La dinámica reciente del mercado cambiario dejó una señal que merece atención. El aumento en la oferta de divisas provenientes del sector agroexportador y de empresas, junto con una demanda contenida, permitió al Banco Central retomar compras sin ejercer presión adicional sobre el tipo de cambio. El dólar oficial retrocedió a niveles no vistos en más de dos meses y el BCRA logró sostener una racha compradora que, en el corto plazo, contribuye a ordenar expectativas.
No obstante, confundir este alivio coyuntural con una normalización macroeconómica sería prematuro. Las reservas internacionales netas continúan en terreno profundamente negativo y la mejora observada en las reservas brutas respondió en buena medida a factores transitorios de valuación, como la suba del precio del oro. La capacidad de sostener un proceso genuino de acumulación de reservas sigue siendo el principal test de consistencia del programa económico.
En el plano monetario y financiero, las tensiones persisten. La compra de divisas implica expansión de pesos en un sistema que aún opera con una liquidez ajustada. A ello se sumó una inflación que volvió a ubicarse por encima de lo esperado, obligando al Tesoro a convalidar mayores tasas en sus licitaciones. El resultado es una carrera nominal que se reacomodó en niveles más elevados: tasas de interés e inflación subiendo en paralelo, con un tipo de cambio que quedó claramente rezagado. Este descalce, por definición, es inestable y tenderá a corregirse.
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Los datos fiscales refuerzan la lectura ambivalente. El deterioro del resultado en diciembre reflejó la debilidad de los ingresos en un contexto de actividad aún frágil. Sin embargo, el cierre anual con superávit primario y cumplimiento de las metas acordadas con el FMI marca un cambio relevante respecto de años anteriores. Disciplina fiscal en el agregado, pero con márgenes acotados en el corto plazo.
Los mercados financieros internalizan esta dualidad. Los bonos soberanos en dólares mostraron una recuperación moderada, con rendimientos por debajo del 10% y un riesgo país estabilizado en torno a los 570 puntos básicos. En contraste, el mercado accionario exhibió mayor debilidad y la deuda en pesos operó de manera mixta, reflejando cautela más que euforia.
La conclusión es clara: la economía argentina transita una fase de estabilización incipiente, pero aún lejos de una normalización plena. La calma cambiaria es un activo valioso, aunque frágil. Convertirla en un ancla duradera exige consolidar el frente fiscal, profundizar la desinflación y, sobre todo, recomponer reservas de manera sostenida
*Ex sub Secretario de Programación Macroeconómica en el ministerio de economía de la Nación
EM CP