OPINIóN
Estrategia y contradicciones en la era Trump

El extravagante escenario geopolítico que oscila entre el bloqueo en Ormuz y la sombra militar en Cuba

En un tablero internacional cada vez más impredecible, las decisiones de Donald Trump combinan cierres marítimos inéditos, amenazas bélicas y un insólito episodio de seguridad alrededor del avión presidencial.

Donald Trump 13062026
Donald Trump | AFP

Estamos asistiendo a un momento histórico donde ya ni siquiera es fácil entender quién pelea contra quién. Un escenario geopolítico con el sello característico del universo Trump, llevado a niveles de extravío y disparate difíciles de asimilar.

Lo que sucede actualmente en la navegación marítima internacional es un caso de estudio. El Estrecho de Ormuz se encuentra completamente bloqueado por ambas partes. Tanto Estados Unidos como Irán atacan a los buques que pretenden circular por la zona, generando una coincidencia disparatada. Si no ataca uno, ataca el otro.

Se suponía que la función de la flota estadounidense debía ser facilitar el paso seguro de los buques para evitar los drones y las minas iraníes. Sin embargo, la decisión de la Casa Blanca fue sumarse al bloqueo de la vía marítima. Mientras el régimen de Teherán exige levantar las sanciones navales para reabrir el paso, Washington asegura tener el control absoluto de la zona. Un delirio estratégico que oscila entre la gravedad y el ridículo.

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En medio de este panorama, volvió a tomar la palabra el inefable Pete Hegseth, el titular de la cartera que solía llamarse Secretaría de Defensa y que hoy se presenta como "Secretaría de Guerra".

Mirando el desfile de personajes de la política internacional a lo largo de los años, resulta complejo encontrar un perfil con mayor falta de rigor. Hegseth no parece haber sido designado por sus credenciales militares, diplomáticas o geopolíticas, sino mediante una suerte de casting de conductores de televisión. Un perfil de pantalla pequeña al que le han entregado la gestión de la defensa de buena parte del planeta.

Cómo fue el operativo secreto para cuidar a Donald Trump tras el supuesto ataque al avión presidencial

Ayer, Hegseth volvió a escalar la tensión continental al declarar que Washington no descarta una operación militar contra el régimen de Cuba, argumentando que La Habana debería "prestar atención a la voluntad del presidente Trump". Bajo la lógica de la llamada Doctrina Monroe, se mezcla la amenaza directa con pretendidas negociaciones, rediseñando alianzas e intervenciones globales con una liviandad alarmante.

El punto máximo de esta saga novelesca lo ocupa el reciente episodio registrado tras la cumbre de la OTAN en Turquía. Según los reportes revelados en las últimas horas, el Servicio Secreto extrajo a Donald Trump del Air Force One introduciéndolo en un contenedor de transporte para trasladarlo a otra aeronave militar.

El argumento oficial para semejante operativo de película de espías fue la existencia de una amenaza "creíble e inminente" de un ataque con misiles iraníes. Ahora bien, la controversia radica en la conducta hacia el resto de la comitiva: la aeronave presidencial despegó funcionando como un auténtico señuelo, llevando a bordo a funcionarios, custodia y periodistas que desconocían por completo que sobre la nave pesaba una alerta inminente de ataque.

Ante los reclamos de la oposición en el Senado estadounidense, que ya exige una comisión investigadora para dirimir las responsabilidades del caso, el propio Trump le restó trascendencia al asunto asegurando que vive bajo constantes amenazas y sugiriendo, una vez más, que cuenta con una suerte de protección divina.

Sea por desconfianza periodística o por la acumulación de relatos extravagantes, cuesta discernir dónde termina la realidad diplomática y dónde empieza la escenografía. Lo concreto es que la gestión de la seguridad global atraviesa una etapa atravesada por el desconcierto, la improvisación y un peligroso sesgo de espectáculo.

MEG