El respaldo explícito de la Cancillería argentina a la ofensiva estadounidense sobre Venezuela terminó exponiendo a Javier Milei a un desfasaje incómodo con Washington. Mientras Buenos Aires ratificaba su apoyo a la oposición venezolana para la transición y sostenía la narrativa del "narcoterrorismo", la Casa Blanca giró su estrategia, dejó de lado el discurso maximalista de campaña de Donald Trump y optó por una negociación pragmática con la cúpula chavista.
Mientras el mundo reaccionaba al ataque estadounidense en Caracas que derivó en la extracción de Nicolás Maduro, el 3 de enero la Cancillería argentina emitió un comunicado en el que reconoció a María Corina Machado y a Edmundo González Urrutia como "autoridades legítimas" de Venezuela. Ocurrió un mes después de que prefiriera la sobriedad ante los crecientes rumores sobre una intervención directa en Venezuela que tomaron otro calibre cuando el propio Presidente adelantó su apoyo a Washington en una entrevista el 30 de diciembre con CNN.
La definición formal del gobierno argentino buscó reforzar su perfil ideológico en política exterior y consolidar su sintonía con Donald Trump, pero quedó rápidamente desactualizada. Días después, el propio Trump desairó a Machado, a pesar de los esfuerzos de la dirigenta opositora que incluyeron desde una oferta para "cederle" su Premio Nobel de la Paz hasta una visita a la Casa Blanca. Fiel a su estilo disruptivo y personalista, el impredecible mandatario estadounidense en cambio habilitó contactos directos con el núcleo duro del dividido poder chavista, encabezado por Delcy Rodríguez, en una señal clara de que Washington priorizó la negociación antes que un quiebre del régimen que no solo controlaba una las mayores reservas de petróleo del mundo sino que se interponía en su nueva estrategia de seguridad nacional, conocida como Corolario Trump a la Doctrina Monroe.

Argentina desalineada con EE.UU.: cruce por el Cartel de los Soles
Ese giro dejó a Milei en offside. No solo por el cambio de interlocutores, sino también por la distancia entre el discurso político argentino y el encuadre judicial de la causa contra Maduro que empezó a tomar forma en Estados Unidos. El mismo día en que la Justicia estadounidense reformuló la imputación contra el presidente depuesto y eliminó la referencia a que presidía el supuesto "Cartel de los Soles" como organización criminal estructurada (según la versión de Trump durante la campaña), el embajador argentino ante la OEA, Carlos Cherniak, ratificó públicamente que Maduro era el jefe de ese entramado, al que la Argentina había definido como una organización terrorista internacional.
"La Argentina valora la decisión y determinación demostrada por el presidente de Estados Unidos y por su gobierno en las recientes acciones adoptadas en Venezuela, que derivaron en la captura del dictador Nicolás Maduro, también líder del Cartel de los Soles, que al igual que el Tren de Aragua, fue declarado en 2025 como organización terrorista por el gobierno argentino", indicó el pasado 6 de enero en la audiencia en Washington.
La contradicción no es menor. Mientras la designación política de un grupo como terrorista puede hacerse de manera unilateral, en sede judicial (en este caso los tribunales de Nueva York) los fiscales deben probar la existencia concreta de esa organización y la responsabilidad directa de los acusados. Ni la Evaluación Nacional de Amenaza de las Drogas de la DEA ni los informes de la ONU sobre narcotráfico mencionan al Cartel de los Soles como una estructura verificable. En tanto, la Fiscalía desestimó esa mención pero sostuvo la acusación contra el líder chavista por tráfico de drogas. Pero no hubo mención al carácter "terrorista" del grupo sino a un "sistema clientelista".
Javier Milei presentó sus redes oficiales en inglés: "Long live freedom, damn it!!"
Aun así, la acusación inicial permitió el alcance penal contra la cúpula chavista que le dio un marco "policial" al ataque en Caracas. Además, incorporó a la pareja de Maduro, Cilia Flores, y sumó cargos por narcoterrorismo y delitos vinculados a armas, lo que muestra una estrategia legal más acotada pero políticamente más sostenible para Washington.
En ese punto, el politólogo Andrés Malamud advirtió que la estrategia estadounidense buscó evitar el encuadre de una intervención militar clásica. "Estados Unidos encubrió su intervención: la disfrazó de judicial", explicó en el marco de un webinar del Grupo Cohen, al señalar que Washington presentó la operación como una acción policial bajo órdenes de un juez de Nueva York y no como una acción bélica que hubiera requerido aval del Congreso.
Esa diferencia entre el encuadre judicial elegido por Washington y la lectura política que hizo la Casa Rosada ayuda a explicar el desfasaje en el que quedó expuesto el gobierno argentino. Ante la consulta de PERFIL, Malamud destacó que la política exterior libertaria estuvo atravesada desde el inicio por una lógica ideológica, en función del interés del jefe de estado. "Milei nunca fue institucional en sus reuniones, sino ideológico", resumió. En tanto, señaló que el Presidente priorizó vínculos personales y afinidades políticas por sobre los canales formales del vínculo bilateral recordando, incluso, que cuando Joe Biden todavía era presidente, Milei viajaba a Estados Unidos para reunirse solamente con Donald Trump.

