OPINIóN
Análisis

Abuso Sexual Infantil: la importancia de la formación psicológica para la atención temprana

El incesto paterno filial, violación del tabú primordial, es el caso que reviste mayor gravedad debido a las consecuencias devastadoras que provoca sobre todos los aspectos de la vida cotidiana, destruye tanto la subjetividad como la configuración familiar.

Abuso infantil
En el abusador lo más frecuente es la negación y la ausencia de culpabilidad. | Pixabay

En la película “La mala verdad”, Bárbara, una niña de 10 años, es abusada por su abuelo, un patriarca dictatorial y violento. La trama se desarrolla en la casa paterna, donde conviven Ernesto, Laura (su hija y madre de Bárbara) y la niña. En ese interior, impenetrable a las miradas ajenas, se repiten rituales perversos: el abuelo manda a buscar agua y Laura envía a su hija para que se la lleve a la habitación: es la excusa para atrapar una vez más a su presa. La nieta a la que llama “su princesita”. Mientras tanto, Laura, su mamá hace correr fuerte el agua de la canilla para tapar los sonidos de la escena incestuosa, atormentada por su propia culpa. ¿Cuál es la salida para esa niña en una situación así?

La familia, que suponemos origen de los afectos más intensos y duraderos, se torna en generadora de amenazas y sufrimiento. La niña, entonces, expresa su verdad a través de los síntomas. Cuando quiere cantar en el coro de la escuela olvida la letra, cuando está dando una lección sobre el cuerpo humano se hace pis encima, su cabeza está en otro lado: son indicios de su sufrimiento. Esta conducta es observada con atención por la maestra, quien la conduce a Sara, una joven psicóloga que la escuchará y tratará de comprender lo que le pasa a través de sus dibujos.  La profesional recoge, uno por uno, los pequeños fragmentos desperdigados y confusos de la historia que Bárbara va dejando entrever, advierte que a la niña le están pasando cosas que la angustian mucho y que sus dificultades se originan en el seno familiar. La intervención terapéutica tendrá una influencia decisiva en la ruptura del orden perverso que mantenía presa a la niña.

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Lamentablemente, esta historia de ficción es un duro ejemplo de un problema real y grave en Argentina y Latinoamérica, donde el abuso sexual infantil (ASI) presenta un fuerte incremento de casos. Según un Informe de UNICEF (2020) basado en datos obtenidos del Programa Las Víctimas Contra las Violencias, sobre un total de 5.043 víctimas de violencia sexual atendidas en el período 2018-2019, la mayor cantidad (59,2%) son niños, niñas y adolescentes (NNyA). Y ese porcentaje  aumentó un 50,4% respecto del período anterior 2017-2018. Si bien aún no existen cifras oficiales del 2020, algunos datos preliminares indican que las medidas socio sanitarias de confinamiento y suspensión de los servicios sociales de protección a la infancia por la pandemia de coronavirus, han incrementado la vulnerabilidad de las personas de estos grupos etarios frente a diversas formas de violencia doméstica.

Es importante destacar que tampoco existe un perfil único de agresor sexual. Aunque las investigaciones psicológicas destacan en general los rasgos de inmadurez psíquica, impulsividad, baja tolerancia a la frustración y baja autoestima en estas personas. Generalmente, quienes cometen actos de abuso sexual pertenecen al género masculino, aunque también existe una porción minoritaria de mujeres agresoras, que se diferencian de los varones porque no emplean la violencia física.

Violencia sexual hacia los niños

El incesto paterno filial, violación del tabú primordial, es el caso que reviste mayor gravedad debido a las consecuencias devastadoras que provoca sobre todos los aspectos de la vida cotidiana, destruye tanto la subjetividad como la configuración familiar. Y es imprescindible considerar que los abusos sexuales contra niños y niñas ocurren, sin distinciones, en todos los niveles socioculturales.

Ante este panorama: ¿Cómo construir un abordaje sanador, una mirada esperanzada hacia el futuro? La luz al final del túnel depende de una intervención profesional temprana, decidida y comprometida, que sepa escuchar la verdad que niños y niñas expresan de una u otra forma en su lenguaje particular, sus miradas, sus gestos, sus silencios.

Pedofilia y perfiles criminales

A los y las profesionales de la psicología, muchas veces nos toca enfrentar el problema cuando hace mucho tiempo que pasó. Cuando, por ejemplo, una mujer (son abusadas en mayor medida que los varones) empieza su psicoterapia  y presenta diversos problemas, como no poder quedar embarazada, dificultades para establecer vínculos estables o bien para formar una pareja. Hablamos de traumas que han sido sepultados, pero cuyas consecuencias siguen marcando el desarrollo a lo largo de toda una vida.

Para abordar esta problemática tan compleja, necesitamos más y mejores profesionales capacitados en la atención del ASI, que conozcan las complejidades, desafíos y responsabilidades que supone el ejercicio profesional en estos casos. Profesionales capaces de reflexionar sobre la ética puesta en juego y sobre la responsabilidad y que atañe a sus decisiones.      

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Es urgente instalar este tema en la sociedad, que deje de ser tabú, para poder trabajar en reducir las cifras alarmantes que estamos observando en los últimos años. Para lograrlo es además imperioso el compromiso de otros sectores de la sociedad, del Estado y de los medios en el tratamiento de las noticias que afectan a menores. Las distintas violencias contra NNyA pueden ser erradicadas, pero para ello la educación y las políticas públicas de prevención de la violencia juegan un rol fundamental.


 

* La Dra. Teresa Veccia dirige la Diplomatura de Diagnóstico, Abordaje Terapéutico y Prevención del Abuso Sexual Infantil en la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Es profesora titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).