martes 24 de mayo de 2022
OPINIóN
28-04-2022 07:00

La Cultura es de todos y todas

Promover y financiar nuestra cultura es también desplegar nuestra soberanía, dinamizar la creatividad de nuestra gente, exportar arte y atraer más turismo.

28-04-2022 07:00

La gran mayoría de argentinos y argentinas compartimos que nuestra identidad, además de los símbolos patrios, dispone de costumbres, manifestaciones artísticas y prácticas culturales en la que nos gusta reconocernos y que nos reconozcan.

Eso, en tiempos de medios masivos, redes sociales y plataformas digitales, también se ve reflejado en una economía muy especial: la de las industrias culturales y la economía del conocimiento.

Recordamos y valoramos la tonada y las expresiones de los personajes nuestros, y disfrutamos los cruces de músicos, danzas, actuaciones en representaciones en múltiples pantallas y escenarios… si eso es posible.

La cultura nos puede salvar

Y ha venido siendo posible porque nuestro país mantuvo una política de Estado durante décadas, de fomento de las industrias culturales, con recursos específicos para promover el cine, las series, los recitales y las obras teatrales. Hoy tenemos urgencias económicas, pero eso no debe hacernos perder de vista que las actividades culturales, además del valor simbólico, generan empleo, y hasta hace menos de una década, también generaban divisas porque exportábamos mucha producción nacional de bienes culturales.

Promover y financiar nuestra cultura es también desplegar nuestra soberanía, dinamizar la creatividad de nuestra gente, exportar arte y atraer más turismo.

“Nuestro patrimonio cultural es maravilloso”

En Argentina, el quiebre de las políticas de fomento ocurrió durante el Gobierno de Mauricio Macri. A fines de 2017, en medio de las discusiones del Pacto Fiscal y Reforma Jubilatoria, con trámite exprés y un criterio fiscal ortodoxo, pusieron fin a Las Asignaciones Específicas para diciembre de este año para el giro automático de fondos a las industrias culturales.

Fue una decisión en línea con  el recorte a la compra de libros que realizaba anualmente la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), el achicamiento de programas como la red Puntos de Cultura, el concurso Vamos las Bandas, los canales Encuentro y Paka Paka, etc. El sector editorial, el cine, el teatro, la música y la danza se vieron afectados por el cierre de programas, la desfinanciación de proyectos y la subejecución de presupuestos.

Los presupuestos culturales del orden constitucional

Tras la pandemia, no es muy difícil reconocer que las industrias culturales necesitan más que nunca el apoyo del Estado Nacional. El aporte público y privado a dichas industrias tiene un efecto multiplicador inmediato: el dinero aportado en ese campo hace que se extiendan las expectativas a las economías locales.

Pensemos en cuántas producciones no habrían sido posibles sin estos fondos por los que hoy estamos luchando. Por ejemplo, en la aclamada película “Esperando la carroza” (1985), “La historia oficial” (1985) o “El secreto de sus ojos” (2009) por mencionar sólo algunas de las producciones que además llevaron a artistas argentinos a ser premiados y aclamados en otros países.

O imaginemos que las bibliotecas populares ya no pudieran seguir funcionando, principalmente en localidades alejadas de los grandes centros urbanos. Allí asisten muchos niños, niñas y adolescentes no sólo para utilizar sus libros sino también para contar con acceso a internet y hacer la tarea, encontrar material audiovisual e incluso contar con apoyo escolar a cargo de profesionales o docentes que utilizan las instalaciones de las bibliotecas.

Salvemos a la “cultura”

La iniciativa que presenté en la Cámara de Diputados y otras similares, buscan precisamente garantizar los programas de fomento del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, el Instituto Nacional de la Música, el Instituto Nacional del Teatro, las bibliotecas populares mediante la CONABIP, las producciones del Sistema Nacional de Medios Públicos, el ENACOM y el Fondo FOMECA para medios comunitarios, así como el funcionamiento de la Defensoría del Público de los Servicios de Comunicación Audiovisual.

Necesitamos restablecer el trabajo parlamentario para que podamos tratar estas iniciativas que logren sostener estos recursos que llegan a todos los territorios provinciales a través de esos institutos, y que promueven -además- proyectos de PyMes y miles de artistas y artesanos locales.

Necesitamos seguir reuniendo apoyo a esta causa desde múltiples espacios. Si bien el proyecto ya cuenta con el acompañamiento de un variado conjunto de fuerzas políticas, se trata de una cuestión en la que no puede haber grieta. Defender los miles de puestos de trabajo que estos sectores generan y proteger nuestra soberanía cultural es una tarea que nos debemos todas y todos como sociedad.

¡Digamos SI! a la soberanía cultural!

 

* Pablo Carro. Diputado nacional.

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