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PERIODISMOPURO / ENTREVISTA EXCLUSIVA
lunes 30 septiembre, 2019

Hugo Sigman: "Enfrentar la corrupción requiere efectivamente a la Justicia decidida"

La visión del empresario sobre la corrupción y el rol de los jueces y fiscales.

Entrevista de Jorge Fontevecchia a Hugo Sigman. Foto: © Marcelo Aballay
lunes 30 septiembre, 2019

—¿La corrupción también explica el fracaso argentino?

—En España lo que existe es una Justicia que funciona, que funciona más allá de adherencias ideológicas. Eso lleva a que esté preso ni más ni menos que el yerno del rey. David Rato está preso.

—¿Una Justicia fuerte cumple la función preventiva?

—Una Justicia bastante equilibrada. Enfrentar la corrupción requiere efectivamente a la Justicia decidida.

—¿La corrupción es consecuencia de la falencia de la Justicia?

—En alguna medida. La falta de sanción hace que la gente quede impune y pueda repetir.

—¿No podría ser que el empresario argentino fuera menos ético que el empresario español?

—Un amigo de mi hijo Mariano alquiló un coche en Madrid. Hizo una infracción de tránsito. Lo paró un policía y el chico quiso darle un dinero. Fue el momento más angustiante de su vida: el tipo lo quiso poner preso por intentar corromperlo. Quiero decir: hay una actitud de la sociedad, que inevitablemente es más limpia. No solo de los políticos. Eso se debe a una organización del conjunto y a un sistema de justicia.

—¿Cómo seguiste el caso de los cuadernos? ¿Hubiera sido posible algo así en España?

—Hay que dejar actuar a la Justicia. Coincido sí con alguna gente que sostiene que la prisión preventiva es exagerada. Si no hay riesgo de que se escondan pruebas ni de fuga, resulta exagerado. Si es verdad lo que sostiene la investigación, es algo que hay que sancionar.

—Vos hiciste tu empresa desde el extranjero hacia la Argentina. ¿Hay provincianismo en algunos sectores empresarios argentinos que los hace ser más conservadores?

—Hay muchos empresarios argentinos que están en el extranjero. Vos mismo sos uno de ellos. Arcor, Techint también. Además, hay empresas pequeñas que están en el extranjero. Mercado Libre, Globant. Hoy existe una vocación de internacionalizarse. También sucede en la industria farmacéutica: Bagó, Roemmers, Gador son pequeñas multinacionales. No es una cosa generalizada el provincianismo.

—Quizás hay una idea, una suerte de tierra prometida vinculada a la Argentina, que se desee conservar y mantener protegida. Como una tierra pródiga, en la que había oportunidades, no llegaba la Guerra Fría. ¿Hay una suerte de melancolía en esa Argentina autosuficiente?

—Me dejás pensando. Primero, sigo recordando muchas más empresas argentinas que son internacionales. En el sector agropecuario hay muchas empresas argentinas internacionales y grandes. Hubo muchas empresas argentinas promisorias y que por la inestabilidad argentina terminaron vendiéndose. Normalmente las primeras empresas que salen al exterior son las que tienen mayor estructura o mayor profesionalismo. Si comparo con España, en 1976, cuando me fui, había muy pocas empresas internacionalizadas. Pero hubo una política estatal de ayudar a que algunas empresas se consolidaran y crecieran. Incluso las empresas de servicios. Como los bancos. Pero si ves hoy al BBVA o al Santander, descubrís que son el fruto de fusiones que los hicieron crecer. Hubo una política estatal de ayudar a consolidar medianas y grandes empresas españolas. Hubo una decisión estatal de creer que eso era importante. En segundo lugar hay empresas que son antiguas, que tienen mucha historia, no se han ido vendiendo. En el sector farmacéutico argentino, lo que sucede es que son empresas de, como mínimo, tres generaciones. Hay empresas que son del siglo XIX, como Casasco, por ejemplo. Son compañías que lentamente se expandieron al exterior. La inestabilidad económica en Argentina hizo que algunas empresas se hayan vendido precozmente y no se expandieran internacionalmente. Un fenómeno en la Argentina es que no se les dio tiempo suficiente a las empresas para que maduren y puedan expandirse. Eso en primer lugar. Luego están las empresas. Te cuento un caso, un ejemplo que puede ser interesante. Nosotros, en la Cámara Argentina de Biotecnología, hicimos un pequeño fondo de inversión. Pusimos inicialmente 250 mil dólares cinco empresas, y nos asociamos con un profesional que se dedicó a mapear previamente 300 grupos de investigación en la Argentina en todo el país. Se nos acercó, y le dijimos: “Te ponemos 1.250.000 dólares entre cinco empresas, y elijamos empresas para invertir como un fondo”. Como una suerte de incubadora. Ahora, el fondo tiene como 12 o 15 millones de dólares y hay más empresas. Es interesante la historia de esas empresas. Una muy curiosa se llama Bee Flow. Fue desarrollada por dos investigadores, uno de la Universidad del Comahue y otro de la Universidad de Mar del Plata, que se dedicaron a estudiar las abejas, de qué forma las abejas podían polinizar más de lo que poliniza una tradicional, un cultivo determinado. Se presentaron en Estados Unidos a una aceleradora, Indie Bio, y hoy están instalados allí, trabajando para el principal productor de almendras del mundo. El productor de almendras invirtió tres millones de dólares. Ahora trabajan para alguien que hace frutillas, también. Veo que en este momento de tanto pesimismo se puede transmitir la historia de casos de empresas que dan para ser más optimistas. Mi hijo Leandro preside la Cámara Empresarial Argentina en España. Y tiene un programa con la Secretaría de Pequeña y Mediana Industria, que se llama Plan Acelerar, que selecciona cada año tres empresas que ya tienen una cierta facturación, para ayudarlas a internacionalizarse. Se presentan muchísimas empresas pequeñas en este proyecto, y ya algunas de ellas se internacionalizaron. Hay un fermento en la Argentina de empresas, pequeñas incluso y medianas, que están buscando la internacionalización.

