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OPINIóN / Crisis económica
martes 1 octubre, 2019

La falta de dolares y cómo remediarla

El FMI no le otorgó al Gobierno los 5400 millones de dólares que le imploró para que la economía argentina no estalle, producto de sus políticas.

por Eduardo Conesa

Falta de dólares en Argentina. Foto: gc1366 / Pixabay.
martes 1 octubre, 2019

Mauricio Macri, su ministro Hernán Lacunza y su presidente del Banco Central, Guido Sandleris viajaron a Estados Unidos para implorar que el Fondo Monetario Internacional nos gire 5400 millones de dólares para que la economía argentina no estalle ante la escasez de dólares. La gestión probablemente fracasó porque el FMI, en vista de los resultados de las PASO del 11 de agosto, considera que el próximo presidente será Alberto Fernández y que Macri es un mero lame duck, es decir un pato rengo.

Sin embargo, la escasez de dólares fue y es provocada por la mismísima política económica de nuestro gobierno.  En efecto, el propósito declarado y central de las autoridades actuales es anclar la suba del dólar en menos de 60 pesos por unidad, en la creencia de que ello permitirá al gobierno ganar las elecciones, o al menos hacer un papel decoroso en ellas. El problema es que toda devaluación desordenada y sin un superávit fiscal planificado, como la que se produjo después del 11 de agosto de 45 a 60 pesos por dólar, pasa inexorablemente a precios. Por lo tanto, provocará más inflación y para defenderse de ella, el público argentino demandará más y más dólares y por ende se provocará más y más escasez de ellos.

Para evitar el passthrough inflacionario se necesitaría una devaluación técnicamente bien hecha acompañada de un fuerte superávit fiscal con derechos de exportación del 20% a las materias primas agropecuarias y minerales. Con un PBI en dólares reducido a 250 mil millones por efecto de la misma devaluación bien planeada, el derecho de exportación mencionado daría una recaudación del 6% del PBI. Lo suficiente como para empezar a cubrir el déficit fiscal y generar alguna confianza en la estabilidad,en la previsibilidad y en la racionalidad de nuestra economía. Pero esto no basta, dada nuestra historia de 80 años de inflación. 

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Además, para proteger los ahorros del público contra la inflación habría que indexar los depósitos a plazo fijo con el índice de precios al consumidor, como ocurre en el sistema monetario chileno. El público chileno no compra dólares porque no le conviene. El público argentino tampoco es tonto: sabría que el dólar mismo sufre una inflación anual del 2%y que si le otorgamos además un 2% de interés real sobre los plazos fijos bancarios indexados en pesos con el IPC, le ganaría al dólar por cuatro a cero. 

Pero no basta con la devaluación compensada con los derechos de exportación y los plazos fijos indexados en pesos. Para que las empresas inviertan y piensen seriamente en invertir para exportar con criterio de largo plazo, es necesario indexar el mismo tipo de cambio con el IPC, sin restarle la inflación estadounidense, como lo hizo Brasil desde 1964 hasta 1984. Lo importante para hacer que nuestra economía crezca y deje de ser una ruleta rusa y  paraíso de la especulación financiera, es estabilizar tanto el tipo de cambio como la tasa de interés en términos reales, no en términos nominales. Además, el tipo de cambio real debe ser alto para exportar y la tasa de interés real baja para promover la inversión, el empleo y la actividad económica. Todo al revés del “economicidio” que han practicado por Nicolás Dujovne, Lacunza y Sandleris.

La actividad económica y el empleo están en estado cadavérico por culpa de las altas tasas de interés de las LELIQ, del orden del 80% anual. Por lo tanto, una PyME tiene que pagar tasas de interés superiores al 100% anual y obtener dinero para pagar los sueldos. Es urgente reducir las tasas de interés de toda la economía. Es también vital evitar que con el billón de pesos en LELIQ que el Banco Central les debe a los bancos, éstos tomen los pesos y los dediquen a comprar dólares. Para ello, el gobierno debería rescatar las LELIQ por medio de bonos a 10 años de plazo en pesos indexados al 2% anual.

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Después del operativo rescate, el Banco Central debería fomentar una expansión abundante del crédito bancario dirigido e indexado a bajas tasas de interés reales para incentivar la producción por medio de redescuentos y rebajas de encajes bancarios. El crédito bancario abundante a la producción tendrá un efecto reactivador formidable sobre el empleo y la economía toda. Ello está probado econométricamente. El país está sufriendo una hiper recesión porque no hay crédito bancario a la industria, al comercio y al agro debido a que los bancos, en lugar de prestar a las empresas productivas, le están prestando al Banco Central: en la villa de Beodez van las cosas al revés, el ratón corre al gato y el ladrón condena juez.

Todas las medidas anteriores podrían tomarse en un santiamén mediante decretos de necesidad y urgencia, y son solamente las medidas iniciales de un plan económico integral para el desarrollo argentino. Pero haría falta también una medida sancionada por ley del Congreso con la finalidad de estimular la repatriación de los más de 300 mil millones de dólares que los argentinos tienen ahorrados en bancos del exterior, o en sus cajas fuertes. Todo eso para que esos dólares se conviertan a pesos. Y que los dólares pasen a engrosar las alicaídas arcas del Banco Central. Y que esos pesos se depositen en los bancos del país en plazos fijos indexados,o en la adquisición de acciones que coticen en las bolsas de comercio del país, con la condición, en ambos casos, de pagar un impuesto del 1%. En el primer año vendrían solamente unos diez mil millones de dólares, pero en el segundo y tercer años esa cifra se multiplicará, aunque una parte de los dólares permanecerá siempre en el exterior por razones de diversificación de cartera. Los capitales del narcotráfico y la corrupción deben quedar excluidos del beneficio de la repatriación.

Por supuesto, un plan económico completo requeriría otras medidas adicionales, muchas de ellas destinadas a fomentar y ensalzar al trabajo, el factor originario de la producción, otras a blanquear la economía negra. Otras a rebajar impuestos y otras más a hacer que el sistema fiscal sea mas productivista y progresivo. Otras a mejorar la infraestructura de transporte para consolidar la unión nacional.


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