OPINIóN
Filosofía

Libertad, tolerancia y sus paradojas

La libertad sin límites desemboca en su opuesto, la tiranía de los fuertes sobre los débiles; es decir, en la intolerancia. ¿Deberían suprimirse las opiniones intolerantes?

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Desafío. Necesitamos como sociedad asumir la necesidad de asistir a los niños y niñas expuestos a la pobreza. | Juan Obregón

“Rabban Shimon ben Gamaliel solía decir: sobre tres cosas se sostiene el mundo: sobre la justicia, sobre la verdad y sobre la paz, como está dicho: ejecuta el juicio de verdad y paz en tus puertas” (Talmud).

La denominada “paradoja de la libertad” sostiene que la libertad, con un sentido amplio de ausencia de cualquier control restrictivo, conduce a una restricción muy grande, ya que deja a tiranos o criminales en libertad para esclavizar al indefenso. La idea se expresa claramente en Platón: la libertad ilimitada conduce a lo opuesto ya que, sin la protección y restricción de las leyes, la libertad conducirá a una tiranía de los fuertes sobre los débiles.

Esta paradoja, vagamente formulada por Jean Jacques Rousseau, fue definitivamente resuelta por Kant, al propugnar el establecimiento de ciertas limitaciones a la libertad de cada hombre, no más allá, pero sí en grado suficiente para salvaguardar una libertad igual y compatible para todos.

Esta cuestión esencial es también el principal punto de debate para un planteo filosófico conocido como la “paradoja de la tolerancia”. El filósofo y epistemólogo Karl Popper en su obra La sociedad abierta y sus enemigos (1945), sostiene que una sociedad que tolere ideas intolerantes sucumbirá a las fuerzas de los intolerantes, que son inherentemente peligrosas.

Filosofía en 3 minutos: Karl Popper

Contraintuitivamente, para intentar sostener una sociedad tolerante, la sociedad deberá ser intolerante con la intolerancia. Ya que, si una sociedad denominada tolerante permite la existencia de filosofías o propuestas intolerantes, ya no podrá ser tolerante.

Todas las ideologías extremas representan un peligro real para la sociedad y a menudo se centralizan en propuestas fóbicas contra determinadas poblaciones minoritarias. Los discursos de odio dirigidos a minorías étnicas, religiosas o sociales, enfatizan la desaprobación de cualquier diferencia y han estimulado el uso de violencia extrema hacia “los distintos”.

Popper describió a la intolerancia que no debe ser tolerada como la negativa a entablar toda “discusión racional" a partir de la cual, para mantener una sociedad tolerante, la sociedad debe conservar el derecho a ser intolerante ante la intolerancia. Obviamente, la paradoja de la tolerancia cuestiona hasta qué punto, las ideas intolerantes ya no pueden tolerarse y si es aceptable infringir los derechos individuales en nombre de la tolerancia.

Si bien las personas tienen derecho a pensar ideas intolerantes, no son libres de imponerlas a otros. La sociedad debería primero combatir la intolerancia con argumentos racionales y un discurso público civilizado, pero si todo lo demás falla, Popper sugiere que los tolerantes se reserven el derecho de suprimir las opiniones intolerantes.

Filosofía en 3 minutos: John Rawls


El filósofo John Rawls amplió este sentimiento en Una teoría de la justicia (1971), postulando que el principio de total de tolerancia debe ser reemplazado por el derecho a la autoconservación de la sociedad.

En otras palabras, si una sociedad cree que la intolerancia en su seno infringiría las libertades de su pueblo, puede negarse a tolerar a los intolerantes. La sociedad puede limitar las libertades de los intolerantes cuando las ideologías y acciones de los intolerantes limitan las libertades de los demás.

La paradoja de la tolerancia plantea serias preguntas sobre las libertades individuales y el derecho de los gobiernos a controlarlas. Si bien la libertad de expresión es parte integral de la democracia, los grupos extremistas la utilizan y se aprovechan de ella para lanzar discursos de odio y promover agendas destructivas.

Filosofía en 3 minutos: John Stuart Mill

John Stuart Mill planteó en On Liberty (1859) cómo una sociedad libre debería tratar a sus ciudadanos, poniendo de relieve el conflicto entre libertad y autoridad, la importancia de la individualidad, los límites de la autoridad estatal y la aplicación práctica del principio de daño.

En sus palabras: “el único propósito por el cual se puede ejercer legítimamente el poder sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada en contra de su voluntad, es evitar daños a otros”.

Si los gobiernos restringen las libertades, podrían estar alejándose de la democracia hacia estructuras más autoritarias; por ello en primer lugar, cada uno de nosotros debería poder definir qué entiende por “comunidad civilizada” y en segundo: identificarse como viviendo o no en un entorno civilizado.

Las consecuencias de inclinarse demasiado hacia un extremo u otro del espectro de tolerancia-intolerancia, pueden ser nefastas, especialmente en aquellas circunstancias en que los extremismos aparecen cada vez más como riesgos sociales evidentes.

Por ello es fundamental volver a considerar frecuentemente la paradoja de la tolerancia en esta sociedad moderna de la comunicación, en donde se observan planteos demagógicos en redes sociales, fakenews y montajes marketineros de todo tipo.

Al evaluar hasta dónde hay que tolerar o no la intolerancia, debemos clarificar cómo y dónde deberían residir nuestros valores y consecuentemente, cómo debemos situarnos en un punto de equilibrio entre la libertad de expresión y la restricción de aquellos discursos ponzoñosos y dañinos para toda la sociedad.