Una carta firmada por Irina Makarova, madre de Elena, la joven rusa que la fiscalía de Bariloche considera víctima en la causa que investiga a Konstantin Rudnev –el ciudadano ruso acusado por trata de personas– plantea una versión completamente distinta de los hechos.
La fiscalía plantea que esta mujer fue trasladada y alojada en el sur del país por la secta de Rudnev -que permanece detenido desde marzo del año pasado- con fines de explotación sexual y reducción a la servidumbre.
La carta, incorporada al expediente judicial y al que tuvo acceso PERFIL, reconstruye la historia familiar de Elena Makarova y el contexto que la llevó a viajar a la Argentina embarazada. Según su madre, la decisión no fue producto de una captación ni de una red de explotación, sino un intento desesperado por escapar de una relación marcada por la violencia en Rusia.
“Pedí ayuda para sacar a mi hija de un ambiente de agresión y miedo”, escribió Irina al explicar cómo comenzó la historia.
La mujer relata que la familia vivía en Solikamsk, en Rusia. A los 16 años, su hija se mudó a Perm para estudiar, donde comenzó una relación con un joven llamado Iván. Según la carta, el vínculo estuvo atravesado por episodios de violencia, amenazas y consumo de alcohol.
En julio de 2024 la joven quedó embarazada. Lejos de aliviar la situación, el conflicto se agravó. La madre sostiene que el joven insistía en que abortara y que su hija atravesaba un delicado estado de salud y un fuerte cuadro depresivo.
Fue entonces cuando decidió enviarla al extranjero con la ayuda de una amiga que planeaba viajar a la Argentina. Para Irina, ese destino representaba una posibilidad de empezar de nuevo.
Desde Bariloche, cuenta, su hija comenzó a mostrar signos de recuperación. Hablaban con frecuencia y la joven le enviaba fotos de montañas y bosques. “Sonaba feliz, como era antes”, recuerda.
El punto de quiebre llegó con el nacimiento del bebé. Según la carta, tras el parto intervinieron autoridades policiales y la comunicación entre ambas se volvió intermitente.
En uno de los llamados, la joven le dijo que estaba en Buenos Aires, en un refugio del que no conocía la dirección. En medio de la angustia abrió Google Maps y comenzó a describir lo que veía para intentar ubicar el lugar.
“Me pidió que la rescatara”, recuerda su madre.
La comunicación volvió a cortarse. Cuando finalmente pudo hablar con ella, afirma que su hija lloraba y le contó que había sido castigada por intentar contactarla. Desesperada, Irina comenzó a contactar abogados y conocidos hasta que, según asegura, logró organizar el regreso de la joven y del bebé a Rusia.
La carta concluye con una acusación directa hacia la intervención de las autoridades. “Lo que le hicieron a mi hija Elena y a mi nieto Miroslav es imperdonable”, escribió.