OPINIóN
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Una forma ignorada de cerrar las brechas sanitarias en África

Aunque las remesas de la diáspora africana han crecido de forma constante y constante, su potencial completo sigue sin explotar, ya que normalmente financian el consumo inmediato en lugar de agruparse para impulsar un cambio sistémico. Un nuevo modelo social aprovecharía mejor los mismos fondos, empezando por la sanidad.

nigeria
Ahmad Bello / Pixabay | CEDOC

WASHINGTON, DC – Cada año, millones de africanos caen en la pobreza simplemente por enfermarse. Un embarazo complicado, una infección de malaria o una cirugía inesperada pueden llevar a una familia al borde de la ruina, ya que muchos países
africanos sufren un déficit en la financiación de la salud.

Las razones de estas brechas son bien conocidas: una inversión insuficiente crónica, espacio fiscal limitado, mercados de seguros fragmentados y un sistema de desarrollo internacional más orientado a reaccionar ante las crisis que a prevenirlas. Aunque los líderes globales se han comprometido repetidamente con la cobertura sanitaria universal, demasiadas familias africanas siguen teniendo que pagar la atención médica de su bolsillo, lo que a menudo las lleva a situaciones de penuria económica o endeudamiento simplemente por solicitar atención sanitaria.

Pero hay otra historia que merece mayor atención. Los africanos ya financian una parte considerable de la protección social del continente, no a través de los presupuestos públicos o los fondos de donantes, sino a través de los extraordinarios aportes de la diáspora. En los últimos años, los africanos en el extranjero han enviado a sus países más de 100.000 millones de dólares en remesas, superando las sumas de la inversión extranjera directa y la ayuda oficial al desarrollo juntas. Estas transferencias no son solo actos de amor y responsabilidad social. Son un motor económico subestimado y un salvavidas esencial para millones de hogares.

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No obstante, la dependencia de las remesas pone de relieve los fallos de las instituciones formales de África. A pesar de las mejoras en los resultados sanitarios de los últimos 20 años, los pagos directos siguen representando hasta el 40% del gasto sanitario total en muchos países africanos. Al mismo tiempo, las remesas han crecido de forma constante y consistente y, a diferencia de la ayuda, llegan directamente a los hogares, sin verse afectadas ni por la burocracia ni por la inestabilidad política. Sin embargo, el potencial de estos flujos sigue sin explotarse. Por lo general, llegan recién cuando una emergencia médica ha sumido a una familia en una crisis -cuando la factura se volvió incontrolable o cuando un ser querido ya está luchando por su vida-, en lugar de agruparse o estructurarse de manera que se construyan sistemas de salud sostenibles.

La solución consiste en idear una forma de convertir las transferencias de emergencia actuales en una herramienta de financiación sanitaria más duradera. Con ese fin, un grupo de trabajo compuesto por expertos destacados en financiación sanitaria, innovación en
seguros, participación de la diáspora y defensa global se reunió en el marco de la Iniciativa 17 Rooms para desarrollar lo que llamamos HealthBridge.

HealthBridge reimagina las remesas de África no como transferencias de emergencia, sino como una base para financiar una atención sanitaria proactiva. La idea es sencilla: crear un mecanismo que les permita a las comunidades de la diáspora canalizar voluntariamente una pequeña parte de sus remesas hacia un fondo común que financie los servicios sanitarios esenciales para sus familias y comunidades en sus países de origen.

En lugar de apresurarse a enviar dinero tras una crisis sanitaria, quienes integran la diáspora pueden garantizar que sus familias estén cubiertas antes de que se produzca una catástrofe.

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El modelo HealthBridge tiene cuatro componentes básicos. El primero son las contribuciones de remesas mancomunadas. Los miembros de la diáspora pueden optar por contribuir con una cantidad modesta de forma regular -por ejemplo, entre 10 y 20 dólares al mes- a un fondo de solidaridad regional, que a su vez podría ser igualado por empleadores, organizaciones filantrópicas o gobiernos. El segundo componente es el acceso prepago. Los beneficiarios designados en África (a menudo familiares) tendrían derecho a un paquete de servicios sanitarios esenciales, en particular para la atención urgente o de emergencia, que se prestaría a través de los sistemas públicos, los proveedores privados acreditados o las redes regionales.

