POLICIA
es colombiano, fue deportado en 2023 y volvió al país

El narco que se escondía en un piso 15 frente al río: “Con plata y encerrado”

Víctor Sleyner Acevedo Figueroa, colombiano de 33 años con antecedentes por narcotráfico y expulsado del país en 2023, volvió a instalarse clandestinamente en Rosario y fue detenido a fines de febrero. Vivía en un edificio de la avenida Belgrano, rodeado de dinero, drogas y armas, pero prácticamente recluido por temor a ser capturado. Las escuchas, el llamado a un delivery que le jugó en contra y sus contactos con los presos de la cárcel de Piñero.

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El “nene”. Además de manejar droga en la ciudad, Víctor está acusado por su relación en una serie de balaceras registradas en las últimas semanas. | cedoc

El departamento que ocupaba está ubicado en el piso 15 de un edificio frente al río, una zona céntrica y acomodada de Rosario. Desde allí, a pocas cuadras del Monumento a la Bandera, Víctor Sleyner Acevedo Figueroa pasó gran parte de sus últimos días en la clandestinidad, casi sin salir. Tenía dinero, droga y contactos en el mundo criminal, pero también un problema: sabía que la Policía lo estaba buscando.

“Yo con plata, encerrado en una maldita casa”, se quejó en una conversación telefónica interceptada por los investigadores, y que fue reproducida en una audiencia judicial.

Víctor, conocido también por los apodos de “Colombianito” o “Nene”, tiene 33 años, es de nacionalidad colombiana y arrastra un historial ligado al narcotráfico en Rosario. A fines de febrero fue detenido tras una investigación que incluyó seguimientos, escuchas telefónicas y allanamientos en distintos puntos de la ciudad.

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Su captura puso fin a una etapa de clandestinidad que había comenzado después de su expulsión del país. En 2023 había sido deportado tras cumplir una condena por narcotráfico y portación de armas, pero logró regresar de forma ilegal y volver a instalarse en la ciudad santafesina.

Desde entonces, según los investigadores, retomó sus actividades dentro del circuito de comercialización de drogas.

Cuando fue detenido, los agentes secuestraron más de un kilo de cocaína, además de otras drogas, armas de fuego, municiones y elementos utilizados para el fraccionamiento de estupefacientes.

Parte de ese material fue hallado en una vivienda ubicada en la calle Oliden al 4200, donde los investigadores incautaron un paquete de cocaína de más de un kilo con el sello de la marca Rolex, además de balanzas de precisión, dos pistolas y cientos de municiones.

En el departamento del macrocentro rosarino donde residía, los agentes encontraron también marihuana, éxtasis, ketamina y pequeñas cantidades de cocaína, además de semillas de cannabis.

Para la fiscalía, la cantidad y variedad de sustancias, junto con los elementos de corte y fraccionamiento, indican que el material estaba destinado a la venta.

Pero el nombre del “Colombianito” no apareció solamente en investigaciones vinculadas al narcotráfico.

El Ministerio Público de la Acusación (MPA) de Santa Fe también lo señala como presunto instigador de una serie de ataques armados ocurridos en Rosario. Uno de ellos fue la balacera registrada en el estacionamiento de un supermercado Carrefour, en la esquina de Chacabuco y Ocampo, que dejó a un docente herido de un disparo en el tórax.

Según la fiscal Paula Barros, el ataque habría sido planificado “al voleo” para generar conmoción pública.

Los investigadores lo vinculan además con otras dos balaceras intimidatorias: una en Zelaya al 1300, donde fue atacada una camioneta estacionada, y otra contra un supermercado chino en Felipe Moré y Lejarza.

En los tres episodios aparecieron mensajes dirigidos a dos reclusos alojados en la cárcel de Piñero: Federico García y Claudio Nahuel Canavo, condenado en 2018 por balaceras contra domicilios de jueces y edificios judiciales.

Las escuchas telefónicas incorporadas al expediente mostraron también el clima de paranoia en el que vivía el sospechoso mientras permanecía oculto en Rosario.

“Así que me estaba buscando la PDI… no me importa”, dijo en una de las conversaciones. En otra dejó en claro su aislamiento: “No salgo de mi casa... no puedo confiar en nadie. No puedo confiar en amigos”.

El seguimiento de sus movimientos permitió confirmar que ingresaba y salía del edificio principalmente por la noche, en maniobras que para los investigadores resultaban compatibles con la venta y distribución de droga.

Sin embargo, el dato clave para ubicarlo llegó por un detalle cotidiano: una llamada telefónica para pedir comida.

La línea intervenida permitió detectar que el sospechoso se había comunicado con un servicio de delivery, lo que ayudó a establecer con precisión el departamento donde se escondía.

Cuando los agentes llegaron para detenerlo, el colombiano intentó deshacerse de tres teléfonos celulares arrojándolos por una ventana, aunque fueron recuperados por los efectivos.

La ruta de las “mulas”

L.N.

El caso del “Colombianito” no es el único expediente reciente que expone cómo operan redes criminales con ramificaciones internacionales vinculadas al narcotráfico. En paralelo, la Justicia argentina logró la extradición de un ciudadano dominicano acusado de reclutar “mulas” para transportar cocaína hacia Europa.

El sospechoso, de 40 años, está señalado como parte de una organización dedicada a captar personas en Sudamérica para trasladar cápsulas de droga ingeridas en el cuerpo durante vuelos internacionales. Según la investigación, los viajes partían principalmente desde Brasil y tenían como destino distintos países europeos.

Para los investigadores, el imputado cumplía un rol clave dentro de la estructura criminal: coordinaba los traslados, brindaba apoyo logístico y económico a quienes transportaban la droga y organizaba los viajes vinculados al tráfico de estupefacientes.

El sospechoso fue apresado en Suiza en 2025 y, tras el pedido formal de extradición, una comisión de la Policía Federal viajó hasta Zurich para trasladarlo bajo custodia a la Argentina, donde quedó a disposición de la Justicia.