OPINIóN
Elecciones en Brasil

La derrota de Lula en Brasil y la venganza del Tío Sam en Latinoamérica

Donald Trump logró imponer su impronta en Latinoamérica y ha generado una alianza estratégica con los líderes de la "nueva derecha" en la región. Un caudillismo populista de derecha que perdurará.

Donald Trump en Nueva York
Donald Trump en la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de la ONU | AFP

Más allá de que todavía falta el balotaje, la inesperada victoria de Flávio Bolsonaro en la primera ronda de las elecciones presidenciales en Brasil es una señal más de la consolidación política y cultural de Donald Trump. Aunque existen matices, la “ola azul” que pintó el continente y llevó a una especie de incipiente hegemonía de la “nueva derecha” es parte de una estrategia deliberada del magnate que ocupa la Casa Blanca y que definió como Doctrina Donroe.

Si finalmente Bolsonaro derrota a Lula y se confirma el cambio de signo político, Sudamérica habrá dado un giro total hacía gobiernos de derecha, la mayoría con una marcada afinidad política y la bandera de la “batalla cultural” de Trump y el movimiento MAGA (“Make America Great Again”), algo parecido a lo que pasó en los primeros años del siglo XXI con la “marea rosa” de Hugo Chávez, Néstor y Cristina Kirchner, y el mismo Lula, el único que aguantó hasta la tercera década. Argentina, como siempre, está a la vanguardia, con Javier Milei llevando la batuta y marcando el camino de la alineación total y junto con Nayib Bukele convertidos en los “rockstars” del movimiento, pero la verdadera presa es Brasil.

La afinidad no es solo ideológica, y en especial económica, sino también cultural. Es clave internalizar que el legado de Trump en la región, y gran parte del mundo, será la “batalla cultural” y su cruzada anti-woke y en contra de los conceptos comúnmente aglutinados bajo la justicia social. Desde una perspectiva argentina parece evidente que el problema es económico y que Milei ganó y luego se consolidó en base a la esperanza de un electorado roto luego de tanta crisis e inflación. Aunque hay algo de eso, si damos un paso atrás es evidente que el fenómeno Milei (“fenómeno barrial”) se repite a nivel regional e internacional, adaptado a sus coyunturas domésticas. Es principalmente estético, busca generar una reacción emocional y visceral, y está hecho a imagen y semejanza de Trump.

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Si el presidente de Estados Unidos fue el primero, Jair Bolsonaro fue el segundo referente global de la nueva derecha y probablemente el que lo seguía en importancia dado el peso geopolítico de Brasil en la región. Milei llegó después y agregó sus toques estéticos que ayudaron a darle forma al modelo, en especial en Latinoamérica. Candidatos exitosos como Abelardo de la Espriella en Colombia y el mismo Flávio Bolsonaro en Brasil tomaron muchos conceptos de la iconografía mileista. La casta, la motosierra, el león y las fuerzas del cielo son todas metáforas potentes políticamente.

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Aunque va por el Palacio do Planalto, la victoria política del bolsonarismo ya quedó plasmada en el resto de los comicios del domingo. Tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, Bolsonaro y sus aliados lograron resultados históricos. Así podrán imponer su agenda, incluyendo el impeachment de los Jueces Ministros del Supremo Tribunal Federal—en especial Alexandre de Moraes—y el indulto para Jair Bolsonaro. Ganaron 10 de los 19 estados definidos en primera vuelta incluyendo una contundente victoria de Tarcisio de Freitas que logró la reelección en Sao Paulo con el 62,8% y podrían cosechar algunos triunfos más. El giro político es inevitable.

Lo que se consolida es una alianza estratégica entre la derecha norteamericana y los gobernantes en gran parte de Latinoamérica que busca posicionar al hemisferio frente al gran conflicto geopolítico de los superpoderes actuales, Estados Unidos y China. También una forma de hacer política que rompe con la tradición histórica de la diplomacia y el valor de la investidura presidencial y la reemplaza por la violencia discursiva, los trolls y la desinformación en el ecosistema digital, y la intromisión constante en los asuntos internos de otros países, en especial por parte de EE.UU. Aunque hoy es una característica principalmente de la “nueva derecha”, el método se universalizará y prontamente aparecerán los “Milei zurdos” en el poder. Nada es para siempre.