OPINIóN
Liberales

Rothbard y el Estado: polémicas y reformas

Un pensador del Estado, como Murray Newton Rothbard, se empeñó en destruirlo por completo. Para él, “el único que produce es el individuo y el Estado sólo es el extractor o parásito que vive de esa producción”, resume el autor.

Murray Newton Rothbard 20260325
Murray Newton Rothbard. | wikipedia

Hace pocos días se recordó en los ambientes académicos y cercanos al pensamiento liberal argentino el nacimiento del pensador económico político Murray Newton Rothbard. Un pensador del Estado, paradójicamente, en tanto es su objeto de desarticulación y deconstrucción.

Para Rothbard, el Estado desempeña funciones importantes y hasta relevantes pero aplica una mirada implacable en donde responde que ninguna de ellas le es propia, le es legítima y moral, ni es el único que puede realizarla y menos que sea eficiente ni razonable en sus áreas. Por esto, entiende que el Estado sólo ha llegado a nuestros días a la fuerza de tradiciones, costumbres, y el ejercicio de la violencia. Nada que realmente nos asegure el respeto de los derechos individuales ni la propiedad a costo de perderla.

Por esto, como pocos, hace foco crítico en el poder y el Estado. Es de los más politólogos entre los economistas libertarios, anarco liberales, austríacos y críticos al Estado mínimo bajo cualquiera de sus formas o perspectivas pensables a la fecha.

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Históricamente hablando, ni el acto de votar, contratar, o negociar con el Estado vuelve legítimo y legal al gobierno y su funcionariado y objetivos. Es más, estos últimos tienen más incentivos a ampliar su poder de coacción, regulación de la cultura, expresión e imprenta, moneda, incentivos, habilitaciones comerciales y sistema recaudatorio, sin escapatoria alguna, salvo nuestra propia pérdida de libertad.

Es esto lo que explica por qué para Rothbard los impuestos son un robo para la corona. Frase que nos resuena por la historia política reciente. Y si son un robo, los ladrones se disfrazan de autoridad, los intelectuales, actores del sistema educativo, actores de los medios de comunicación y la opinión pública funcionan en cohesión en pos de sostener al stablishment (corporaciones empresariales y sindicatos) así la legitimidad sostiene a la minoría gobernante que se enarbola en nobles causas mayoritarias así nada cambia y administra la movilidad social y opaca la crítica en la prensa.

El Estado sólo ha llegado a nuestros días a la fuerza de tradiciones, costumbres, y el ejercicio de la violencia; nada que nos asegure el respeto de los derechos individuales ni la propiedad"

Esta línea argumental sostiene claramente que en una sociedad libre el Estado (expandido) actual debería dejar de existir como tal y debe ser rediseñado. Todo puede ser producido en el ámbito social con competencia o cooperación, a mejor costo y menor riesgo, y con la confianza y moralidad imperante como guías claras de lo que es eficiente, útil y necesario para cada persona y sus activos resultantes de su capacidad y producción real.

Incluso, normas y procedimientos son resultantes de personas, clubes, agrupaciones, agencias privadas, el mercado e intercambios, contratos de bienes, servicios y aspiraciones, nada que tuviera genética reconocible en el Estado sino más bien una apropiación y recepción de estos hechos sociales para volverse el sstablishment político monopólico y excluyente en los últimos siglos en esta actividad reconocida como de última decisión o de carácter política para influir y determinar a la dimensión social.

Instrumenta y ordena la sociedad con aparente libertad pero conforma fuerzas para la guerra, el control interno y la disuasión"

Queda explicitado entonces que el único que produce es el individuo y el Estado sólo es el extractor o valorado como parásito que vive de esa producción. No hay lugar para pensar en grises en este sentido para Rothbard. Es más, si se viera en peligro esta lógica el gobierno produciría conflictos e imposiciones implícitas o explícitas para no perder este rol preponderante. Aquí deja entrever la veta de análisis crítico maquiavélico sobre cómo funciona la casta para no perder privilegios. Por esto, instrumenta y ordena la sociedad con aparente libertad pero conforma fuerzas para la guerra, el control interno y la disuasión lo cual lo vuelve inmoral y criminal. Y el Estado así mantiene finalmente la exclusividad de legalizar su accionar de poder para que lo anterior sea preferentemente imputable al individuo o institución privada crítica o desobediente.

Incluso, entiende que siempre aspira la administración estatal a regular la moral y ética y de este modo volver repudiable o discutible para que el individuo que no puede aspirar siquiera a una justicia que se debe al gobierno que lo sostiene constitucional y presupuestariamente desde su designación vitalicia. Así, cierra el círculo estatista que denuncia Rothbard en cada obra sobre el Estado y su función de dominación.

Entender a este autor, es entender la lógica de muchas reformas y modernizaciones que se plantean en políticas públicas en el nivel federal. Es una época de reformas y modernizaciones que vienen a dejar en evidencia lo anterior, lo sectario, lo conservador de grupos que luchan por no poder cuotas de poder institucional no habiendo sido objeto de control o auditoría real de la ciudadanía.

Los cambios profundos, los exabruptos de empresarios, los acuerdos sectoriales para sobrevivir entendiendo que la IA les tiene el tiempo contado para muchas actividades, y la demostración de que el Estado que sirve es el único Estado que sobrevive al cambio en las demandas sociales son las imágenes de este final de década. No fue magia, es modernización dirían ahora. Lo cierto es que, sólo conociendo las nuevas bases se podrá prever la racionalidad de muchos actores relevantes en la política actual.

Rothbard es polémico, pero no deja de ser parte del relato y la actualidad en muchos debates tras bambalinas y algunos discursos presidenciales.