto y habrá un día de error cada 7.700 años; el juliano tenía un día de error cada 128 años"

Pero el gregoriano no es el único calendario que se usa; por ejemplo, el 1 de enero es el 28 del mes de Jafar para los islámicos, o el 29 de Tevet para los judíos, que andan por los años 5786, ya que usan calendario lunisolar, que permite predecir las fechas de luna nueva. La versión actual del calendario hebreo fue fijada por Hillel II en el año 359 después de Cristo.

Curiosamente, en la India también se usa un calendario lunisolar que suele comenzar en lo que nosotros llamamos 13 al 15 de abril, pero su cuenta se mide en la era Shaka, que sería el año 78 después de Cristo. Por lo que al 2025 deberíamos restarle 78 años para saber en qué año viven los hindúes.

Para los chinos estamos en el año 4723, el año de la serpiente de madera. Siguiendo la propuesta del geólogo Cesare Emiliani, quien inicia la era del Holoceno en el año 10.000 antes de Cristo (por el comienzo de la agricultura), estaríamos viviendo el año 12.025.

Y si queremos complicar aún más las cosas, no tenemos que irnos muy lejos, porque todos los años debemos preguntarnos cuándo cae Pascuas. En el año 145, en Roma, hubo un obispo llamado Víctor que decidió que las Pascuas cristianas debían caer sí o sí en domingo (día del Señor, dominus). Para Víctor no era bueno que se celebrara en la misma fecha que los judíos, que es el 14 de Nisán, sin importarles que sea domingo, jueves o martes.

Así fue como en el Concilio de Nicea concluyeron que Pascuas debía caer el domingo siguiente a la primera luna llena de primavera (en el hemisferio norte). De allí que esta celebración algunos años cae en marzo y otros en abril.

Como dice Isabel Allende: “El calendario es un invento humano (muy humano), pero nos permite decir que el tiempo a nivel espiritual no existe”… porque en un momento de tu vida descubrís, cuando ya es tarde y no tiene remedio, que la vida fue ese minuto de fulgor perdido cuya fecha no siempre podemos precisar.