Daío Sarasola tenía 58 años y una fortuna en campos y hacienda heredados de su tío, el estanciero Rufino Otero. Su novelesca lucha de más de 20 años por aferrarse a los bienes que pusieron a su nombre, terminó hoy en una sala de hospital con la partida a favor de la enfermedad terminal que lo aquejaba.
Nadie puede jurar que Sarasola descansará en paz. Como protagonista de una historia escrita con la pluma de un policial negro, el heredero deberá seguir esperando que la Justicia decida si los bienes continúan su legado natural o si pasan a manos de quién reclama ser la natural beneficiaria de ellos. Hasta entonces, no habrá final.
La historia que hoy vuelve a conmocionar a la provincia de La Pampa por su giro inesperado, comenzó en 1983 tras la muerte de Otero, un hacendado multimillonario que heredó toda su fortuna su esposa, Elisa Arenaz. Siete años después, el tesoro familiar quedó en manos del Sarasola, heredado por su tía.
Apenas disfrutaba de los 30 millones de dólares —que incluía 50 mil hectáreas de campo en la zona de Valle Argentino y de Valle Daza en La Pampa; unos 13 inmuebles, dos aviones y unas cinco mil cabezas de ganado— cuando Eva Paole inició una demanda por filiación: decía que Otero era su padre y que las tierras y las vacas le pertenecían a ella.
Eva aduce que su madre, una mujer de origen humilde que había trabajado como empleada doméstica de los Otero, quedó embarazada tras una relación clandestina con el hacendado y para despejar dudas pidió un estudio de ADN con muestras que debían extraerle al cadáver de Otero.
En 1999, el juez en lo Penal de General Acha Manuel Álvarez hizo lugar al pedido de Paole y ordenó la exhumación del cadáver. Pero el cuerpo que encontró en la tumba no era el del estanciero. En su lugar, halló a un muerto que todavía tenía las cicatrices de una autopsia, un procedimiento al que no había sido sometido Otero, fallecido en forma natural.
El cuerpo del tío. Paole denunció a Sarasola por la desaparición del cuerpo de su supuesto padre con el fin de evitar el estudio que determinaría los lazos sanguíneos que la unían a Otero.
El juez ordenó entonces la inhibición de los bienes del heredero, pero la medida fue levantada en febrero de 2001, luego de que la filiación de Paole no pudiera establecerse con certeza a pesar de la exhumaron los cadáveres de los padres de Rufino: Ramón Otero y Justina Portas.
Pero Eva no se rinde, y mientras exige nuevos estudios de ADN para que su verdadera identidad salga a la luz y los bienes en danza pasen a quien corresponda. Con Sarasola muerte, ahora tendrá que vérselas con la viuda Graciela Cabantoux y sus hijos, Agustina de 23 y Hernán de 17. Los nuevos protagonistas de esta historia.
Fuente: Télam
Heredero millonario murió en pleno litigio judicial
Darío Sarasola falleció en Buenos Aires. Era el protagonista de una batalla judicial por la herencia de su tío, el estanciero Rufino Otero, que a su vez reclama la supuesta hija natural del estanciero. Y hay más.