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OPINIóN / Columna UB
lunes 29 abril, 2019

No hay futuro si no mejoramos nuestra graduación universitaria 

El nivel educativo de un país es esencial para determinar el ritmo de crecimiento del futuro nivel de vida de su población.

Alieto Guadagni*

TENDENCIA. En los últimos años se viene registrando un crecimiento de las carreras cortas, con una duración promedio de entre dos y tres años. Foto: Cedoc Perfil

Es evidente que en los países miembros de la la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos -OCDE- se viene registrando un sostenido incremento en la graduación de los jóvenes en carreras universitarias o técnicas de nivel terciario superior, de acuerdo con su más reciente informe anual sobre la situación de la educación mundial.

Hacia 2007, apenas 34% de la población de entre 25 y 34 años de edad había completado estudios superiores terciarios, mientras que, en 2017, este porcentaje ya se ubicaba en el 44%. Pero no todas las naciones exhiben los mismos niveles de graduación terciaria.

Corea del Sur es el país con la más alta graduación (70%). En segundo y tercer lugar aparecen Canadá (61%) y Japón (60%). Rusia y Lituania tienen una graduación terciaria del 58 y 56%, respectivamente. Irlanda registra una de 53%.

Luego quedan Australia y el Reino Unido (52%), Luxemburgo (51%) y Suiza (50%), junto con los Estados Unidos y Noruega (48%). España presenta una graduación del 43%. Y China, del 18%. 

Los desafíos de la retención de los estudiantes en la universidad pública

En América latina, los índices son inferiores, registrándose también importantes diferencias entra las naciones consideradas en el informe de la OCDE. Chile encabeza con 30% de graduación. México, Colombia y Costa Rica registran 28%.

Finalmente, el porcentaje de jóvenes argentinos que completan su graduación terciaria es muy bajo, ya que apenas llega al 18%. Esto quiere decir que la graduación terciaria en Chile es nada menos que un 67% superior a la nuestra, mientras que las correspondientes a México, Colombia y Costa Rica son 55% mayores.
Este mapa global de la evolución de la graduación universitaria constituye un serio alerta, ya que estamos en presencia de un sostenido proceso de transformación global de las estructuras de producción de bienes y servicios, que destruye cada vez más empleos no calificados y eleva la demanda de recursos laborales de alta preparación.

Esto significa que el nivel educativo de un país es esencial para determinar el ritmo de crecimiento del futuro nivel de vida de su población. Las naciones están dejando atrás una época en que la producción de bienes y la acumulación de capital estaban basadas en los recursos naturales. El nuevo capital es el humano. Por esta razón, cada día que pasa es más importante la universidad y el nivel educativo de los estudiantes secundarios que acceden a ella.

Por la crisis, hay más alumnos de universidades privadas que se pasan a la UBA

Comencemos, entonces, por reconocer que la Argentina tiene pocos graduados universitarios y que nuestra matrícula universitaria apunta más al siglo XIX que al XXI. Debemos asumir nuestra realidad y dejar de ser indiferentes a las serias limitaciones de nuestro sistema educativo, particularmente en el nivel superior universitario. Es hora de iniciar un sendero de fortalecimiento y expansión de la educación superior, con una nueva agenda que apunte a elevar no sólo la cantidad sino también la calidad en la preparación de los nuevos graduados.

Nuestra universidad enfrenta tres desafíos: calidad, deserción e inclusión social. Nos estamos quedando rezagados en América latina, ya que Brasil, Chile, Colombia y México vienen avanzando en su graduación universitaria a un ritmo superior al nuestro. Si tenemos en cuenta el tamaño de las poblaciones, matriculamos más estudiantes universitarios que esos países. Sin embargo, tenemos menos graduados.

Este rezago se acentuó en los últimos años. Por ejemplo, Brasil incrementó en el período 2003-2016 su graduación más del doble que nosotros. Esta diferencia en el avance en la graduación nos está diciendo que nuestro ritmo de acumulación de capital humano calificado es insuficiente. Incide negativamente que nuestra deserción universitaria sea muy alta, muy superior a la de Chile, México, Brasil y México, donde más de la mitad de los ingresantes concluyen su carrera universitaria, mientras que entre nosotros apenas la terminan tres de cada diez.

Un debate necesario sobre las universidades en el Conurbano

Nuestra elevada deserción está vinculada a que, después de un año de haber estado en la universidad estatal, 51 de cada 100 alumnos no aprobaron más de una sola materia, mientras en las privadas esta cifra corresponde a 31 de cada 100 alumnos.

Nuestro sistema universitario es uno de los pocos del mundo que carece de una transición ordenada desde el ciclo secundario al universitario, ya que la gran mayoría de las naciones implementan exámenes estatales de evaluación de conocimientos al finalizar el ciclo secundario. En Francia, este examen fue establecido por Napoleón. En China, Cuba y Vietnam, donde gobierna el Partido Comunista, se aplican estos exámenes. Lo mismo ocurre en Ecuador, México, Costa Rica, Colombia, Nicaragua, Chile Japón, Corea del Sur, Siria, Rusia y en muchas otras naciones asiáticas y africanas.

En la Argentina, la Ley 27204 estableció el “ingreso irrestricto”. Lo que ocurre en realidad es que no hay mayor restricción que la falta de estímulos a la dedicación al estudio en la propia escuela secundaria. En nuestro país no hay restricción pero sí una amplia deserción. Pero los jóvenes no son los responsables, ya que los adultos definen la política educativa.

A 50 años de la reforma que cambió el mapa universitario

La ausencia de este tipo de exámenes generales al finalizar el secundario es una clara desventaja para nuestros alumnos, ya que deteriora el proceso de estudio en este nivel. Es común escuchar a nuestros profesores universitarios de primer año destacar las grandes deficiencias en la preparación de los estudiantes secundarios y la elevada deserción.

Si seguimos como hasta ahora, continuaremos comprometiendo aún más el futuro de nuestros adolescentes. En este siglo XXI, una nación no puede asegurar su crecimiento económico y desarrollo tecnológico sin una significativa graduación universitaria.

* Director del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la UB


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