POLICIA
conmocion en cordoba

Crucificado: “Lo que me hicieron no tiene moral”

Víctor Robledo es un ladrón que apareció atado a una cruz y con un cartel que decía: “No robarás”. Acusó a los policías que lo habían detenido. Descabezaron a la cúpula.

Cruz. Robledo fue rescatado en la madrugada del jueves pasado. Estuvo media hora atado y sufrió un cuadro de hipotermia. Cuando lo rescataron, acusó a los policías de la comisaría de La Frontera (izq.
| La voz de San Justo

Víctor Robledo tiene miedo. Se lo dijo a la fiscal que investiga el caso que despertó una conmoción en la provincia de Córdoba. Y lo reafirmó segundos después, cuando salió de los tribunales de San Francisco. “Lo que me hicieron no tiene moral”, soltó el joven de 27 años, con antecedentes delictivos y una fama que divide hasta a sus familiares más cercanos.

Robledo es el joven que fue crucificado en la avenida 25 de Mayo y Sabattini, vendado como si se tratara de una momia y con un cartel que recordaba uno de los diez mandamientos de la Iglesia Católica: “No robarás”.

La foto que ilustra esta página se multiplicó en cuestión de segundos e instaló nuevamente el debate sobre los linchamientos, aunque el caso en cuestión plantea muchos interrogantes.

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Robledo acusó a los policías de la comisaría de Frontera (Santa Fe), donde estuvo detenido entre la mañana del miércoles y la madrugada del jueves, cuando un vecino lo encontró crucificado y enseguida llamó a la Policía.

“Me sacaron de la celda, me encintaron todo y me dejaron en el lugar donde después me encontraron”, recordó Robledo, en una entrevista con el programa La Voz de San Justo.

El joven aseguró que estuvo todo el día encerrado y que no hizo nada. “Me llevan de mi casa a las 7 de la mañana, cuando estaba por ir a trabajar. Parece que alguien dijo que había forcejeado conmigo, cuando yo en realidad estaba durmiendo en casa con mi mujer”, se defendió él.

La versión de la policía santafesina es muy distinta: ellos lo acusan de haberle arrojado un ladrillo a un conductor de un Peugeot 504 que había estacionado y obstruido un garaje.

De su historial delictivo también habló su tío. No lo ayudó demasiado. Contó que estuvo “varias veces preso” y que “le gusta robar más que trabajar”.

“En el barrio no tenemos problemas porque todos saben que él es el único que anda en cosas raras”, dijo a PERFIL. “No me sorprende lo que le sucedió porque, porque por lo que hace, le pueden pasar cosas peores”, siguió.

Robledo estimó que estuvo media hora encintado y agradeció a los policías de San Francisco que lo desataron, pero cargó sus sospechas contra los efectivos de la comisaría de La Frontera, la localidad santafesina que linda con la cordobesa.

“Tengo miedo de hablar porque no hay seguridad. También tengo miedo de que a mi familia le pueda pasar algo el día de mañana. Nadie me da garantías. No sé si podría reconocerlos”, dijo sobre los agresores.

La acusación de Robledo motivó una investigación interna, que derivó en la intervención de la seccional cuestionada. El jefe de la Unidad Regional V resolvió desafectar de sus funciones al personal policial de esa seccional, acusada por Robledo por apremios ilegales. No obstante, la fiscal Leonor Failla planteó algunas dudas sobre la versión del crucificado.“Robledo cuenta que cuatro o cinco policías de Santa Fe lo habían golpeado ferozmente, lo encintaron, lo adhirieron a un trozo de madera y le colocaron un cartel en el pecho que dice no robarás”, agregó.

Según ella, la víctima “acusa de forma directa a la Policía de Santa Fe y dice que lo trasladan en un vehículo al lugar donde lo dejan” crucificado.
Sin embargo, la funcionaria judicial destacó que los médicos del hospital que asistieron al joven le dijeron que “no reviste ningún tipo de lesión, por lo que hay contradicción entre los dichos de la víctima y los datos objetivos. Solito no lo hizo, otra persona debió ayudarlo si fue él quien quiso hacerlo. Si no, fueron varias personas”.

Otros casos de alto impacto

La imagen que muestra el padecimiento del joven ladrón no tiene antecedentes en el país, aunque es el reflejo de una sociedad cada vez más violenta que parece haber perdido los límites y que empieza a emparentarse con las ciudades más pesadas de Latinoamérica.

La foto en cuestión podría compararse con una imagen que también provocó un enorme revuelo en Brasil: la de un menor que fue encadenado a un poste, golpeado y desnudado por un grupo de “justicieros” que lo acusaron de robar en la zona sur de Río de Janeiro. El caso ocurrió en febrero pasado y el chico fue liberado por los bomberos. A los pocos días fue detenido por la Policía, que lo acusó por un robo.

La violencia contra los que deliquen también llegó a límites impensados en Bolivia, donde suelen verse muñecos colgados que advierten lo que le puede llegar a pasar al que se atreva a robar.

En el Alto, un suburbio de La Paz dominado por los narcos, un curioso cartel eriza la piel de cualquier visitante: “Ladrón que sea sorprendido será linchado y quemado vivo”.