Cancillería tuitera, comercial y alineada a Casa Rosada
En paralelo, la política exterior argentina quedó marcada por el estilo de conducción de Pablo Quirno en la Cancillería. Con un perfil más técnico y financiero que diplomático, el exnúmero dos de Luis Caputo reforzó una comunicación dura y directa al estilo Milei, muchas veces a través de redes sociales, en sintonía con el clima político interno.
La salida del cónsul argentino en Siria por un "like" a una publicación sobre Israel, o el retuit a un usuario que llamó "enano comunista" al gobernador bonaerense Axel Kicillof tras sus críticas a Maduro son ejemplos del modo de comunicar del canciller que rompen con el estilo de uno de los aliados más fuertes del oficialismo libertario dentro del Palacio San Martín: el PRO. "Si bien las decisiones las toma solo el Presidente, hay algunos funcionarios que mantienen la línea histórica de la política exterior", sostuvo un dirigente del espacio de Mauricio Macri muy cercano a Cancillería que prefirió el off.
Por otro lado, la falta de nombramientos clave —como el cargo vicecanciller tras la salida de Eduardo Bustamante o el jefe de Gabinete— y la salida de Nahuel Sotelo de la Secretaría de Culto terminaron de configurar una Cancillería concentrada en acuerdos económicos, pero con flancos abiertos en el manejo político.

Washington negocia, Bruselas se acomoda y Buenos Aires acompaña
En paralelo, el reordenamiento global tampoco pasó inadvertido en Europa. Mientras Trump endurecía su retórica sobre Groenlandia y reafirmaba su lógica de esferas de influencia en el hemisferio occidental, la Unión Europea aceleró la firma del acuerdo Mercosur–UE como respuesta geopolítica a un escenario cada vez más transaccional y fragmentado.
El anuncio incomodó al propio Milei, que aún no confirmó si encabezará la delegación argentina en Asunción el próximo sábado 17 de enero, fecha de la firma del ambicioso entendimiento comercial demorado por 25 años, en un contexto en el que busca no quedar atrapado entre Estados Unidos, China y Rusia. El timing es de mínima incómodo frente al "triunfo" de la diplomacia multilateral del brasileño Lula da Silva y la presidenta de la Comisión Europea Ursula Von der Leyen frente a los signos de "imperialismo" del socio estratégico de Milei, en palabras del francés Emmanuel Macron.
Ese mismo día, Brasil dejó de custodiar la embajada argentina en Caracas, una decisión que funcionó como corolario del deterioro regional tras la ruptura de relaciones de Milei con el chavismo y que profundiza el interrogante sobre el paradero del gendarme argentino Nahuel Gallo, uno de los puntos donde el Gobierno mantiene un fuerte hermetismo.
En el nuevo tablero, Washington negocia y la Argentina libertaria acompaña, insistiendo con una línea discursiva que en ocasiones va a destiempo de la estrategia estadounidense. Y, de yapa, deja un escenario incierto de cara al costo del alineamiento total con Trump en función de la tradición diplomática argentina, marcada por la equidistancia de los grandes conflictos, una de las pocas políticas de estado sostenidas en el tiempo.
cp