El gobierno nacional logró algo que no ocurría desde 2007-2008: encadenar dos años consecutivos de superávit primario y financiero. Y 2026 será el tercero. Sin embargo, detrás de este hito se acumulan tensiones que ponen a prueba la sostenibilidad de la viga maestra del programa económico.
La señal más clara proviene de la recaudación tributaria, que lleva ocho meses consecutivos de caída en términos reales. Los impuestos vinculados a la actividad económica —IVA DGI y Cheque, principalmente— retroceden un 3% en el primer trimestre del año, reflejando una economía que no termina de despegar.
Los tributos asociados al empleo caen un 4%, producto de una masa salarial que se contrae tanto por la baja del salario formal como por la destrucción de puestos de trabajo registrada desde mediados de 2025. A esto se suma el desplome de los ingresos por comercio exterior: los derechos de exportación permanecen en niveles muy bajos tras el adelantamiento extraordinario de liquidaciones del año pasado, sumado a la baja de retenciones en el margen, mientras que los de importación acompañan explicados por una desaceleración de las cantidades importadas.
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Este deterioro no se limita al fisco nacional. Se traslada de forma directa a las provincias a través de la coparticipación federal: en el primer trimestre de 2026, las transferencias automáticas sufrieron una merma real del 6,4%, afectando a todas las jurisdicciones sin excepción. El reciente otorgamiento de adelantos de coparticipación a doce provincias es una consecuencia de esto.
Caída de ingresos y ajuste del gasto
¿Hay margen para compensar la caída de ingresos con más ajuste del gasto? La respuesta es cada vez más estrecha. Más de la mitad del gasto público está explicado por jubilaciones y asignaciones familiares, indexadas por inflación, lo cual confiere rigidez a la baja. La Asignación Universal por Hijo, que el propio gobierno ha incrementado en términos reales de forma ininterrumpida durante su gestión, es probable que se mantenga en estos niveles. En el otro extremo, las partidas que fueron el eje del ajuste inicial —obra pública, transferencias a provincias, universidades— ya se encuentran en niveles históricamente mínimos y tienen poco margen de recorte adicional.
Las válvulas de ajuste restantes son acotadas. En subsidios económicos, alcanzar la meta presupuestaria exigirá aumentos reales significativos en las tarifas de electricidad y gas a lo largo del año. En programas sociales, el reciente cierre de "Volver al Trabajo" aporta un ahorro modesto, pero ir más allá en un contexto de empleo estancado y caída sostenida del ingreso disponible luce complejo. La masa salarial del sector público también podría seguir comprimiéndose —la planta de empleados nacionales ya se redujo en 65.000 personas desde diciembre de 2023 y los salarios públicos acumulan una caída real del 36%—, pero profundizar ese camino no será gratis en términos sociales.
En 2025, la utilización de instrumentos que capitalizan intereses contribuyó a que el pago de intereses registrado en base caja fuera particularmente bajo. Esta dinámica empieza a atenuarse con la colocación de nuevos bonos en dólares que sí pagan cupones periódicos, lo cual hará gradualmente más visible el costo del endeudamiento en las cuentas públicas.
Vale mencionar que, al analizar las cuentas fiscales, es posible complementar la medición oficial base caja con metodologías que incorporen la capitalización de intereses y corrijan por inflación para captar el componente real del costo financiero. Estos ejercicios permiten una lectura más completa del esfuerzo fiscal, y muestran que, si bien el resultado oficial es superavitario, la carga de intereses efectiva es mayor a la que reflejan las estadísticas tradicionales.

El desafío para el Gobierno
El ancla fiscal está desafiada, pero el gobierno tiene claro que es la piedra angular del programa y actuará en consecuencia para preservarla. La meta de superávit primario de 1,4% del PBI luce alcanzable —aunque por debajo del 2,2% acordado inicialmente con el FMI, ya descartado por el propio organismo— y todo indica que los esfuerzos estarán enfocados en lograrla.
El desafío hacia adelante es doble. Por un lado, sostener un resultado primario que sea suficiente no solo para cubrir los intereses visibles, sino para garantizar una trayectoria descendente del endeudamiento. Por el otro, hacerlo en un contexto donde la recaudación depende de una recuperación económica que todavía no se consolida y donde el margen de ajuste por el lado del gasto se ha reducido considerablemente. La disciplina fiscal mantiene su rumbo, pero viaja por una avenida cada vez más angosta.
*Economistas de Empiria Consultores