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OPINIóN / Salud
miércoles 27 mayo, 2020

La vacunación de Jenner

Hubo un antes y un después en la medicina cuando Edward Jenner inoculó a un niño con el virus de la viruela vacuna, asistiendo a la erradicación de la enfermedad que más muertes ha ocasionado.

Edward Jenner vacunando a un niño (1884), ólero sobre lienzo de Eugène Ernest Hillemacher Foto: Cedoc
miércoles 27 mayo, 2020

Hubo un antes y un después en la medicina cuando Edward Jenner inoculó a un niño con el virus de la viruela vacuna, asistiendo a la erradicación de la enfermedad que más muertes ha ocasionado a lo largo de la historia de la humanidad, convirtiendo a Jenner en uno de los médicos que más vidas ha salvado con su trabajo.

Jenner nació el 17 de mayo (de 1749) fecha que se ha elegido para celebrar la erradicación de la viruela del mundo. El último caso de esta afección se detectó el 26 de octubre de 1977 y tres años más tarde la OMS declaraba oficialmente su desaparición después de décadas de aplicar el método que Edward Jenner había propuesto (con algunas variaciones).

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La viruela hasta fines del siglo XVIII tenía una mortalidad que llegaba al 30%, además de poder dejar ciego al afectado. Solo en Europa era responsable de la muerte de 400.000 personas al año. En América la tasa fue más alta ya que los aborígenes americanos no habían sufrido la enfermedad, razón por la cual los conquistadores la usaban como arma biológica. Los incas y aztecas, habitantes de imperios inmensos, sucumbieron ante un puñado de españoles y el virus de la viruela.

Los chinos practicaban la inoculación como método de prevención. Este método se dispersó por el planeta hasta llegar a Medio Oriente. Lady Montagu, esposa del embajador británico ante el imperio otomano, observó esta práctica entre los circasianos que se pinchaban con agujas contaminadas por el líquido de ampollas de las vacas que padecían la viruela vacuna (llamada Cowpox).

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Convencida de su eficacia, Lady Montagu inoculó a sus hijos y describió este procedimiento en sus escritos, divulgando el método en Inglaterra.

La viruela no solo era temida por su mortandad, sino porque sus cicatrices disminuían las posibilidades de encontrar candidatos adecuados para las jóvenes casamenteras, que veían esta afección como un castigo divino. Sin embargo, los esclavos que tenían las cicatrices de la enfermedad en su rostro aumentaban su cotización ya que no tenían posibilidades de morir por el azote de la viruela.

Si bien la inoculación propuesta por Lady Montagu no se generalizó en Europa, existe un antecedente de su uso en América por el fray Pedro Manuel Chaparro quien inició la práctica de inoculación con pústula de varicosos a fin de prevenir la enfermedad. En 1778 el fraile Domingo de Soria, que había trabajado con Chaparro en Valdivia, publicó un libro llamado Inoculación de Viruela en Lima. El proceso producía una forma atenuada de la enfermedad que raramente podía tener graves consecuencias.

Sin embargo, fue a Edward Jenner a quien debemos la sistematización de la vacunación, nombre otorgado porque para la inoculación se usaba el material de la ampolla de la viruela vacuna.

Jenner había nacido en Berkeley (Inglaterra) y era el octavo hijo del vicario Stephen Jenner. Edward fue bautizado con el nombre de uno de sus hermanos, muerto cinco años antes.

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A su vez, Edward quedó huérfano de madre a los cinco años, razón por la cual fue educado por su tía Deborah. Cuando tenía ocho años hubo un brote de viruela en Berkeley, al igual que las innumerables epidemias que había sufrido la humanidad hasta entonces. El joven Jenner fue inoculado de acuerdo al procedimiento divulgado por Lady Montagu, por el boticario del pueblo, un tal Mr. Holborn. Después de esta inoculación, Edward fue encerrado por 40 días en un establo. Este episodio se convirtió en una experiencia traumática para el joven, acostumbrado a vagar por la campiña en busca de fósiles.

Quizás este trauma infantil generó el interés por la prevención de la enfermedad. La Idea venía del medio oriente en una época donde se introducía en Europa el exotismo turco que se apreciaba en pinturas como las de Ingres y Delacroix o se escuchaba en la música de Mozart (Così fan tutte y La marcha turca). Voltaire también habla de la costumbre de inocular con líquido de las ampollas. Ya en 1768 el médico inglés John Fewster se había percatado de que la infección previa con la viruela del ganado convertía a los pacientes en inmunes a la viruela magna.

Para 1770 cinco investigadores en Inglaterra y Alemania había probado exitosamente una vacuna, pero el método no prosperó hasta que Jenner demostró que aquellos que ordeñaban las vacas se inmunizaban contra la viruela.

Jenner puedo confirmar su hipótesis inoculando al niño James Phipps con el líquido de las ampollas extraída de las manos de Sarah Nelmes, quien había contraído la viruela vacuna de un animal llamado Blossom (el cuero de esta vaca se exhibe en la Facultad de Medicina de San Jorge).

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Como vemos, hasta acá lo hecho por Jenner tenía antecedentes que él podía conocer. La razón de su éxito radicó en un procedimiento, hoy cuestionado por le ética. Al joven Phipps, una vez vacunado, trató de infectarlo con el virus de la viruela y resultó inmune a la enfermedad. ¿Estaba seguro Jenner de lo que hacía? ¿No ponía en peligro al joven?

De esta forma Jenner juntó 23 casos que pretendió presentar en la Royal Society. El artículo fue rechazado en primera instancia y Jenner debió reescribirlo. El tema se discutió largamente hasta que fue aprobado y su uso se generalizó.

Curiosamente, el primer país en el que se difundió la vacunación fue Francia, nación en guerra con Inglaterra. En 1805, Napoleón hizo inocular a sus soldados para que no sufriesen una epidemia de viruela que entonces mataba más que las balas.

Jenner, que ya era una persona conocida en el mundo, le pidió como favor a Bonaparte que liberase a los soldados ingleses capturados durante la guerra. “Nada voy a negar a uno de los más grandes benefactores de la humanidad”, fue la respuesta de Napoleón, concediendo el favor solicitado.

Jenner continuó con su investigación y se dedicó a su otra pasión: la ornitología.

En 1802 el Parlamento le concedió 10.000 libras por su trabajo de la vacunación y en 1807 otras 20.000 libras por el Real Colegio de Médicos. Cuatro años antes se había fundado la Sociedad Jenneriana de Londres destinada a promover la vacunación. Aún a pesar del éxito, la gente creía que la vacuna le podía hacer crecer cuernos a los inoculados con lo muestran distintos dibujos de la época. Recién en 1840 se implementó la vacunación obligatoria en Inglaterra.

 

The Cow-Pock, de James Gillray

 

Jenner volvió a Berkeley, ciudad natal de la que fue alcalde, mientras continuaba con la elaboración de sonetos y la publicación sobre las costumbres del cucú, texto de ornitología considerado por Charles Darwin como una de sus fuentes inspirador as de la teoría de la evolución.

Su método de dispersó por el mundo gracias a la “expedición Balmis”, una iniciativa de la corona española para que el Dr. Francis Balmis inoculase a miles de súbditos de Carolos IV (el despliegue de las fuerzas armadas españolas para luchar contra el coronavirus, lleva su nombre).

Jenner murió en enero de 1823 por un accidente cerebrovascular poco después de haber sido nombrado médico de rey JorgeIV.

Su obra póstuma versa sobre la migración de las aves.


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