OPINIóN

La causa Malvinas es mucho más que la pelea por un territorio

El principio de autodeterminación, la posibilidad de un referéndum o la invocación de integridad territorial son principios del derecho internacional invocados tanto por Reino Unido como Argentina, pero “son reinterpretados por cada parte”para legitimar posiciones irreconciliables.

Malvinas 02 de Abril
Malvinas 02 de Abril | CeDoc

Cada 2 de abril vuelve una pregunta que la Argentina no termina de soltar: ¿por qué Malvinas sigue ocupando un lugar tan singular en nuestra conciencia? La respuesta excede al mapa, al derecho y a la geopolítica.

Más de cuatro décadas después de la guerra, la causa sigue viva en nuestra memoria colectiva. No solo por los soldados que entregaron sus vidas ni por las familias que atravesaron esa pérdida, sino porque comprendimos algo más profundo: el territorio no es tan solo territorio.

En nuestra historia, marcada por la colonización y el despojo, Malvinas representa la descolonización inconclusa, la lucha por afirmarnos como pueblo soberano. Hay algo en esta causa que escapa a categorías puramente racionales. Quienes hemos estado lejos del país lo sentimos con claridad: ser argentino implica un lenguaje afectivo e histórico del que Malvinas forma parte como marca de lo propio.

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Que esa herida tenga como contraparte al Reino Unido no es un dato menor. La ocupación británica de 1833 se recuerda en Argentina como expresión de la asimetría entre un país periférico y colonizado y una potencia consolidada.

Rusia ha construido la península de Crimea como parte esencial de su 'alma nacional'; Malvinas, por el contrario, se inscribe en una trama anticolonial"

La dimensión jurídica es central y no puede eludirse. La Resolución 2065/65 de la ONU inscribe el caso en el proceso de descolonización pendiente y reconoce la disputa de soberanía. Aun así, el derecho internacional —el principio de autodeterminación, la posibilidad de un referéndum o la invocación de integridad territorial— se convierte en un instrumento discursivo: los mismos principios que podrían abrir vías de negociación son reinterpretados y movilizados por cada parte para legitimar posiciones irreconciliables.

Ejemplos contemporáneos ilustran con fuerza este proceso. En el caso de Crimea, Rusia ha construido la península como parte esencial de su “alma nacional", presentando la anexión de 2014 como una “reintegración” histórica y cultural. Malvinas, por el contrario, se inscribe en una trama anticolonial.

Malvinas nos une

Argentina no aspira a expansión, sino a restituir un territorio usurpado desde 1833. El mecanismo común radica en cómo ambos Estados —y otros en disputas similares— activan historia, memoria y discurso para transformar un espacio físico en emblema identitario.

En un mundo marcado por conflictos como los de Rusia y Ucrania, Israel y Gaza, subestimar la dimensión simbólica e identitaria ya no es una opción analítica válida. Prepararnos para este tipo de disputas exige incorporarla de manera central, porque solo así podrán diseñarse vías de negociación y resolución más eficaces y perdurables.

Un territorio se vuelve irrenunciable cuando deja de ser solo geografía y pasa a formar parte de la respuesta a la pregunta más básica de una nación: quiénes somos.

Esta narrativa define qué es tolerable y qué es inaceptable, quién es aliado y quién es una amenaza"

En ese momento, lo que está en disputa ya no es un espacio físico sino la identidad colectiva, y las identidades no se negocian, se defienden. Cualquier concesión se reencuadra automáticamente como traición, no como decisión estratégica, porque ceder implica resignar una parte de lo que la comunidad cree ser.

Ahí radica el punto central: la narrativa no es un instrumento de la política exterior sino su punto de partida, determina qué decisiones son siquiera pensables. Define qué es tolerable y qué es inaceptable, quién es aliado y quién es una amenaza, qué pérdida es asumible y cuál resulta imperdonable.

En ese sentido, ignorar la dimensión narrativa en un conflicto territorial nos condena a una comprensión incompleta de su verdadera naturaleza. La propuesta es simple: tomarse en serio el relato, como fuerza que estructura lo posible.

Hoy honramos a los caídos, acompañamos a sus familias y reafirmamos el derecho soberano. Recordamos también que el conflicto sigue vivo porque el archipiélago se volvió parte constitutiva de la conciencia política argentina. Malvinas es memoria, sentido y lucha por ser dueños de nuestro destino.

*Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador)