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OPINIóN / Crisis en Venezuela
viernes 25 enero, 2019

Venezuela: ¿Un casillero más en el tablero de ajedrez geopolítico mundial?

Venezuela: ¿Un casillero más en el tablero de ajedrez geopolítico mundial?

Andrés Serbin y Andrei Serbin Pont

Xi Jinping, Maduro y Putin Foto: Cedoc

Venezuela vive una situación inédita: por primera vez se alinean las posiciones de una gran parte de la comunidad internacional y particularmente de la comunidad hemisférica con las iniciativas de la oposición. La proclamación de Juan Guiadó como presidente interino a cargo de una transición democrática que lleve a elecciones libres y transparentes rechazando la usurpación ilegal de la presidencia por parte de Nicolás Maduro, se alinea con la reacción de pleno apoyo por parte de 12 de los miembros del Grupo de Lima, los EEUU, y algunos países europeos como Suiza y Dinamarca.

La alineación internacional refleja, sin embargo, un cuadro complejo del ajedrez mundial en un momento de transición del sistema internacional. Los países que reconocen y respaldan a Guaidó se identifican principalmente con las democracias liberales del mundo y con los principios tanto del derecho internacional como del Estado de derecho y la defensa de los derechos humanos. Como contrapartida el apoyo que mantiene Maduro a nivel internacional refleja principalmente los intereses de países autoritarios y de rasgos predominantemente iliberales, como Rusia, China, y Turquía, y en el ámbito regional, Bolivia, Nicaragua y Cuba.

Más allá de que esta polarización en el ámbito hemisférico ha cristalizado en la condena del régimen de Maduro y el reconocimiento de la presidencia de Guaidó por parte del secretario General de la OEA, fundamentalmente hace eco de la creciente polarización internacional. La crisis de Venezuela es un componente del gran juego estratégico que desarrollan en este momento dos polos que traen reminiscencias de la Guerra Fría: por un lado el polo liberal (aunque con matices como en el caso de Trump) y del mundo occidental y predominantemente atlanticista, y por otro, el surgimiento de un polo de la Gran Eurasia en torno a dos potencias claves como Rusia y China. Ambas naciones, junto a Turquía, no solo pertenecen al polo en formación (la Gran Eurasia) que desafía la hegemonía global estadounidense sino que además tienen claros intereses económicos y estratégicos en Venezuela.

De todos ellos, China fue el primer país que incursionó en Venezuela en búsqueda de los recursos petroleros financiando en un grado significativo al gobierno de Chávez y de Maduro, al punto que en la actualidad la deuda que Venezuela mantiene con China - según datos del Fondo Conjunto Chino-Venezolano - superan los 70.000 millones de dólares.

Qué dijeron Turquía, Uruguay, México y otros que países apoyan a Maduro

Recientemente, el involucramiento económico y comercial de China en este país ha tendido a decrecer por el incumplimiento del gobierno venezolano del pago de parte de esa deuda que desde 2014 representa la necesidad de enviar como compensación y amortización de la misma, 600.000 barriles diarios de petróleo. China también ha contribuido al fortalecimiento de las capacidades de control social del gobierno chavista por medio de su empresa ZTE que exportó el know-how y la tecnología necesaria para la creación e implementación del Carnet de la Patria impuesto por el gobierno bolivariano. A su vez, también se ha convertido en un importante proveedor de equipamientos militares, destacándose el suministro de los radares para el control del espacio aéreo, el reequipamiento de la Infantería de Marina, y la provisión de aeronaves de entrenamiento y ataque ligero.

Según datos del Grupo Eurasia proporcionados a The Economist, el dinero de China no ha dejado de fluir hacia Venezuela, pero el Banco de Desarrollo de China (órgano que ejecuta los desembolsos) se ha vuelto más cauto en el otorgamiento de prestamos a Venezuela, incluso antes de la caída del precio del petróleo, en tanto evaluó que tenia un alto grado de sobreexposición.

Por su parte, Rusia ha ido reforzando su alianza con el gobierno venezolano en los últimos 15 años tanto por sus intereses en los recursos naturales venezolanos, en su explotación y comercialización petrolera aportando su experticia técnica, como también sus ambiciones geopolíticas de mayor proyección en el resto de la región. Según Reuters, desde 2006 Venezuela recibió de Rusia y su petrolera Rosneft préstamos y líneas de crédito por 17.000 millones de dólares que sin embargo podrían ser parte de una hipoteca mucho mayor. En 2016 Rosneft obtuvo un derecho de retención de participación de 49,99% en CITGO, la filial de PDVSA en EEUU, como garantía de un préstamo de 1.500 millones de dólares, lo que causó la preocupación de las autoridades estadounidenses.

En 2017, dos sentencias (155 y 156) del Tribunal Supremo de Justicia designado por Maduro, anularon las competencias legislativas de la Asamblea Nacional (incluyendo la cancelación de su capacidad de intervenir en la aprobación o rechazo de la creación de empresas mixtas en el sector petrolero) en el contexto de una negociación con la Federación Rusa para la formación de empresas mixtas entre PDVSA y Rosneft para la explotación petrolera en Venezuela. Finalmente, las sentencias y su posterior enmienda desviaron la atención del debate en torno a las empresas mixtas y pusieron el foco en la supresión de la división de poderes y la imposición de las decisiones del Poder Ejecutivo, un logro para el sustento financiero del régimen y la consolidación de su relación con Rusia (dando lugar a la constitución de 7 empresas mixtas en el sector energético y ampliando la capacidad rusa de comercialización de crudo venezolano).

La crisis actual que vive la industria petrolera venezolana ha dificultado su capacidad de cumplir con los pagos establecidos a Rusia dado que casi todos ellos se están realizando en remesas de petróleo. Por otra parte, cabe destacar que desde el 2006 Rusia se convirtió en el principal proveedor de armamento de Venezuela, coyuntura en el que este país se consolidó como uno de los mayores compradores de equipamientos militares del mundo. Rusia no solo proveyó al gobierno de Chávez con moderno armamento ligero, misiles portátiles antiaéreos en cuantiosas cantidades, blindados, artillería, y avanzados aviones de combate, sino que también proporcionó a Venezuela de sistemas de defensa antiaérea (S-300VM) que hasta recientemente ha evitado proveerle a aliados cercanos como el régimen de Assad.

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En diciembre de 2018, bombarderos nucleares rusos Tu-160 visitaron Venezuela por tercera vez, y Rusia reafirmo su interés por establecer en el futuro una base militar en la Isla de la Orchila. En 2013, durante una segunda visita de los bombarderos, se dio un incidente militar importante con Colombia, cuando los Tu-160 sobrevolaron espacio aéreo colombiano sin permiso, proveyendo a Rusia y Venezuela de importante inteligencia sobre la (falta) de capacidad de reacción de la Fuerza Aérea Colombiana. En este marco no es casual la conversación telefónica sostenida durante esta semana en la cual Putin ha reiterado su pleno apoyo al régimen de Maduro.

Turquía - que rechaza las sanciones estadounidense al régimen de Maduro y reafirma su apoyo al presidente bolivariano - ha sido un actor que ha mostrado creciente interés y participación en Venezuela. El intercambio comercial entre los dos países llegaría este año a los 800 millones de dólares, en el marco además, de una asociación que permite a Turquía avanzar en la explotación directa del oro en el Arco Minero del Orinoco, como así también de diamantes y de coltán.

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En días recientes, medios turcos afirmaron que el gobierno venezolano planea refinar toneladas de oro en la ciudad de Corum y que ha enviado una delegación para evaluar las instalaciones de refinación del metal precioso y llevar a cabo negociaciones al respecto. En 2017 Ankara y Caracas firmaron un acuerdo para la provisión de petróleo y combustible a Turquía, así como el compromiso de este país de establecer “un mecanismo de intercambio para el suministro en términos favorables de infraestructura, medicinas, alimentos y otras necesidades de la República Bolivariana de Venezuela”. Posteriormente se llegó a la extracción y entrega de oro venezolano a Turquía como garantía de pagos y Venezuela creó en 2018 una empresa mixta con Turquía para la explotación del metal y de carbón.

En julio de 2018, Maduro asistió a la toma de posesión de Erdogan, quien en mayo había confirmado que Turquía estaba enviando 300 contenedores con alimentos y medicinas para Venezuela, como parte de un nuevo capítulo de cooperación “para ayudar al pueblo venezolano”. En materia militar, en los últimos dos años Turquía se ha mostrado muy proactiva, enviando delegaciones a Venezuela y recibiendo a oficiales y al ministro de defensa venezolano Vladimir Padrino López en torno a agendas orientadas a avanzar la vía de la cooperación militar bilateral.

En este contexto la presencia estratégica de Rusia, China y Turquía, y su apoyo a Maduro como un aliado privilegiado, no son un elemento casual de decisiones coyunturales y constituyen una movida importante en el tablero de ajedrez geopolítico internacional por parte de aquellas potencias que cuestionan el sistema liberal internacional y la hegemonía norteamericana no solo a nivel global sino también a nivel hemisférico. Sin embargo, en el plano internacional la crisis venezolana abre la posibilidad tanto de una potencial reafirmación de la capacidad estadounidense de prevalecer en su zona de influencia - que algunos analistas rusos califican de Gran América - como también, por parte del polo euroasiático, de avanzar un casillero en el hemisferio occidental en el marco de una de una creciente repolarización del sistema internacional.


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