El tercer componente es la portabilidad transfronteriza. Dado que las amenazas para la salud no respetan las fronteras nacionales, HealthBridge garantizaría una cobertura regional que seguiría a la persona, no al pasaporte. Esta condición es especialmente
importante para las familias que viven en regiones fronterizas, los migrantes y las comunidades afectadas por conflictos. El último elemento es la transparencia y la rendición de cuentas. Una nueva plataforma digital les permitiría a los contribuyentes realizar un seguimiento de los pagos, la prestación de servicios y los resultados, lo que generaría confianza y garantizaría que este modelo fortalezca los sistemas de salud existentes en lugar de fragmentarlos.

Nuestra propuesta se basa en innovaciones exitosas, como el modelo de seguro médico comunitario de Ruanda y la cartera de salud M-TIBA de Kenia. También refleja una simple verdad: los africanos de la diáspora ya están pagando por la atención médica, pero de formas que no fortalecen los sistemas de salud, no garantizan la rendición de cuentas ni generan resiliencia a largo plazo.

Los costos de no hacer nada son enormes. Con millones de hogares africanos que caen en la pobreza cada año como consecuencia de los gastos médicos, los gobiernos se ven a menudo obligados a reaccionar ante las crisis sin disponer de los recursos necesarios para responder de forma eficaz. HealthBridge podría ayudar a revertir esta dinámica ofreciendo una forma práctica para que las comunidades de la diáspora coinviertan en los sistemas de salud. Esto podría reducir los gastos sanitarios catastróficos; ampliar la financiación sanitaria previsible y prepaga; reforzar la demanda de servicios sanitarios de alta calidad y responsables; conectar los sistemas informales de apoyo con los mecanismos formales de financiación de la salud; y demostrar un nuevo modelo de financiación para el desarrollo liderado por los ciudadanos.

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Ahora bien, hacer realidad esta visión requerirá alianzas nuevas y más sólidas. Los gobiernos deben proporcionar los marcos normativos que permitan la financiación mancomunada y la cobertura transferible. Los bancos centrales y los organismos reguladores deben facilitar las contribuciones transfronterizas con un mínimo de dificultad. El sector privado, especialmente los proveedores de tecnología financiera y de salud, debe contribuir al diseño de plataformas intuitivas. Y es posible que los socios para el desarrollo necesiten reducir los riesgos en las primeras etapas con financiación y apoyo técnico. Y lo que es más importante, los africanos de la diáspora deben estar en el centro del proceso, no como donantes pasivos, sino como codiseñadores de un sistema que refleje sus aspiraciones.

HealthBridge no sería una solución milagrosa. Pero ofrecería una forma nueva y atractiva de aprovechar el poder de las remesas, no solo para la supervivencia, sino para el cambio sistémico. Nos invita a imaginar un futuro en el que las llamadas de emergencia en busca de ayuda no provoquen una espiral de catástrofes. Millones de personas ya no tendrán miedo de solicitar ayuda médica. Se les habrá dicho: “Ya lo tenemos cubierto”.

Los africanos ya están liderando, innovando e invirtiendo en su propio desarrollo. Lo que más necesitan son sistemas diseñados para amplificar su capacidad de acción. Este comentario se basa en las ideas generadas a través de la Iniciativa 17 Rooms, convocada por el Centro para el Desarrollo Sostenible de Brookings y la Fundación Rockefeller. Las opiniones expresadas aquí son las de las autoras y no reflejan necesariamente las de 17 Rooms, sus organizadores o financiadores.

(*) Ndidi Okonkwo Nwuneli es presidenta y CEO de ONE Campaign. Ekhosuehi Iyahen es secretaria general del Foro para el Desarrollo de los Seguros (IDF).

Project Syndicate