Cuando el 28 de febrero el presidente Donald Trump ordenó atacar Irán en coordinación con Israel lo hizo seguro de iniciar un conflicto muy corto y de resultados históricos. Sólo acertó en lo segundo, y en un sentido muy negativo para sus propios intereses y el de muchos países ni siquiera involucrados.
En gran medida ha sido así porque, a diferencia de la “crisis del petróleo” de 1973, la brusca interrupción del flujo del crudo y del gas proveniente del Golfo Pérsico se da en un mundo ahora globalizado y definido por la geoeconomía: el uso intenso de mecanismos económicos con fines estrictamente políticos y geopolíticos.
Así como Trump impuso aranceles comerciales en 2025 para presionar a otros países, ahora Irán estrangula el Estrecho de Ormuz -por donde pasa un quinto del petróleo y el gas del mundo- para defenderse, pone al barril de crudo en 100 dólares, dispara los precios de fertilizantes y plásticos, y altera una cadena de producción global movida por combustibles fósiles. Ningún país saldrá inmune.
Esta crisis del petróleo equivale a la de 1973 y 1979 juntas, según la Agencia Internacional de Energía (AIE). Si la guerra terminara mañana, estabilizar el mercado tomaría meses y reconstruir las plantas dañadas en nueve países del Golfo Pérsico, años. Esta guerra es una lección de la geoeconomía que caracteriza este siglo (se analizo en detalle en Efecto Mariposa, libro de próxima publicación).
Del petrodólar al petroyuan
Un análisis del Deutsche Bank advirtió sobre un retroceso del dólar como moneda para comerciar petróleo en favor del yuan chino: sería el paso del “petrodólar” nacido en 1973, cuando Arabia Saudita fijó el precio de su crudo en dólares, al “petroyuan": el país le vende ahora cuatro veces más crudo a China que a EEUU.
La guerra con Irán provoca mayor crisis petrolera de la historia
Trump busca ahora una paz con Irán, presionado por votantes a los que atrajo con la consigna “No new wars” y por un electorado en general que ve subir los precios por el conflicto. Todo, a ocho meses de las elecciones de medio término que, si pierde, lo convertirán en un “pato rengo” sin control del Congreso hasta 2029.
El Golfo Pérsico no es más que el violento escenario del reinado global de la geoeconomía. Visto así, la reacción de Irán en el Estrecho de Ormuz resulta la otra cara de la moneda que enseñó EEUU con su cruzada arancelaria. Las consecuencias de esta nueva página del desorden mundial son globales, con ganadores y perdedores difíciles de determinar.