El 2 de enero de 1981, una patrulla de rutina en la zona de Sheffield no buscaba a un asesino en serie, buscaba a un infractor menor. Sin embargo, ese encuentro fortuito puso fin a una de las cacerías humanas más extensas, costosas y criticadas en la historia de la policía de West Yorkshire. Peter William Sutcliffe, un camionero de apariencia ordinaria, era finalmente desenmascarado como el “Destripador de Yorkshire”, responsable de trece asesinatos brutales.
Su captura no fue el resultado de una deducción de la inteligencia criminal, sino de una irregularidad de tráfico. Los agentes Sgt. Robert Ring y PC Robert Hydes detuvieron un Rover marrón con placas de matrícula falsas en Broomhill.
Al inspeccionar el vehículo, los oficiales notaron que Sutcliffe estaba acompañado por una mujer. Tras permitirle al sospechoso "ir al baño" detrás de un arbusto —un descuido que pudo ser fatal—, Sutcliffe aprovechó para deshacerse de un cuchillo y un martillo. Fue solo al día siguiente, cuando el Sgt. Ring regresó al lugar y encontró las armas, que la verdadera identidad del detenido comenzó a emerger bajo la presión del interrogatorio.

El rastro de sangre (1975-1980)
Durante cinco años, Sutcliffe mantuvo en vilo al norte de Inglaterra. Su modus operandi era de una brutalidad sistemática: atacaba a sus víctimas por la espalda con un martillo y utilizaba cuchillos o destornilladores para mutilarlas.
El balance final de su crueldad fue devastador:
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13 mujeres asesinadas.
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7 intentos de asesinato documentados.
El pánico social transformó las ciudades de Leeds, Bradford y Manchester. Se impusieron toques de queda informales para las mujeres y el eslogan "Reclaim the Night" (Recuperar la noche) se convirtió en un grito de guerra feminista ante la aparente incapacidad policial para proteger a las ciudadanas.
El colapso del sistema de investigación
La gestión del caso Sutcliffe se estudia hoy en las academias de policía como un ejemplo de negligencia y sesgo cognitivo. La policía de West Yorkshire fue desorientada por las famosas "cartas de Wearside Jack", una serie de misivas y una cinta de audio enviadas por un bromista que fingía ser el asesino.
A pesar de que los peritajes lingüísticos indicaban que el acento de la cinta no coincidía con el de los sospechosos locales, el Detective Superintendente George Oldfield se obsesionó con esa pista falsa, permitiendo que Sutcliffe —quien fue interrogado hasta en nueve ocasiones durante la investigación— siguiera libre.
El legado de un juicio histórico
En mayo de 1981, Sutcliffe fue condenado a cadena perpetua. Durante el juicio, intentó alegar "responsabilidad disminuida" afirmando que escuchaba "voces de Dios" que le ordenaban limpiar las calles. Sin embargo, el jurado rechazó la teoría de la esquizofrenia paranoide, considerándolo un depredador consciente de sus actos.
A 45 años de aquel arresto en Sheffield, la figura de Sutcliffe (quien falleció en prisión en 2020) sigue siendo un recordatorio sombrío de las fallas. Su captura obligó a una reforma total en la gestión de datos criminales en el Reino Unido, dando paso a sistemas informatizados que hoy impiden que un asesino sea "olvidado" tras nueve interrogatorios.