viernes 27 de mayo de 2022
OPINIóN
11-05-2022 16:03

Vínculos tóxicos: el costo en la salud mental

Haciendo un paralelismo con el efecto de los pesticidas en el cuerpo, en el campo psicoemocional sucede algo similar, hay personas que son sumamente tóxicas y que en su presencia puede quedar afectada nuestra salud mental.

11-05-2022 16:03

Según el diccionario, tóxico es aquello que es venenoso, que puede causar trastornos o la muerte, como consecuencia de las lesiones debidas a un efecto químico.

La mayoría de los alimentos que consumimos son creados o alterados en laboratorios, y fumigados con químicos altamente tóxicos. Como se puede ver, y sufrir, en el maravilloso libro fotográfico de Pablo Piovano, El costo humano de los agrotóxicos, hay pesticidas, como el glifosato, que en cantidad y cercanía afectan la salud de la población, pero por sobre todo la de los trabajadores rurales, generándoles alteraciones físicas como cáncer, abortos espontáneos y malformaciones; y aun así se sigue fumigando, a pasar de los costos.

Somos unidad psicofísica y espiritual, cuando se afecta un aspecto, sea lo biológico o lo mental, se altera todo nuestro ser. Haciendo un paralelismo con el efecto de los pesticidas en el cuerpo, en el campo psicoemocional sucede algo similar, hay personas que son sumamente tóxicas y que en su presencia puede quedar afectada nuestra salud mental.

Progenitores tóxicos

Para advertir si estamos ante un vínculo tóxico tenemos que detectar la presencia de ese veneno esparcido en las palabras y en las acciones que operen en contra de la vida armoniosa y de la libertad de ser. Tenemos que preguntarnos si ante esa persona nos sentimos fluidos, o nos ponemos tensos y no podemos ser nosotros mismos. Todo condicionamiento es lo opuesto al amor, es una de las formas de la violencia.

Las personas tóxicas despliegan manifestaciones destructivas y sostenidas en el tiempo. Suelen ser rígidas, obsesivas, manipuladoras, tienen escasa tolerancia a la frustración y no soportan los desacuerdos. Nunca contemplarán el deseo de los demás, salvo que opere a su favor. Ante un vínculo tóxico, es imposible estar relajado, no se disfruta plenamente de nada y se vive en estado de alerta y de tensión permanente, se mide lo que se va a decir y hacer, no hay fluidez porque existe el temor de que el otro se altere.

 

Vínculos tóxicos 20220511
Vínculos tóxicos: todo condicionamiento es lo opuesto al amor, es una de las formas de la violencia.

 

Siguiendo con la metáfora del veneno, hay algunos vínculos que terminan siendo letales, los femicidios, lamentablemente, confirman esa letalidad cada día; pero hay otros en los que, tratados a tiempo, pueden eliminarse esas toxicidades, aunque algunas veces queden algunos residuos. Un síntoma no necesariamente conlleva hacia una enfermedad, es un aviso, como la fiebre, de algo que debe ser tratado para evitar un mal mayor. Los daños psicofísicos de una relación tóxica pueden ser transitorios o permanentes. Por eso es fundamental la prevención y la detección temprana de todo signo tóxico para que no se contamine nuestra salud mental y evitar así que la toxicidad se intensifique.

Las amistades tóxicas, como las parejas y otros vínculos enfermos, suelen expresar celos, enojos, generar culpa, manipular y condicionar cualquier acción que sea por fuera de su campo de supervisión. Al tratarse de personas inseguras, cuando pierden el control de la situación, se desesperan, y por cualquier medio, incluso apelando a la violencia física, buscarán ordenar el vínculo acorde a su ley, a su capricho, sin contemplar las necesidades ni los deseos del otro.

 

Las personas tóxicas despliegan manifestaciones destructivas y sostenidas en el tiempo.

 

¿Y por qué cuesta tanto salir de un vínculo tóxico? Porque las víctimas suelen ser personas vulnerables, inseguras, que quieren creer, confiar, que sostienen cierta esperanza, o incluso que se mienten para seguir, para darle o darse otra oportunidad, por miedo a estar solos/solas; pero por sobre todas las cosas, por lo que pueda suceder en el futuro, porque la violencia genera miedo y suele paralizar. Una persona tóxica contamina la salud mental de quien interactúa con ella y que por ese motivo suele quedar atrapada en el vínculo enfermo, dentro de un circuito vicioso que se inicia con el maltrato, seguido del pedido de perdón, insistencia marcada por la manipulación y por falsas promesas de cambio. Hasta que vuelve la calma. Pero cuando alguna situación escapa de su control, regresan los maltratos y se reinicia el circuito tóxico.

Hay vínculos nuevos, más simples, amistades superficiales con las que puede tomarse distancia y salir lo más indemne posible. Pero cuanto más intenso es el vínculo con una persona, por ejemplo con un amigo o amiga de muchos años, con una pareja establecida, un jefe, una madre, un padre, es mucho más difícil correrse, salir de ese circuito tóxico y violento. Cuanto más toxicidad y cercanía, mayores secuelas. Cuanto más afecto, más nos afecta.

Relaciones tóxicas

¿Qué hacer si se detecta algún signo de toxicidad? Se recomienda abrir el diálogo, ponerle palabras a los síntomas y malestares, invitar a la reflexión, y si eso no resultara suficiente para generar el cambio necesario, para desarticular lo que daña y la persona no modifica sus actitudes negativas, sugerirle consultar con un profesional, un psicólogo o psicóloga con quien pueda revisar esos aspectos perturbados de su personalidad. Las acciones nocivas suelen tener sus raíces en el inconsciente, producto de vivencias infantiles, de traumas emocionales no resueltos fabricados en contextos familiares y sociales adversos. A su vez, siempre es importante hablar con alguien por fuera del vínculo tóxico, contar lo sentido y lo sufrido; el silencio es cómplice del incremento de lo patológico.

Todo ser humano tiene sus propias toxinas con las que debe lidiar, producto de los imperativos culturales, de la época, de las experiencias sociofamiliares y del mismo roce del vivir. Siempre tendremos algún veneno a mano, lo importante es detectarlo a tiempo y hacer lo posible para dejar atrás todo vínculo o situación que nos hagan mal. Correrse, soltar, antes de que sea imposible desintoxicarse y quede dañada la salud por siempre.