La originalísima serie de Apple TV llamada Pluribus (Vince Gilligan, 2025) toma su nombre de un escudo de los Estados Unidos de América creado hacia fines del silgo XVII cuya águila de alas desplegadas sostiene en su boca un lazo que reza “E pluribus unum”. Este adagio latino significa “a partir de muchos, uno”. El creador de este programa -que hace poco finalizó su primera temporada- es el mismo que el de Weeds, Breaking Bad y Better Call Saul, pero no se parece en nada a las anteriores, salvo en que está también muy bien contada y no podés dejar de verla.
La brevísima presentación del show tiene la palabra Pluribus en blanco sobre negro y la letra “i” aparece sustituida por el número “1”. Su diseño nos da idea del concepto central: la palabra Pluribus cuyo patrón de fondo es la huella digital de un pulgar se va desgranando, se va desintegrando mientras la música dice: I don’t know, I don’t know (no sé, no sé…)
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Los nueve capítulos nos muestran como en una especie de patchwork diversas situaciones distópicas, irónicas, tragicómicas, no siempre muy explícitamente conectadas. Solo un reloj nos ofrece un hilo, el del paso del tiempo a través de ellas. A pesar de esto, de modo creciente te va atrapando sin saber bien por qué. Sin spoilers, puedo decir, que al final de la primera temporada, tampoco lo supe. Pero no me importa tanto esto ahora, ya que el objetivo de este escrito es explicitar las ideas que contienen el manifiesto de Pluribus, su manifiesto en favor de la libertad individual -cuyos presupuestos y principios interpreto que son los que siguen a continuación.
La humanidad está en riesgo por su pensamiento débil y sus éticas débiles; por su falta de pensamiento crítico y por haber nivelado en su valía a animales y humanos. La amenaza no se ve como tal porque tiene la apariencia de placer o de utilidad, tiene la apariencia de personas complacidas y complacientes. El libre albedrio de cada individuo es una ilusión, ya que todos colaboran de buena voluntad en la llamada Unión, fruto del contagio, del querer pertenecer, de no quedar aislado, solo.
La única resistencia posible a esa masificación ordenada, organizada y eficiente es el descreimiento, la sospecha, el pensamiento crítico alerta, la búsqueda de explicaciones, la travesía hacia lo desconocido, lo insospechado y el coraje en las dificultades que surgen en esa búsqueda. Los que resisten son unos pocos, quieren mantener su individualidad, su libertad, su personalidad, su persona. Los que resisten no quieren ser ecos, ni bots, ni abejas laboriosas. Los que resisten están permanentemente enojados, tentados por la conformidad, pero queriendo salvar al mundo de Los Otros, revelarles cómo son, mientras los indagan. No hay iluminados en la serie, no hay verdad, nadie sabe nada, solo si se sienten bien o mal. Solo los resistentes -los personajes Carol Sturka y Manousos Oviedo- están en búsqueda, perseverando en la detección de indicios y señales que los conduzcan a entender - y quizás a destruir- a Los Otros.
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En Pluribus, Los Otros no constituyen una amenaza violenta como en la serie Lost (Abrams, Lindelof, 2004-2010) sino que son amenazas amables o útiles, aunque despersonalizadas, anónimas, sin historia ni memoria, como un yo colectivo omnisciente, como un Nosotros que vive en todos repitiendo lo mismo, como una inteligencia artificial colectiva que se alimenta de mentes humanas.
Los Otros son los alienados (del latín alius, otro), los que no son ellos mismos, los enajenados sonrientes que se pliegan por contagio a quienes detentan el control total de la población mundial, a la denominada Unión que los despoja de su identidad.
Los Otros no matan seres vivos, ni siquiera insectos, no mienten de modo infantil, pero se alimentan de almas humanas, son lava-cerebros, manipuladores y “mind-fuckers”. Son los traidores de la raza humana. ¿Quiénes son? I dont know, I dont know. Esperemos a la segunda temporada.
BGD CP