20190926 - Sigman Hugo con Fontevecchia
“GESTIONAR a la manera de Macri y de los Kirchner generó, además de poca delegación, una suerte de deificación de sus jefaturas”. (Foto Marcelo Aballay)

—¿Hay nueva cultura empresaria emergente?

—Una nueva cultura empresaria, que yo extendería al campo político. Hay dirigentes jóvenes de partidos políticos distintos que hablan mucho entre ellos. Tengo la ilusión de que allí hay una renovación. No es una cuestión de caer en el buenismo, lo siento auténticamente así.

—En España la biología pasó a retiro a quienes vivieron la Guerra Civil. ¿Puede ser que algo similar suceda en la Argentina?

—La grieta de España fue tan dura. Se sufrió tanto en la Guerra Civil y en el franquismo, especialmente desde lo económico, que cuando se terminó los españoles dijeron “no queremos más de esto”. Surgió un opus tecnocrático, la necesidad de desarrollar más España. Se pusieron de acuerdo en que no pasara más lo anterior y que España se convierta en un país moderno. Ojalá que este drama que estamos viviendo, con tantos argentinos que la están pasando tan mal, nos sirva para que esta generación jubile la grieta y nos dé una dosis de optimismo. Lo que en este momento son enfrentamientos y encuentros pueden transformarse en políticas comunes. Veo en algunos del sector empresario y emprendedor una visión internacional muy grande. Las economías regionales tienen posibilidad muy grande de exportaciones. Hay que dar condiciones para exportar, premiar a quienes lo hacen en vez de crearles retenciones.

—Vos tenés otra experiencia en Italia, con un desarrollo empresario en los últimos años más bien de decadencia. ¿Hay algún punto de comparación entre la mirada del empresario italiano y la del argentino?

—La cultura dominante argentina decididamente es italiana. Tenemos una planta en Italia, por lo que viajaba una semana por mes. Al principio, me hice más amigos italianos que españoles, con los que tenía más empatía cultural. Pero con los años fui cambiando eso y me adapté. España también cambió. Pero sí: la cultura italiana es una marca muy fuerte para la Argentina.

—Ahí también existe falta de confianza, una suerte de paranoia.

—Así es.

—¿Conociste a Franco Macri?

—No. Lo vi una sola vez en mi vida.

—Franco creó quizás uno de los pocos conglomerados al estilo coreano, con distintas actividades, todas en igual proporción. Los grupos argentinos son fuertes en un área, mientras que los conglomerados coreanos son tan fuertes en finanzas como en industria o en servicios. Cuando asumió Raúl Alfonsín, Corea tenía un producto per cápita inferior al de Argentina. Ahora es el doble. En Chile también hay conglomerado de empresas. Que la empresa de Franco Macri pasara de ser la más grande de la Argentina a insignificarse veinte años después ¿es un espejo de la Argentina?

—Es un espejo. No conocí a Franco Macri, pero tengo una referencia indirecta, porque una persona que trabaja conmigo estuvo en Socma. Para mí Franco Macri siempre fue una persona que, más allá de cómo se lo caracteriza, fue alguien de negocio que siempre me produjo una cierta fascinación. Tenía visiones grandes, fue un gran soñador. Esta persona que trabaja conmigo me contó que en plena crisis argentina, cuando salieron los teléfonos celulares, había unos que parecían unos ladrillos. Cada uno costaba 4 mil dólares. Franco Macri lo vio y dijo: “Hagamos la telefonía celular en la Argentina”. La respuesta fue: “Franco, es una locura. Estamos mal financieramente, el país está mal financieramente”. Franco insistió: “Hagámoslo”. Soñaba en grande.

—Italia tuvo su propio proceso a la corrupción. ¿Los italianos tenían un problema de corrupción mayor que el de los españoles?

—El Mani Pulite regularizó muchísimo la transparencia en Italia, a pesar de que terminó en Silvio Berlusconi. Definitivamente hay puntos en común y similitudes. No hay ranking de corrupción.


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